Alemania se prepara para debatir una de las reformas laborales más relevantes de las últimas décadas: el gobierno propone sustituir el histórico límite de ocho horas diarias por un esquema basado en el cómputo de horas a la semana.
La iniciativa, que se prevé lleve al Bundestag en junio de 2026, busca dar mayor flexibilidad en la organización de la jornada y permitir semanas laborales con una distribución de horas más variable.
En los términos oficiales, la propuesta no pretende aumentar el total de horas trabajadas, sino permitir que cada trabajador las distribuya de forma diferente según sus necesidades o las de la empresa. En la práctica, ello podría traducirse en días más largos compensados con jornadas más cortas o con días libres posteriores.
Hoy la legislación alemana establece que la jornada regular no puede superar las ocho horas diarias; solo en circunstancias excepcionales se admite llegar a diez horas, siempre que el promedio semestral respete las ocho horas diarias. Además, el máximo semanal —incluyendo horas extraordinarias— es de 48 horas.
Con la reforma, el control dejaría de centrarse en el cómputo diario y se orientaría al total semanal. Mientras no se excedan las 48 horas por semana, las empresas tendrían más margen para reorganizar turnos. El gobierno sostiene que esto facilitaría la conciliación familiar y la adaptación a las demandas fluctuantes de ciertos sectores.
El proyecto también prevé revisar otras protecciones laborales como el descanso mínimo de once horas entre jornadas y las pausas obligatorias tras determinadas horas de trabajo continuo. Ese conjunto de salvaguardias forma parte de los aspectos que podrían ajustarse en el nuevo marco.
El impulso político para avanzar con la reforma surgió tras un fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 2019, que exige a los Estados miembros garantizar un registro fiable de las horas trabajadas. Alemania aún no dispone de un sistema generalizado de control horario, por lo que el gobierno plantea combinar la flexibilización con un registro electrónico obligatorio para prevenir abusos.
La ministra de Trabajo, la socialdemócrata Bärbel Bas, afirma que el control digital de la jornada será esencial para evitar situaciones de explotación, especialmente en sectores más precarios como logística, reparto y paquetería.
La propuesta ha recibido fuerte rechazo sindical. La Confederación Sindical Alemana (DGB) alertó de que suprimir el límite diario podría dejar a muchos trabajadores expuestos a jornadas excesivas, sobre todo en empresas sin convenios colectivos sólidos o sin representación sindical. Para los sindicatos, la preocupación no es solo el total semanal, sino también la duración continuada del trabajo en un mismo día.
La presidenta de la DGB, Yasmin Fahimi, criticó públicamente el proyecto y defendió la jornada de ocho horas como una conquista histórica vinculada a la salud y la protección social.
Además, expertos en derecho laboral han advertido sobre los riesgos de una flexibilización excesiva. Estudios de la Fundación Hans Böckler indican que, bajo los márgenes más amplios permitidos por la normativa europea, podrían generarse escenarios teóricos de hasta 73,5 horas semanales si no existe un límite diario claro.

