15 de enero de 2026
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Aaron Parks debuta en Buenos Aires y destaca la intensidad del trío de jazz

“La tensión entre crear y el mundo siempre ha existido, pero ahora la sensación de fricción es cada vez más intensa. Antes podía lanzar un folleto de gira o una nueva pieza sin cuestionarme de inmediato si era el momento adecuado. Ya no doy por sentado que lo que hago encaja con la coyuntura.”

“Hoy el trasfondo es un estado de alarma constante. Aunque las obras sean sinceras o discretas, frecuentemente siento que estoy mostrando una figura de papel en una casa en llamas, esperando que alguien la note antes de que desaparezca. O como cantar una melodía en medio de un huracán. Son metáforas, pero reflejan cómo pienso.”

“No creo que la belleza carezca de importancia —todo lo contrario—; creo profundamente en ella. Pero la belleza siempre se relaciona con el contexto. Esa relación es la fuente de una tensión permanente: ¿por qué crear música que no reclama su relevancia inmediata en un momento tan urgente, fragmentado y ruidoso?”

Aaron Parks ejemplifica por qué su presencia no es la de un músico más. Su virtuosismo como pianista y compositor —que lo puso en el foco internacional desde que se integró al grupo del trompetista Terence Blanchard con 18 años y, siete años después, lanzó su notable primer álbum Invisible Cinema con Blue Note— consolidó una carrera inclinada hacia la innovación.

Pero Parks, nacido en Seattle hace 42 años, también tiene una intensa vida interior que comparte en su blog Siempre comenzando, descrito por él como “un cuaderno abierto de ensayos, reflexiones, preguntas y más”. En ese espacio, como en su música, muestra pensamientos profundos y poéticos que explican por qué no se limita a reproducir standards del jazz.

La noticia es que Parks llegará a Buenos Aires para ofrecer cuatro conciertos, lunes y martes con funciones a las 20 y a las 22.30 en el Bebop Club de Palermo. Vendrá en trío —con Ben Street en bajo y Eric McPherson en batería—, en vez de con su proyecto Little Big, lo que permite apreciar de cerca a uno de los pianistas más importantes del jazz contemporáneo, a quien JazzTimes llamó “un nuevo visionario” al lanzar su disco debut.

Parks ha buscado conscientemente un lenguaje sonoro exigente, próximo al jazz pero sin encerrarse en las convenciones más rígidas del género. En 2023, tras cancelar una gira, reveló que vive con trastorno bipolar: “Lo supe hace años, pero lo negaba porque no hablaba públicamente de eso —contó a Daniel Glückmann—. Lo hice para cuidarme, y me alegró saber que a otras personas les sirvió que alguien lo admitiera. En la música, igual que en la vida, hay que tocar con honestidad y no pensando en complacer al público, sino en tocar lo que necesitas tocar”.

En diálogo con Infobae Cultura, Parks habla sobre sus comienzos, sus influencias, su decisión de radicarse en Portugal, su relación con la escritura, su primera visita a Buenos Aires y sus vínculos con músicos argentinos.

— Al recordar su álbum debut Invisible Cinema, cuando tenía 25 años, ¿cómo evalúa la evolución de su música como compositor y pianista?

— Tengo un cariño especial por Invisible Cinema: representaba una sensación de posibilidad propia de la juventud. En ese disco hay energía, ideas y una inquietud manifiesta. Hoy aprecio esas canciones desde otra madurez. Mi relación con la música pasó de la ambición a la atención: ahora me interesa menos demostrar y más escuchar qué pide la música, tocar con mayor presencia y paciencia.

— En Buenos Aires tocará en trío. ¿Qué aporta ese formato, sobre todo tras la experiencia más ecléctica de Little Big?

— El trío es distinto a Little Big. Mientras ese proyecto explora grooves colectivos, texturas y electrónica, el trío es más desnudo: no hay dónde esconderse, lo que lo hace estimulante. Para estos conciertos estaré con Ben Street y Eric McPherson. Busco que sea una conversación auténtica entre tres, sin reproducir la jerarquía tradicional ni disolver completamente los roles. Me interesa cuando la estructura y la interacción coexisten y elevan la canción juntos.

— Se mudó a Lisboa con su familia. ¿Por qué y cómo influyó en su vida y su música?

— Me mudé a Nueva York a los 16 y la ciudad fue formativa, me dio comunidad y oficio. Pero con el tiempo, y tras la pandemia y la paternidad, su ritmo me resultó cada vez más agotador. En Lisboa hallé un ritmo distinto, una luz y un espacio que facilitaron criar una familia y reconectar creativamente. Allí la vida es más pausada y eso se refleja en una forma de trabajar más amplia y serena.

— ¿Cuándo empezó a tocar el piano y quiénes influyeron en su decisión de ser músico?

— Empecé alrededor de los 10 años. Al principio me marcaron profesores, músicos locales y la música de casa. Más tarde, figuras como Keith Jarrett, Herbie Hancock, Bill Evans, Brad Mehldau y McCoy Tyner fueron claves. También escuché mucho más allá del jazz: folk, clásica, rock, Radiohead y música electrónica. Con el tiempo, las influencias han incluido cada vez más mi propia vida: la paternidad, las relaciones y el lugar donde vivo.

— Escribe reflexiones en un blog. ¿Por qué lo hace?

— Escribir me ayuda a pensar con más claridad. A veces comprendo mejor mis ideas cuando las plasmo en palabras. Las redes sociales me resultaban demasiado rápidas para lo que quería compartir; el blog me ofrece un espacio más calmado para ser honesto y plantear preguntas sobre la música, la vida y la paternidad sin pretender tener todas las respuestas.

— En su blog dijo que hacer música no adaptada a los tiempos puede parecer “como hacer origami en una casa en llamas”. ¿A qué se refería?

— Me refería a que el mundo resulta cada vez más inestable en lo político, social y ambiental, y es difícil ubicar el lugar del arte. Mientras todo alrededor grita, el proceso de crear algo delicado y paciente puede parecer fuera de lugar. Pero no lo planteo con cinismo: crear con cuidado tiene sentido y es una forma de mantener la sensibilidad humana.

— ¿Qué piensa del jazz actual y qué escucha en este momento?

— El jazz contemporáneo es muy diverso y eso es una fortaleza: no existe un centro único. La música incorpora hip-hop, electrónica, clásicas y tradiciones globales. En mis escuchas hay de todo: colegas, grabaciones históricas y música fuera del jazz. Últimamente he ido de Sonny Rollins a Geese, Juana Molina, Béla Bartók, SML y Otherlands Trio. Y, como padre de niños pequeños, valoro mucho el silencio cuando aparece.

— ¿Había venido antes a Buenos Aires? ¿Qué sabe de la música argentina y qué espera de sus conciertos allí?

— Nunca estuve en Buenos Aires y estoy muy ilusionado por ir. No pretendo ser un experto en música argentina, pero admiro la sofisticación rítmica, el lirismo y la nostalgia que encuentro en muchas propuestas. Tengo amigos músicos de allí, como Guillermo Klein, Leo Genovese y Martín Sued, este último también en Lisboa y colaborador cercano. Mi expectativa es conectarme con el público y ver qué descubrimos como trío en ese contexto; espero dejarme sorprender.

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