El desequilibrio comercial entre Alemania y China ha llegado a niveles históricos: el déficit podría superar los 88.000 millones de euros (unos 102.000 millones de dólares) este año, según cifras del gobierno alemán. Este cambio marca el fin de un periodo en el que la economía alemana se apoyaba en la exportación de maquinaria y tecnología a China y evidencia una transformación significativa en la política industrial y comercial del país.
En los últimos años la industria alemana ha mostrado un descenso notable: la producción cayó un 14% desde el pico de 2017 y el sector manufacturero perdió casi un 5% de empleo desde 2019, según Ernst & Young. El sector automotriz recortó alrededor del 13% de sus puestos en el mismo periodo. Estos retrocesos se han visto agravados por la competencia de productos chinos que han desplazado a fabricantes alemanes en mercados clave.
La competencia se ha intensificado en sectores como el químico y el de maquinaria. Datos del think tank Rhodium indican que entre 2019 y 2024 Alemania perdió el liderazgo mundial en equipos de generación de energía y maquinaria frente a China. En equipos eléctricos la ventaja china se amplió aún más. Por primera vez, Alemania importó más bienes de capital desde China que los que exportó, y el Instituto Económico Alemán registró un triplicado de importaciones de cajas de cambios manuales en el segundo trimestre de 2025. La cuota de mercado de los fabricantes alemanes de automóviles en China pasó de la mitad a un tercio en apenas dos años.
El impacto es especialmente visible en regiones industriales como Leipzig, donde la llegada de productos químicos chinos redujo la rentabilidad y provocó cierres de plantas. Dow Chemical anunció el cierre de dos instalaciones y la eliminación de más de 500 empleos. Empresas como BASF han recortado miles de puestos en Alemania mientras expanden su presencia en China. Según Vedran Kujundzic, director comercial de DOMO Chemicals, la cuota china en el mercado europeo de poliamida 6 subió del 5% al 20% en un año, con descuentos promedio del 20% frente a productores europeos.
La respuesta política y empresarial en Alemania ha sido firme. El canciller Friedrich Merz anunció medidas para proteger a los productores nacionales de acero frente a la competencia china. Berlín ha endurecido las restricciones sobre componentes chinos en redes móviles y apoya cláusulas de “compra europea” en licitaciones públicas. En noviembre, el recién creado Consejo de Seguridad Nacional evaluó los riesgos asociados a la dependencia de minerales críticos controlados por China y trabaja en medidas de diversificación, según fuentes citadas por The Wall Street Journal.
El giro hacia posiciones más proteccionistas se refleja también en las principales asociaciones empresariales. La Federación de Industrias Alemanas (BDI) rompió en 2019 con su tradicional postura favorable a China y describió al país como “competidor sistémico”. Este año la federación de fabricantes de maquinaria VDMA acusó a China de competencia desleal y pidió medidas antidumping y sanciones contra exportadores que violen la legislación europea. Oliver Richtberg, responsable de comercio exterior de VDMA, afirmó que se defiende el libre comercio, pero que no se pueden tolerar prácticas comerciales desleales.
El distanciamiento respecto a China no es uniforme: algunas empresas con fuerte exposición al mercado chino, especialmente en automoción y químicos, siguen invirtiendo allí. A la vez, el gobierno alemán observa con cautela las posturas de sus aliados, que van desde la confrontación hasta la búsqueda de acuerdos con Pekín.
La fragmentación del comercio mundial, impulsada por la rivalidad entre Estados Unidos y China y por el auge de fuerzas populistas en Occidente, ha debilitado la defensa tradicional de Alemania del libre comercio. Tras su visita a China, el presidente francés Emmanuel Macron afirmó que Pekín está afectando el núcleo del modelo industrial e innovador europeo.
En el terreno empresarial, compañías como Herrenknecht, fabricante de tuneladoras, han visto cómo proveedores chinos subvencionados por el Estado ganan cuota de mercado global. Según su portavoz, la presión competitiva aumenta y la empresa explora nuevos mercados como India y apuesta por proyectos de mayor complejidad, mientras reclama investigaciones antidumping y una política de prioridad europea en contrataciones públicas.
El debate sobre la estrategia alemana frente a China se ha intensificado. Dirk Schumacher, economista jefe del banco estatal KfW, advirtió que el país debe decidir qué quiere seguir importando de China y qué prefiere producir internamente, lo que podría implicar levantar barreras para proteger sectores considerados estratégicos.
Noah Barkin, analista de Rhodium, señaló que Europa sigue abierta a la inversión china, pero los responsables políticos quieren que esa inversión deje beneficios en conocimiento y empleo. Queda por ver si China aceptará esas condiciones o si Europa estará dispuesta a cerrar su mercado en respuesta.
El dilema estratégico se complica por la incertidumbre sobre la política estadounidense. Norbert Röttgen, legislador conservador y experto en política exterior, resumió la encrucijada: Alemania debe reducir su dependencia de China, pero la respuesta dependerá también de la postura y las acciones de Estados Unidos.


