Arrancar el lunes repitiendo la alarma puede parecer inofensivo, pero ese hábito contribuye a despertar con poca energía. Volver a dormirse tras apagar la alarma y repetir el ciclo fragmenta la transición entre sueño y vigilia, lo que incrementa la inercia del sueño: sensación de aturdimiento, lentitud mental y cansancio justo después de despertarse.
Ese efecto suele agravarse los lunes porque muchas personas cambian sus horarios el fin de semana (acostarse más tarde o dormir hasta más tarde). Ese desajuste del reloj biológico hace que el cuerpo deba readaptarse bruscamente a un horario más temprano, y aunque se hayan dormido suficientes horas la noche anterior, la irregularidad provoca sensación de fatiga.
Recomendaciones prácticas
– Dormir al menos siete horas por noche, pero también mantener horarios regulares entre semana y fin de semana.
– Evitar posponer la alarma: levantarse con el primer aviso facilita la salida de la inercia del sueño.
– Exponerse a luz natural al despertar y mantener una rutina matinal consistente (desayuno, movimiento ligero) ayuda a señalizar al cuerpo que el día ha comenzado.
– Reducir las variaciones importantes en los horarios del fin de semana para minimizar el “jet lag social”.
Señales de que el lunes estás comenzando mal
– Despertarte varias veces antes de levantarte definitivamente.
– Sentir la cabeza pesada en la mañana.
– Necesitar mucho café para funcionar.
– Dificultad para concentrarte en tareas simples.
– Dormir mucho más tarde el domingo que el resto de la semana.
– Empezar el lunes apurado, sin tiempo para desayunar o moverte con calma.
En resumen: más que solo aumentar las horas de sueño, conviene regular los horarios y evitar el hábito del “cinco minutos más”. Levantarse con la primera alarma y mantener una rutina constante ayuda a reducir la inercia del sueño y a empezar la semana con más energía.

