Mauricio Macri tomó una decisión política reservada y de alto impacto: difundió personalmente un manifiesto crítico contra el gobierno de Javier Milei sin consultar antes a gobernadores, referentes parlamentarios ni a la mesa ejecutiva del PRO.
La reconstrucción del proceso revela un manejo hermético. Una alta fuente del PRO resumió: “Es Mauricio 100%” y señaló que no habló con Jorge Macri, Rogelio Frigerio, Cristian Ritondo, Guillermo Montenegro ni con la mesa ejecutiva.
El manifiesto “Próximo Paso” se difundió el domingo por la tarde en las redes oficiales del PRO y fue interpretado rápidamente como un endurecimiento de la posición de Macri frente al gobierno, con cuestionamientos al funcionamiento interno del oficialismo y una distancia respecto del estilo libertario.
El texto afirmó: “Apoyar el cambio no es aplaudir lo que está mal”.
Además incluyó una frase leída como dirigida a la Casa Rosada: “El cambio tiene dos enemigos: el populismo de siempre (…) y los que frenan el cambio desde adentro, con soberbia, con arrogancia o pidiendo sacrificios que no están dispuestos a hacer”.
La decisión de Macri se produjo en un momento sensible para el oficialismo, marcado por las repercusiones políticas del caso Manuel Adorni y por discusiones internas del PRO sobre el vínculo con Milei.
En su entorno consideran que el gobierno empieza a enfrentar costos políticos por el ejercicio del poder y que ciertas conductas internas generan incomodidad incluso entre quienes respaldan la gestión económica oficial.
Además existió un fuerte malestar tras la cena de la Fundación Libertad realizada semanas antes, cuando Milei intensificó críticas a la gestión económica del PRO entre 2015 y 2019 y mostró indicadores negativos de aquella administración.
La escena fue negativa para el entorno de Macri también porque Milei no lo saludó ni lo mencionó durante un discurso que duró más de una hora, pese a que Macri había estado en el escenario en una charla previa.
En esa misma cena, Patricia Bullrich se acercó a saludar a Macri frente a fotógrafos y periodistas; el breve gesto se registró públicamente y fue interpretado como otro signo de tensión entre el entorno del ex presidente y la ministra de Seguridad.
Ese episodio funcionó como antecedente del clima político que rodeó la difusión del manifiesto y las señales posteriores desde el círculo íntimo de Macri.
La difusión del documento también estuvo alineada con otra señal política surgida horas antes dentro del entorno de Macri.
Fernando De Andreis —hoy principal operador político de Macri— criticó duramente a Patricia Bullrich y reclamó públicamente que Manuel Adorni diera explicaciones rápidas sobre su patrimonio, advirtiendo que cualquier demora dañaría la imagen del gobierno y de Milei.
Aunque las declaraciones de De Andreis fueron previas a la publicación del manifiesto, en el PRO ambas acciones se interpretaron como parte de una misma decisión política impulsada desde el círculo cercano a Macri.
Las críticas de De Andreis a Bullrich recalcaron, además, el malestar existente por el avance libertario sobre dirigentes y estructuras del PRO.
Durante meses buena parte del partido evitó confrontar con Milei para no debilitar el respaldo social al programa económico, pero en las últimas semanas creció la preocupación de que el PRO pueda diluirse políticamente dentro de La Libertad Avanza.
El manifiesto “Próximo Paso” apareció en ese contexto de inquietud y debate interno.
El documento recuperó elementos históricos de la identidad del PRO vinculados a la gestión pública, la administración y la obra pública, afirmando que “el próximo paso son más rutas, más hospitales, mejor educación”.
La definición buscó reinstalar una agenda asociada a resultados concretos de gestión, en contraposición a la lógica de confrontación permanente del discurso libertario.
Al mismo tiempo, el manifiesto criticó las formas políticas del oficialismo; el reproche a la “soberbia” y a la “arrogancia” reflejó el malestar dentro del entorno de Macri frente a ciertas dinámicas internas de La Libertad Avanza.
La sorpresa que generó el documento se evidenció públicamente en las declaraciones de Jorge Macri horas después.
El jefe de Gobierno porteño dijo en TN que desconocía la existencia del manifiesto hasta minutos antes de entrar al estudio: “No sabía. Me enteré viniendo para acá”.
Jorge Macri explicó que nadie le había enviado el documento y que lo leyó recién en el celular camino al canal, lo que confirmó el nivel de reserva con que se manejó la iniciativa.
No obstante, evitó confrontar con el contenido y validó buena parte del diagnóstico planteado por el texto.
“Creo que expresa lo que algunos argentinos sienten”, afirmó.
Al mismo tiempo señaló diferencias sobre el momento elegido para lanzar la crítica: “Después podremos discutir si era oportuno o no sacar un comunicado de ese tipo”.
Esa frase fue interpretada en el PRO como una señal de cautela frente a la posibilidad de profundizar prematuramente el enfrentamiento con Milei.
Jorge Macri comparte inquietudes del partido sobre la relación con La Libertad Avanza, pero considera que una ruptura abierta podría afectar al electorado que aún acompaña el rumbo económico del gobierno.
Por eso, en la entrevista intentó sostener una posición intermedia: marcar identidad propia sin romper con la Casa Rosada.
“No somos parte de La Libertad Avanza”, afirmó.
Cuando le preguntaron si ambos espacios competirán juntos en las próximas elecciones respondió: “No lo sé. Falta un montón”.
La respuesta reflejó la ambigüedad que atraviesa el vínculo entre el PRO y el oficialismo: una parte del partido respalda aspectos del programa económico de Milei, mientras que alrededor de Macri se discute hasta qué punto acompañar sin perder identidad política.
En ese contexto, la decisión de Macri de impulsar el manifiesto sin abrir un debate partidario previo fue interpretada como una señal dirigida tanto al interior del PRO como al exterior.
No constituyó una ruptura formal con Milei ni un pase a la oposición dura.
Sí fue una intervención política deliberada de Mauricio Macri, ejecutada desde su círculo más cercano y diseñada para empezar a marcar diferencias con el gobierno en un momento en que la Casa Rosada enfrenta sus primeras tensiones políticas relevantes desde la consolidación de la estabilidad económica.

