En cada Mundial surgen historias que van más allá de los 90 minutos y se juegan en lo emocional. La de Andy Míguez Villar es una de ellas: hijo de españoles, nació y se crió en Lomas de Zamora y vivió allí gran parte de su vida antes de mudarse a España a los 44 años. Este domingo observará la final con sentimientos encontrados, dividido entre dos países y con la esperanza de que, más allá del resultado, sea una gran celebración del fútbol.
Andy recuerda que sus padres eran gallegos que llegaron a Lomas de Zamora en 1950: primero llegó su padre, Manuel Míguez, atraído por cartas que hablaban de una tierra próspera, y luego su madre, María Luisa, que arribó con sus cinco hijos en la bodega del vapor Yapeyú. Nació en el Hospital Gandulfo y vivió en la calle Campos 83, cerca del matadero que después se transformó en una escuela. Hizo el jardín y la primaria en el Colegio Nuestra Señora del Carmen y la secundaria en el Belgrano de Temperley.
Describe su infancia entre calles empedradas, potreros y partidos improvisados donde las porterías se armaban con dos piedras y las pelotas a menudo estaban pinchadas y requerían parches. Después de jugar, juntaban monedas para comprarse una Coca-Cola fría, escuchaban a las vecinas pasar y respondían al llamado de sus madres cuando era hora de volver a casa o de estudiar. Andy afirma que esa etapa en Argentina dejó huellas importantes en su identidad.
En 2004 se trasladó a España y vive en Granada, en Andalucía. Hasta su jubilación trabajó en la construcción, participando en la ejecución de autovías y en el montaje de parques eólicos para grandes empresas. Además, se desempeña como geólogo y es también escritor, músico y deportista.
Argentina y España van por la gloria en una final muy especial
Frente a una final entre Argentina y España, Andy dice sentir emociones mixtas: por un lado une a la patria futbolística que forjó su juventud en Argentina y, por otro, la patria laboral que ha construido tras más de 20 años viviendo en España. Considera que los argentinos necesitan la copa y que los españoles también la merecen, y percibe este duelo como una final histórica.
Reconoce que el fútbol es una pasión en ambos países, aunque percibe mayor efusión entre los argentinos: “Acá no hay la misma algarabía que en Argentina, donde se toman las calles, explotan cohetes, suenan bocinas y hay reuniones y emoción colectiva”. Añade que en España hay orgullo por el rendimiento del equipo y satisfacción por la forma de jugar.
Andy seguirá la final en D’Diez Restaurante, ubicado en la costa de Granada, cerca de la playa. Describe el lugar como un bar con fuerte presencia maradoniana y una decoración con rasgos argentinos. Espera que sea un gran partido y vivirá el encuentro con el corazón dividido.


