El hallazgo de fragmentos de vidrio datados en el siglo VIII en San Pietro di Castello (Venecia) modifica la comprensión sobre los orígenes y la organización temprana de la industria vidriera veneciana.
Investigadores de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, en un estudio publicado en Archaeological and Anthropological Sciences (2025), sostienen que la ciudad actuó como un centro tecnológico y comercial relevante mucho antes de la fama atribuida a Murano.
Desde la Alta Edad Media, Venecia aparece integrada en redes de intercambio internacionales y receptiva a innovaciones técnicas. Las excavaciones en San Pietro di Castello —la antigua isla de Olivolo, situada junto al puerto y documentada como sede episcopal desde finales del siglo VIII— han permitido reconstruir aspectos materiales de la Venecia altomedieval.
Las intervenciones arqueológicas realizadas entre las décadas de 1980 y 1990, coordinadas por la Superintendencia de Arqueología de Venecia y el Departamento de Humanidades de Ca’ Foscari, documentaron una secuencia de ocupación desde los siglos IV hasta el IX, con estructuras relacionadas con la gestión del entorno lagunar y la consolidación urbana.
Entre los materiales recuperados destacan 45 muestras de vidrio: recipientes, residuos de producción y un crisol de esteatita. El estudio aplicó técnicas analíticas como SEM-EDS, EMPA y LA-ICP-MS para caracterizar copas, lámparas, fragmentos arquitectónicos y desechos de taller.
La cronología de los fragmentos, que abarca aproximadamente del siglo VI al IX, sitúa a San Pietro di Castello como un punto clave para entender la transición tecnológica y comercial en la Venecia altomedieval.
El equipo dirigido por Margherita Ferri documentó una adopción temprana de la tecnología de vidrio a base de ceniza vegetal en sustitución del natrón egipcio tradicional.
Las excavaciones revelaron la presencia, ya en el siglo VIII, de vidrio de ceniza vegetal vinculado a producciones sirio-levantinas. Esto indica que Venecia no solo conocía técnicas avanzadas, sino que también accedía a materiales importados desde regiones lejanas.
El análisis químico mostró casos en los que conviven tecnologías separadas cronológicamente en una misma pieza; por ejemplo, la presencia simultánea de antimoniato de calcio (opacificante antiguo) y estannato de plomo (posterior) en una tesela azul. Esta mezcla se interpreta como resultado de prácticas de reciclaje, en las que los artesanos fundían materiales antiguos para reutilizarlos.
Para obtener el color azul, los vidrieros emplearon escoria metalúrgica rica en cobalto —un subproducto de la metalurgia— en lugar de pigmentos refinados. Este uso de subproductos refleja un conocimiento técnico avanzado y una economía basada en la reutilización.
El estudio también documenta el empleo de subproductos metalúrgicos, la combinación de distintas técnicas y la contaminación accidental de los vidrios por el uso de crisoles de esteatita. Estos elementos, junto con residuos de producción y fragmentos destinados al reciclaje, apuntan a una actividad vidriera local dinámica y adaptativa.
Los análisis de procedencia indican que, en el siglo VIII, Venecia importaba vidrio de Egipto y del Levante (actuales Siria, Líbano, Palestina e Israel) en proporciones casi equivalentes.
Esta diversidad de procedencias señala la integración de Venecia en redes comerciales internacionales y su capacidad para adaptarse a los cambios en el Mediterráneo.
Los datos sugieren una cadena de suministro mixta: los artesanos venecianos trabajaban vidrio importado en bruto siguiendo estilos locales, y al mismo tiempo circulaban objetos terminados procedentes del Levante, como un vaso de base cónica típico de la producción siria, poco frecuente en el Adriático en esa época.
De este modo, Venecia recibía tanto materias primas para sus talleres como bienes de lujo acabados, lo que refuerza su papel como nodo comercial y tecnológico.
Los resultados de San Pietro di Castello plantean una revisión de la historia de la fabricación de vidrio en Italia y Europa. Según la Universidad Ca’ Foscari, “esto sitúa a Venecia entre los primeros centros italianos en adoptar y dominar esta tecnología, mostrando una ciudad receptiva y bien conectada”.
Los especialistas añaden que los hallazgos evidencian la implicación temprana de Venecia en la transición tecnológica del vidrio y sugieren que San Pietro di Castello pudo haber desempeñado un papel importante en la reelaboración de materiales importados.
A diferencia de otros centros italianos, donde la transición del natrón a la ceniza vegetal fue más tardía y el reciclaje predominó durante más tiempo, Venecia muestra una capacidad precoz de adaptación técnica y comercial.
El contexto político y estratégico de San Pietro di Castello, como centro administrativo y religioso en la fase formativa de la ciudad, facilitó la llegada y circulación de innovaciones y materias primas.
El análisis comparativo con otros yacimientos italianos confirma que la transición tecnológica no fue uniforme: en el norte y centro de Italia la introducción de la ceniza vegetal fue desigual, mientras que en el sur predominó el reciclaje de vidrio romano; en Venecia, por el contrario, se documenta una adopción temprana y mezclada de técnicas y materiales.
La investigación concluye que la Venecia medieval temprana gestionaba una cadena de suministro compleja, capaz de abastecer tanto a talleres locales como a consumidores de alto estatus, y que su centralidad en el comercio y la tecnología del vidrio se remonta a varios siglos antes de la era dorada de Murano.


