En el primer aniversario de su mandato, Friedrich Merz aprovechó una entrevista en la cadena pública ARD para responder a la crisis diplomática con Washington. Reiteró sus críticas a la gestión estadounidense del conflicto con Irán, negó que la retirada de más de 5.000 soldados de Alemania sea una represalia por su choque con Donald Trump y reclamó que Estados Unidos consulte a los socios europeos antes de tomar decisiones militares que afecten a la alianza.
La disputa comenzó después de que Merz criticara la falta de una estrategia de salida coherente de Estados Unidos en Irán y afirmara que Teherán había “humillado a toda una nación” en las negociaciones. Trump le respondió acusándole de desconocer la situación y de no apoyar a Estados Unidos, y amenazó con retirar tropas de Alemania. Posteriormente, el Pentágono ordenó la salida de aproximadamente 5.000 efectivos en un plazo de seis a doce meses, y Trump sugirió que la reducción podría ser mayor.
Merz restó importancia al anuncio y explicó que los efectivos en cuestión eran unidades temporales desplegadas por el Gobierno de Biden tras la invasión rusa de Ucrania, cuya retirada se había discutido anteriormente. Al ser preguntado sobre si sus críticas a Irán habían provocado la decisión estadounidense, respondió de forma categórica que no había relación entre ambos hechos.
El conflicto con Irán, iniciado el 28 de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel sin consulta previa a los aliados de la OTAN, ha tensado las relaciones transatlánticas. Merz apoyó inicialmente la intervención, pero endureció su postura al prolongarse el conflicto sin una salida diplomática clara. El cierre de facto del estrecho de Ormuz y el aumento del precio del combustible han incrementado la presión sobre las diplomacias europeas.
En la entrevista, Merz reprodujo el mensaje que asegura haber transmitido a Trump: si quiere la ayuda de sus aliados en un conflicto de esa envergadura, debe consultarlos antes. La queja subraya que Washington no pidió la opinión de sus socios antes de iniciar las operaciones contra Teherán. Trump también llegó a amenazar con retirar tropas de España e Italia por motivos similares.
Merz confirmó asimismo que el despliegue en territorio alemán de misiles de crucero Tomahawk, acordado en 2024 entre Biden y el entonces canciller Olaf Scholz, no se llevará a cabo por ahora porque, según dijo, los estadounidenses no disponen de suficientes unidades para sí mismos; no obstante, no descartó reactivar el plan en el futuro. Pese al intercambio áspero, subrayó que Alemania no renunciará a la relación con Estados Unidos, que sigue siendo para Berlín “el socio más importante” dentro de la OTAN.
La posición de Merz busca mantener una crítica coherente sin romper el vínculo transatlántico, un equilibrio cada vez más complicado cuando la Casa Blanca emplea la presencia militar como instrumento de presión política. Alemania acoge a más de 35.000 efectivos estadounidenses en instalaciones como la base aérea de Ramstein, el cuartel general de Wiesbaden y los campos de Grafenwöhr y Hohenfels. El Gobierno de Merz ha comprometido dedicar al gasto en defensa el 3,1% del PIB para 2027, una cifra previamente elogiada por Washington antes de que el conflicto con Irán alterara las circunstancias.

