Bogdan Zawadewicz viajó desde Varsovia para hablar sobre la transformación económica, pero su análisis sobre Ucrania abarca mucho más que cifras de reconstrucción. Como jefe de Análisis de Riesgos Geopolíticos en el Banco Polaco de Desarrollo (BGK), que administra programas de garantías para pymes ucranianas, aporta una visión directa sobre los desafíos reales del país en guerra.
En una entrevista con Infobae en Buenos Aires, donde participó en un seminario organizado por la embajada polaca, Zawadewicz ofrece una lectura que supera los daños físicos: considera que, además de una catástrofe, la guerra tiene efectos transformadores en la Unión Europea y en Ucrania. Es politólogo con trayectoria en instituciones como el Center for Eastern Studies (OSW) y la London School of Economics.
—¿Cómo define el objetivo de la Unión Europea respecto al futuro de Ucrania más allá de la asistencia militar inmediata?
—Para muchas autoridades en Bruselas la cuestión ucraniana es un proyecto civilizatorio: en 10-20 años Ucrania podría integrarse plenamente en la UE y alcanzar niveles de vida superiores a los de Rusia. El éxito ucraniano tendría efectos regionales sobre Bielorrusia, Moldavia y otras exrepúblicas soviéticas; ese posible efecto dominó es consciente también para Moscú.
—El Banco Polaco de Desarrollo (BGK) está involucrado en la financiación. ¿Cómo se diseña la ayuda para evitar que los fondos acaben en manos de las estructuras oligárquicas que tradicionalmente dominan la economía ucraniana?
—La estrategia es canalizar financiamiento preferencial hacia municipios, empresas de servicios y pymes. Así se busca crear un ecosistema alternativo y competitivo frente al modelo oligárquico extractivo vigente en Ucrania. Es una agenda de largo plazo para transformar el Estado y la economía.
—¿Este apoyo financiero está supeditado a la implementación de reformas estructurales?
—Sí. Existe condicionalidad: el dinero se entrega si el gobierno implementa reformas y avanza en su integración con la UE. Se espera una reducción negociada del poder de los oligarcas, una mayor entrada de capital extranjero y una transformación gradual del país. La Comisión Europea considera este proyecto estratégico e insiste en que no puede fracasar.
—Más allá de las finanzas y la corrupción, ¿cuál es el riesgo estructural más urgente que debe mitigar Ucrania?
—La crisis demográfica y la falta de mano de obra cualificada. Ucrania ha perdido una parte importante de su población por muertes, desplazamientos y exilio. A corto plazo esas pérdidas son difícilmente reversibles y afectarán la reproducción y la estructura social por mucho tiempo.
—¿Qué se puede hacer al respecto?
—Se necesitará una coordinación política muy alta: diseñar políticas migratorias para cubrir vacantes, incentivar el regreso de refugiados, planificar la desmovilización flexible de soldados y su reinserción laboral. Ucrania observa modelos extranjeros (por ejemplo, esquemas mixtos de servicio militar y trabajo) para combinar defensa y economía.
—¿Cómo responde Ucrania a la campaña rusa contra su infraestructura energética?
—Avanza hacia la descentralización energética: inversiones en renovables, generadores y plantas pequeñas que abastezcan a comunidades concretas. Ese diseño reduce el riesgo de apagones a escala nacional y es una lección de resiliencia aplicable también en Europa.
—Polonia, un país en primera línea en el flanco oriental de la OTAN, ha aumentado su gasto militar. ¿Se está utilizando para algo más que defensa?
—En Polonia se intenta integrar el gasto militar con la política industrial. Una porción importante se destina a tecnología de doble uso para que la industria de defensa y sus proveedores aporten valor añadido al crecimiento y al desarrollo industrial.
—¿Cómo afecta la guerra híbrida rusa a Polonia y al resto de Europa?
—La guerra híbrida usa desinformación para polarizar y explotar divisiones. En Polonia, incidentes en el espacio aéreo son aprovechados para acusar a ucranianos y debilitar el apoyo público. Rusia se beneficia de la vulnerabilidad de una Europa envejecida, menos dispuesta al riesgo y con dificultades para avanzar reformas profundas.
—¿Cuál es el escenario más realista para un acuerdo de paz o un cese al fuego?
—Personalmente considero que, si surge un acuerdo, probablemente será temporal: serviría para ganar tiempo y Rusia podría volver a la agresión en pocos años, salvo un cambio inesperado en Moscú.
—Si se llega a un acuerdo, ¿cuáles son las garantías de seguridad mínimas que Ucrania necesita obtener de Occidente?
—Ucrania necesita garantías de seguridad duraderas y acelerar su integración con la UE. La adhesión a la OTAN no es inmediata; la integración europea es más alcanzable y la UE está ampliando su dimensión de seguridad. Pero cualquier decisión debe contar con el consentimiento de los ucranianos.
—¿Cuál sería el error de cálculo más peligroso que Occidente podría cometer en su estrategia hacia Ucrania?
—No comprender o despreciar la dinámica local. Ucrania está fuertemente militarizada y hay cientos de miles de soldados que podrían rechazar acuerdos percibidos como desfavorables, lo que generaría escenarios impredecibles.
—¿Ve riesgo de caos o desestabilización interna tras un alto el fuego?
—Sí. Existe el riesgo de que la situación se descontrole: explotación de divisiones internas por parte de Rusia, problemas con veteranos traumatizados, crimen organizado y tráfico de armas como en otros post‐conflictos. La asistencia occidental será clave para que el Estado controle la posguerra.
—A pesar de todos estos riesgos, ¿mantiene el optimismo sobre el futuro de Ucrania?
—Soy optimista. Al estar cerca de los procesos veo un compromiso real en Bruselas, en los países occidentales y en Polonia. Aunque hay discursos políticos contradictorios, las decisiones prácticas suelen apoyar a Ucrania. Además, la influencia rusa en regiones como los Balcanes y Moldavia está disminuyendo.
—La asistencia occidental, entonces, continuará por mucho tiempo.
—Sí. Ucrania precisará apoyo financiero y social durante muchos años después del fin del conflicto. Si el proyecto tiene éxito, podría transformar la región postsoviética; por eso se percibe como un esfuerzo civilizatorio con grandes implicaciones geopolíticas.
Perfil del analista: Bogdan Zawadewicz
Jefe de Análisis de Riesgos Geopolíticos en el Banco Polaco de Desarrollo (BGK), institución central en la promoción del desarrollo económico de Polonia e implicada en proyectos de asistencia a Ucrania.
Formación y experiencia: Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Varsovia, Zawadewicz es experto en la dinámica de Europa del Este y los Balcanes. Ha colaborado con el Center for Eastern Studies (OSW), el Leibniz Institute y la London School of Economics.
Especialización: Se especializa en el estudio de conflictos congelados y activos, con experiencia como consultor en temas relacionados con la guerra en Bosnia y Herzegovina.
Contexto de la entrevista: La conversación tuvo lugar en el marco del seminario “Diálogo Polonia–Argentina sobre la Transformación Económica” en Buenos Aires, diseñado para compartir experiencias sobre la modernización del Estado y la economía.


