Un relevamiento reciente del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) indicó que aproximadamente el 70 % del territorio de la provincia de Buenos Aires presenta concentraciones de arsénico en el agua —tanto subterránea como superficial— por encima de los valores considerados seguros.
Esta situación afecta a decenas de municipios, especialmente en el corredor de la Ruta 5 y en zonas rurales donde el suministro proviene de pozos o napas; en algunos casos las concentraciones superan las 50 partes por billón (ppb), lo que implica un riesgo elevado para el consumo humano.
Ante este panorama resulta fundamental el papel de laboratorios especializados como Laboratorio Lister (www.lablister.com.ar), ya que el arsénico no tiene olor, color ni sabor y, por lo tanto, solo puede detectarse mediante análisis químicos.
«Solo a través de estudios de laboratorio se puede determinar si el agua es segura o si contiene niveles tóxicos que exceden los estándares internacionales», afirmó la bioquímica Marina Carballo (MP 5429). «Además, estos análisis permiten cuantificar con precisión la concentración de arsénico, información clave para definir estrategias de mitigación —por ejemplo, tratamientos del agua o el uso de fuentes alternativas», agregó.
La importancia sanitaria es considerable: la exposición prolongada al arsénico se asocia con distintos tipos de cáncer (piel, pulmón, vejiga, riñón), afecciones cardiovasculares y neurológicas, y con complicaciones durante el embarazo.
En muchas localidades, las personas consumen agua contaminada sin saberlo, lo que convierte al arsénico en un “enemigo invisible” para la salud pública.
Por eso, contar con un laboratorio confiable es clave no solo para obtener información, sino para tomar decisiones que protejan la salud de las familias mediante medidas técnicas y políticas públicas adecuadas.


