El escritor e historiador Charlie López ofrece en Todo tiene su historia un análisis del origen y significado de costumbres y objetos cotidianos que han formado la vida social desde los primeros seres humanos. La obra recorre creencias populares, rituales y prácticas sociales para mostrar cómo influyen en la identidad y el comportamiento colectivo.
Entre los temas tratados, López estudia supersticiones del mundo occidental, con atención a Hispanoamérica: el mal de ojo, la relación con los gatos negros, la búsqueda de buena suerte mediante la herradura o el trébol de cuatro hojas, y el gesto de tocar madera o llevar una pata de conejo como amuletos protectores. También examina prácticas sociales como el saludo, el aplauso, taparse al bostezar, el brindis y la costumbre de no apoyar los codos en la mesa.
El autor explora además la historia de celebraciones y ritos —cumpleaños con o sin torta, bodas con anillos y padrinos, y el uso de flores en funerales— y de objetos cotidianos: el origen del tenedor, la evolución del inodoro (y la relación que se atribuye a la reina Victoria), o cómo un monarca francés influyó en la moda de los tacos altos.
A continuación, Infobae Cultura publica uno de los capítulos de Todo tiene su historia (Aguilar-Penguin Random House).
Tocar madera
¿Sin patas y con golpes?
Existen al menos dos explicaciones históricas para la costumbre de “tocar madera” para atraer buena suerte. La más antigua se vincula al culto a los árboles —sobre todo al roble— que durante siglos fueron considerados morada de deidades, hadas y espíritus. Al asociarse con el fuego y ser frecuentemente alcanzados por los rayos, esos árboles simbolizaban fuerza y protección.
La explicación posterior relaciona el gesto con fragmentos de la cruz de Jesucristo, reliquias que se creían dotadas de propiedades protectoras. Quienes tocaban una astilla de esos maderos buscaban protección contra males diversos y la promesa de fortuna.
Los ritos varían por región: en algunos lugares se evita tocar muebles con patas; en otros se golpea la madera dos veces —el primero para pedir algo, el segundo para agradecer— y hay quienes solo golpean una vez para “despertar” a las fuerzas protectoras allí presentes.
Tocarse un pecho o un testículo
Siempre el izquierdo
En Argentina es frecuente que, ante la presencia o la mención de alguien considerado “mufa” o “yeta”, las mujeres se toquen el pecho izquierdo y los hombres el testículo izquierdo. Se cree que este gesto neutraliza la mala suerte asociada a esa persona, de manera similar a “tocar madera”.
La elección del lado izquierdo y de esas partes del cuerpo responde a antiguas asociaciones simbólicas: los testículos con la virilidad y los pechos con la vida y la protección maternal. En la antigüedad la sexualidad se vinculaba a menudo con fuerzas protectoras y se empleaban símbolos genitales para contrarrestar el mal de ojo. En la práctica contemporánea muchos lo toman como un gesto ritualizado o humorístico, pero sigue presente en el repertorio popular.
Trece personas a la mesa
Una de las supersticiones más extendidas alerta sobre los riesgos de sentar a 13 comensales. Su origen se remonta a mitos precristianos, como una leyenda nórdica en la que la presencia inesperada de Loki en un banquete de doce dioses provocó la muerte de Balder.
La idea se fusionó luego con la historia cristiana de la Última Cena —Cristo y sus doce apóstoles suman 13— y con asociaciones negativas del número 13 en textos apocalípticos y en tradiciones cabalísticas. Para evitar la supuesta mala suerte, es frecuente añadir un invitado extra, dividir la mesa en dos grupos, disponer cubiertos para 14 personas o colocar un muñeco en la silla número 14.
Un trébol de cuatro hojas
Uno cada diez mil
Los druidas y las culturas celtas valoraban el trébol de cuatro hojas por su rareza: se calcula que solo uno de cada diez mil tréboles tiene cuatro hojas. Esa escasez le confería carácter sagrado y, según la creencia, quien lo hallara podía ver hadas o repeler espíritus dañinos y recibir buena suerte.
En la tradición irlandesa, cada hoja simboliza algo distinto: esperanza, amor, fe y suerte. Desde mediados del siglo XX se han desarrollado semillas y cultivos que facilitan su producción, lo que ha reduplicado su rareza y, en cierta medida, disminuido parte de su encanto mágico.
Vaquita de San Antonio
No la maten
La vaquita de San Antonio —catarina o mariquita— está asociada a connotaciones positivas en diversas culturas. Se dice que si alguien la toma y la deja volar, se cumple un deseo; que su presencia trae buena fortuna; o que si se posa sobre la cabeza de una persona, anuncia protección.
Los agricultores las valoran porque depredan plagas como el pulgón, y se observó históricamente que las cosechas mejoraban donde había muchas vaquitas. En la Edad Media los cristianos las relacionaron con la Virgen María —de ahí los nombres ingleses ladybug o ladybird— y se las percibió como mensajeras de auxilio divino.
Su color rojo con puntos y su carácter inofensivo reforzaron su imagen de insecto amigable y protector.
[Fotos: imágenes ilustrativas Infobae]


