21 de junio de 2026
Buenos Aires, 13 C

Carolina Aló 113 puñaladas y la vigilia del padre

Hace tres décadas, el Día del Padre dejó de ser una celebración para Edgardo Aló. Desde que su hija Carolina fue asesinada por su novio, Fabián Tablado, con 113 puñaladas, transformó el duelo en una lucha sostenida: reclamó justicia, creó una fundación para ayudar a víctimas de violencia de género y exigió medidas que protejan a su familia, mientras persigue que el responsable cumpla la pena que considera justa.

Aló recuerda con nitidez lo ocurrido: aquel 27 de mayo de 1996 marcó un punto de no retorno. Hasta entonces llevaba una vida de rutina como empresario inmobiliario y padre de familia en Tigre; después vendió bienes, cerró su negocio y concentró sus esfuerzos en la búsqueda de justicia y en la memoria de Carolina.

Su reclamo central es que Tablado cumpla una pena que, según él, debió ser prisión perpetua. Denuncia además que la libertad condicional y posteriores salidas del agresor han puesto a su familia en riesgo.

En 2024 la Justicia bonaerense extendió hasta abril de 2027 una restricción perimetral inédita de 300 kilómetros que impide a Tablado acercarse a Aló o comunicarse con él por cualquier medio. La medida, que abarca provincias e incluso Uruguay, se complementa con el uso de una tobillera electrónica para controlar la ubicación del agresor, aunque Aló cuestiona la eficacia de esos controles ante versiones de incumplimientos.

Un padre que juró ser la sombra de un asesino que camina libre

La restricción de 300 kilómetros es excepcional por su extensión: equivale a la distancia entre Buenos Aires y Rosario y busca garantizar la seguridad de la familia Aló. Aun así, Edgardo recibe informes de posibles apariciones del condenado en Tigre y sospecha de mecanismos para eludir el control de la tobillera, por lo que reclama verificaciones sorpresivas sobre el funcionamiento del dispositivo. El último domicilio conocido de Tablado figura en Posadas, Misiones.

La violencia antes del crimen

Carolina conoció a Tablado en 1993, cuando ella tenía 14 años y él 17. La relación pasó por reiteradas rupturas y reconciliaciones durante tres años, en las que la violencia y las amenazas crecieron hasta volverse una constante. Edgardo recuerda señales tempranas que no fueron atendidas: la escuela minimizó agresiones y Carolina llegó a encubrir moretones con excusas.

En 1995 Tablado le fracturó el tabique a Carolina; la directora del colegio respondió con amonestaciones, lo que llevó a Edgardo a denunciar a la institución sin que eso detuviera la escalada. Poco antes del crimen, Edgardo presenció una agresión de Tablado contra su hija, reaccionó y confrontó al joven: fue un punto de quiebre en el vínculo.

“El lunes, lo hago”

Varios testigos declararon que Tablado había anunciado su intención de matar a Carolina en repetidas ocasiones ante amigos. El último aviso fue la tarde del 27 de mayo de 1996, cuando, según testimonios, dijo a un conocido que ese día la mataría. Más tarde salió del colegio con ella y la situación terminó con un ataque mortal en la casa donde ella fue llevada.

En el hogar de Edgardo conserva una única foto de Carolina tras perder otras imágenes a lo largo de los años. Desde 2017, para preservar su memoria y prevenir casos similares, Edgardo fundó la Fundación Carolina Aló, que asesora a víctimas de violencia de género y promueve acciones de prevención, además de impulsar una petición ante la ONU para declarar el 27 de mayo como Día Internacional de la No Violencia en el Noviazgo.

El 27 de mayo de 1996

La noche del asesinato, Tablado llevó a Carolina a su casa, mantuvieron relaciones sexuales y tras una discusión la atacó con varios cuchillos y una herramienta de carpintería. Los peritos estimaron que el ataque duró entre cinco y diez minutos y consignaron 19 golpes y 113 puñaladas. Cuando la autopsia registró la magnitud de la agresión, el escenario fue incontestable.

Tras el crimen, Tablado intentó cambiarse y dejó en la escena un dibujo con una figura armada; luego fue detenido mientras esperaba un remís para escapar. Un amigo suyo colaboró en su detención tras denunciar lo ocurrido a la policía.

La puñalada 114

En la instrucción y el juicio la defensa intentó sostener la inimputabilidad por un supuesto trastorno transitorio; la fiscalía presentó pruebas neurales y periciales en contra. El tribunal consideró imputable a Tablado y la discusión se centró en los agravantes que podrían justificar la prisión perpetua: alevosía, ensañamiento y premeditación. Dos de los tres jueces no reconocieron esos agravantes y lo condenaron por homicidio simple a 24 años, luego reducidos a 22 por el beneficio conocido como 2×1, lo que generó una gran indignación en la familia Aló.

En aquel contexto legal no existía aún la figura de femicidio en el Código Penal argentino; esa calificación se incorporó en 2012.

El casamiento en el penal

Durante su reclusión, Tablado mostró buena conducta, recibió correspondencia y mantuvo relaciones con mujeres desde el exterior e incluso con una pareja que conoció en prisión, con quien se casó en 2007 y tuvo mellizas. Su comportamiento interno incluyó estudios y actos de religiosidad, aunque también denuncias posteriores por amenazas a esa mujer y su familia.

Obtuvo salidas transitorias en distintos momentos; algunas fueron revocadas y otras restablecidas. En 2012 pidió libertad condicional y se la negaron por inestabilidad emocional; en años siguientes acumuló una condena adicional por amenazas que se unificó con la original. En 2020, tras cumplir gran parte de su pena, fue puesto en libertad, lo que generó repudio público y decisiones judiciales para proteger a la familia de la víctima.

La misma casa

Tras recuperar la libertad, Tablado volvió a la casa de sus padres, el mismo domicilio donde había cometido el crimen, y la proximidad generó temor entre los familiares de Carolina. La Justicia impuso prisión domiciliaria con tobillera electrónica y limitaciones de acercamiento, pero se registraron incumplimientos; una filmación de 2020 lo mostró cruzando un puente con sus hijas dentro del radio prohibido, lo que derivó en una detención por desobediencia. Tras cumplir la nueva pena, en 2021 quedó nuevamente en libertad y durante los años siguientes intentó establecerse en diversas localidades del país, donde enfrentó el rechazo social y marchas vecinales que le impidieron permanecer.

En varias entrevistas Tablado reivindicó sus derechos a vivir en distintos lugares, lo que provocó la respuesta enérgica de Edgardo, quien considera inaceptable cualquier excusa cuando se comparan esos reclamos con la pérdida de la vida de su hija. Desde hace treinta años, su objetivo ha sido dificultar la vida de quien la asesinó y garantizar que la memoria de Carolina sirva para prevenir y atender la violencia de género.

Producción audiovisual, entrevistas y narración: María Belén Etchenique / Realizador: Gastón Taylor / Edición: Florencia Montenegro

Artículo anterior

Francia limita alcohol y suspende eventos deportivos por ola de calor

Artículo siguiente

Lesión de figura de Brasil en el Mundial: cuántos partidos podría perder

Continuar leyendo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: