18 de mayo de 2026
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Por qué aumentaron las alergias e intolerancias alimentarias en los últimos años

Las alergias alimentarias han aumentado de forma notable en las últimas décadas, especialmente entre los niños, según explicó el profesor Adam Fox, especialista en alergia pediátrica de King’s College London, en el ZOE podcast. Lo que antes era poco frecuente hoy figura entre las prioridades de salud pública.

Este incremento se vincula a una mezcla de factores: predisposición genética, cambios en el microbioma intestinal y modificaciones en los hábitos de vida. Estudios muestran diferencias claras en la flora intestinal entre personas alérgicas y no alérgicas, lo que sugiere un papel importante del microbioma en la aparición de estas reacciones.

Los tratamientos de desensibilización inmunológica han abierto nuevas posibilidades terapéuticas, alterando el pronóstico y la forma de manejar las alergias alimentarias.

La alergia alimentaria en niños y el auge del maní

Respecto a la alergia al maní, Fox indicó que afecta aproximadamente a uno de cada 50 niños en el Reino Unido (alrededor del 2%). Sin embargo, la mayoría de las reacciones se concentran en unos pocos alimentos: leche, huevo, frutos secos de árbol, trigo y sésamo.

El maní destaca por su mayor capacidad para provocar anafilaxia grave y por la frecuencia con que la alergia persiste en la edad adulta, a diferencia de la leche o el huevo, que con frecuencia se superan con el tiempo.

Fox señaló que la leche es la causa más frecuente de anafilaxia mortal en niños pequeños y afirmó que el entorno y los hábitos dietarios familiares influyen en los patrones regionales de alergenicidad. Por ejemplo, en India son más habituales reacciones a garbanzos y lentejas; entre familias asiáticas en Reino Unido, al anacardo o pistacho; y en Oriente Medio, al sésamo, en relación con el consumo de hummus.

La exposición temprana a determinados alimentos en el hogar es determinante. No solemos desarrollar alergia a lo que nunca probamos, sino a lo que está presente en nuestro entorno familiar. Los bebés con eccema que entran en contacto cutáneo con proteínas alimentarias, especialmente en hogares donde se consumen con frecuencia maní o hummus, tienen un mayor riesgo de desarrollar respuestas inmunitarias inapropiadas.

Fox explicó que muchas alergias alimentarias infantiles se originan en niños con eccema: cuanto más temprano y severo es el eccema, mayor es la probabilidad de desarrollar alergia a alimentos, señaló en la conversación con el conductor Jonathan Wolf.

El papel del microbioma y factores de riesgo en las alergias

El especialista destacó el papel clave del microbioma en el origen de las alergias. De forma constante, se observan diferencias en la composición bacteriana intestinal entre personas alérgicas y no alérgicas; disponer de una microbiota adecuada ayuda a establecer una relación equilibrada con el entorno.

La llamada “hipótesis de la higiene” —que atribuye el aumento de alergias a ambientes excesivamente limpios— no explica por sí sola el fenómeno. El riesgo surge de la interacción entre múltiples factores: genética, presencia de eccema, dieta materna y diversidad del microbioma, entre otros.

Investigaciones indican que una mayor diversidad microbiana se asocia con menor probabilidad de desarrollar alergias, aunque aún no está totalmente claro si los cambios en las bacterias son causa o consecuencia del proceso alérgico.

En estudios con animales, ratones criados en condiciones estériles desarrollaban reacciones alérgicas a diversos alimentos, mientras que la reintroducción de ciertas bacterias favorecía la tolerancia inmunológica.

La dieta materna durante el embarazo y la variedad de alimentos introducidos en la infancia también influyen: mujeres con dietas más variadas y niños que prueban más alimentos tienden a presentar menos alergias.

Alergia vs. intolerancia: diferencias clave

Fox subrayó que distinguir entre alergia alimentaria e intolerancia es esencial: la alergia implica una respuesta del sistema inmunitario; la intolerancia, no.

Un ejemplo claro es la intolerancia a la lactosa, debida a la falta de la enzima lactasa. En este caso, el azúcar de la leche no se descompone, provocando gases, hinchazón y malestar, pero no comporta riesgo de vida. La capacidad para digerir lactosa suele disminuir con la edad, lo que explica variaciones dietarias entre regiones.

En cuanto al gluten, existen personas con alergia al trigo o al gluten, la enfermedad celíaca es una patología autoinmune distinta, y también hay personas con hipersensibilidad no celíaca al gluten que presentan síntomas sin una alteración inmune claramente definida.

La gravedad marca una diferencia crucial: las intolerancias rara vez son peligrosas, mientras que las alergias pueden ser potencialmente mortales; la anafilaxia es una emergencia médica que requiere adrenalina inmediata.

Fox añadió que muchas personas etiquetadas como alérgicas a la penicilina no lo son en realidad; apenas alrededor del 10% de quienes reciben esa etiqueta tienen evidencia clínica de una alergia verdadera.

Nuevos tratamientos de desensibilización inmunológica

La aparición de la desensibilización inmunológica ha transformado el tratamiento de las alergias. Hoy no solo se diagnostican con mayor precisión, sino que existen terapias que modifican la tolerancia al alimento.

La desensibilización consiste en administrar dosis crecientes del alérgeno para “entrenar” al sistema inmunitario y promover tolerancia. Funciona especialmente bien en niños, cuyo sistema inmunológico es más adaptable; en algunos casos, pueden dejar de reaccionar a trazas mínimas y tolerar el alimento con seguridad.

La inmunoterapia sublingual, que coloca pequeñas cantidades del alérgeno bajo la lengua, es otra opción. En adultos los resultados suelen ser menos contundentes que en niños, pero lograr cierta tolerancia ya representa una mejora significativa en la calidad de vida.

En países como Alemania, la desensibilización forma parte habitual del manejo clínico. Estos tratamientos, orales o sublinguales, requieren supervisión médica especializada y no deben realizarse sin control profesional.

Fox concluyó que los avances recientes ofrecen un panorama prometedor para pacientes y familias: hoy existen alternativas que antes eran impensables. Aunque en algunos casos los efectos pueden ser temporales, la investigación avanza y es probable que surjan más opciones para controlar e incluso prevenir las alergias.

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