15 de junio de 2026
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Controlan un avatar de videojuego con la mente sin dispositivos invasivos

El procedimiento consiste en introducir al participante en una máquina de resonancia magnética para monitorear en tiempo real la actividad cerebral.
 

(Composición Infobae: Allie Barton)

Investigadores de la Universidad de Yale han desarrollado una interfaz que permite a personas controlar un avatar en un videojuego empleando solo la actividad cerebral, sin implantes. La técnica es no invasiva y utiliza equipos externos que se adaptan a la geometría natural del cerebro, presentándose como una alternativa a los chips cerebrales.

Los hallazgos muestran que es posible un control mental rápido y eficiente sobre un software, lo que amplía las opciones para interactuar con la tecnología sin someterse a intervenciones quirúrgicas.

Interfaz cerebro-computadora no invasiva: cómo funciona la tecnología de Yale

El estudio, publicado en Nature Neuroscience, describe una interfaz cerebro-computadora (BCI) basada en resonancia magnética funcional (fMRI) que evita la implantación de dispositivos. En lugar de cirugía, se aprovechan equipos médicos existentes para interpretar la actividad cerebral y traducirla en acciones digitales.

Así luce le avatar controlado por el paciente. 
(Yale)

El procedimiento introduce al participante en una máquina de resonancia magnética para monitorear en tiempo real la actividad cerebral, no con el propósito de un escaneo diagnóstico convencional, sino para registrar señales continuas.

Mientras la persona permanece en el escáner, un software procesa lecturas cerebrales cada dos segundos y las convierte en comandos que mueven un avatar dentro de un videojuego, permitiendo una interacción casi inmediata.

La innovación clave son algoritmos que mapean la geometría cerebral individual de cada usuario y traducen esas señales en acciones digitales, posibilitando que el control del avatar se realice únicamente mediante el pensamiento.

La nueva técnica se basa en el uso de una interfaz externa y no invasiva que trabaja en sintonía con la geometría natural del cerebro. 
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resultados del experimento: rapidez de aprendizaje y adaptación cerebral

El equipo de Yale evaluó tres configuraciones: una alineada con las rutas cerebrales más naturales y dominantes de cada persona; otra basada en trayectorias naturales pero menos utilizadas; y una tercera que implicaba caminos no habituales que debían aprenderse desde cero.

Cuando la interfaz se ajustó a las rutas cerebrales más naturales, los participantes aprendieron a mover el avatar en menos de una hora, y en algunos casos en un tiempo aún menor. Con rutas menos habituales o nuevas, el aprendizaje fue sensiblemente más lento.

Además, los investigadores observaron que el cerebro se reorganiza para adaptarse a la interfaz: los cambios se produjeron no solo en las áreas directamente implicadas, sino también en regiones conectadas, lo que sugiere una adaptación sistémica a la nueva forma de interacción.

Investigadores de la Universidad de Yale han conseguido que personas manejen un avatar en un videojuego utilizando únicamente su actividad cerebral. 

(Captura Nature)

Ventajas y limitaciones de la tecnología basada en fMRI frente a los chips cerebrales

La principal ventaja de este enfoque es su carácter no invasivo: evita cirugías y la implantación de dispositivos en el cráneo, lo que lo hace más seguro y menos traumático. Además, la personalización según la geometría cerebral facilita un aprendizaje más eficiente para el control mental del software.

Su principal limitación es la dependencia de equipos de resonancia magnética funcional, que son voluminosos y costosos. Eso condiciona su uso a entornos clínicos y de investigación, dificultando su adopción masiva o su integración en la vida cotidiana de potenciales usuarios.

Aunque por ahora no es una tecnología accesible al público general, este avance demuestra que es posible controlar dispositivos digitales con la mente sin recurrir a implantes invasivos.

La investigación abre la puerta a futuras aplicaciones en interfaces cerebro-computadora y sugiere que, con la evolución y compactación de los equipos médicos, esta alternativa podría llegar a un número mayor de usuarios.

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