G.G.: Otra opción es la que propone Teherán.
P.: ¿Cuál sería esa opción?
G.G.: Reanudar la navegación por la ruta iraní, dentro de sus aguas territoriales y bajo su supervisión; para eso haría falta la aprobación de Trump y el levantamiento del bloqueo naval de EE. UU.
P.: Una propuesta inaceptable para el presidente.
G.G.: Sin embargo, él mismo dijo antes que quien necesitara petróleo lo comprara a EE. UU. o fuera a buscarlo al Golfo; no hay que olvidarlo.
P.: Eso fue antes de imponer el bloqueo naval a los puertos iraníes.
G.G.: Correcto. Y antes de que advirtiera que perder el control de Ormuz sería su derrota geopolítica.
P.: Permitir que Irán controle el estrecho, decida qué buques pasan y cobre peaje no parece algo que Trump acepte.
G.G.: Trump busca ahora concesiones para salir de la trampa que él mismo creó y presentará cualquier salida como una gran victoria.
P.: Aun así, sería un retroceso grande, casi una humillación.
G.G.: Él querrá mostrar una solución, y los términos probablemente se parezcan a lo que comentamos; lo ideal habría sido una coalición multinacional, pero Irán exigirá un papel preponderante.
P.: Irán no aceptará volver al status previo a la guerra.
G.G.: Eso resume la derrota que sufrió Trump.
P.: Trump viajó a Pekín buscando ayuda para persuadir a Irán de flexibilizarse.
G.G.: China es gran comprador de los recursos bloqueados y quiere evitar precedentes que afecten su comercio; en este conflicto prefiere una solución que debilite a Washington antes que corregir el error de Trump.
P.: ¿Quiere decir que China es la gran beneficiaria?
G.G.: No totalmente; la guerra le costará a China también, pero ha logrado ventajas: visitas diplomáticas, convenios para el paso de sus barcos y pedidos a Trump para excluirlos del bloqueo, un ensayo para abrir Ormuz.
P.: ¿Negoció China por su cuenta con Irán y EEUU para asegurar la navegación?
G.G.: No a gran escala; es una prueba piloto. China evita pagar peajes pero acepta comisiones o seguros marítimos “moderados”, lo que incentiva a Irán a mantener su propuesta.
P.: ¿Cree que Trump terminará cediendo?
G.G.: Busca una solución pero no la encuentra. Desde el 7 de abril hay una tregua frágil que se mantiene más allá de lo previsto, pero el costo económico crece: energía más cara, inflación y aumento de las tasas que complican la situación de la administración.
P.: Warsh no podrá reducir las tasas como quizá le prometieron a Trump en la selección.
G.G.: No puede; sería arriesgado perder credibilidad en la Fed. Las tasas largas suben por el mercado de bonos y forzar una postura contraria solo empeoraría la situación.
P.: Wall Street enmascara el impacto gracias al auge de la IA, pero eso no garantiza estabilidad general. ¿Qué ocurrirá?
G.G.: Si el crudo sube significativamente, aparecerán soluciones con mayor intervención de otros países que ahora solo observan, aunque son los más afectados.
P.: ¿Trump aflojará al final, como suele suceder?
G.G.: Los precios ya incorporan esa posibilidad. Si Trump no cede y Ormuz sigue cerrado, las cotizaciones se ajustarán, lo que puede acelerar las decisiones y aumentar la probabilidad de que flexibilice su postura. También podría provocar un reordenamiento político regional; si EE. UU. no administra una solución eficaz, los más perjudicados buscarán alternativas urgentes.
P.: ¿Cómo cree que Wall Street navegará esta transición?


