Un masivo éxodo fronterizo afecta a Camboya y Tailandia tras más de dos semanas de intensos combates. El Ministerio del Interior en Nom Pen informó este domingo que ya son más de medio millón las personas desplazadas internamente, obligadas a abandonar hogares y escuelas para buscar refugio ante nuevos episodios de violencia militar en la frontera compartida.
El conflicto, intensificado por el uso de tanques, artillería pesada, drones y ataques aéreos, ha dejado desde principios de mes al menos 52 muertos en la región —35 en Tailandia y 17 en Camboya—, según cifras oficiales de ambos gobiernos.
El origen de las hostilidades radica en una disputa de larga data vinculada a la demarcación territorial heredada de la época colonial, agravada por reclamaciones sobre la propiedad de templos de importancia histórica en la zona.
Funcionarios camboyanos advirtieron que cientos de miles de hombres, mujeres y niños han huido apresuradamente a zonas más seguras para escapar de bombardeos y disparos, con desplazamientos que superan los 518.000 solo en Camboya.
Bangkok, por su parte, confirmó que otros 400.000 tailandeses se han reubicado dentro del país para resguardarse de la inestabilidad persistente.
En este nuevo episodio, ambos países se cruzan acusaciones: cada uno responsabiliza al otro tanto de haber iniciado las hostilidades como de atacar a la población civil en la frontera.
La memoria de los sangrientos choques de julio —que dejaron decenas de muertos y derivaron en una breve tregua mediada por potencias internacionales— subraya la fragilidad de la situación: aunque entonces se logró detener los combates, la escalada se reanudó y hoy Camboya y Tailandia enfrentan una crisis humanitaria de gran magnitud en sus áreas fronterizas.
En octubre, el presidente estadounidense Donald Trump apoyó públicamente una declaración conjunta entre ambos países para mantener y ampliar la tregua y promover futuros acuerdos comerciales. Sin embargo, un mes después Tailandia suspendió el compromiso tras el sufrimiento de heridas de varios de sus soldados por minas terrestres en la frontera; Bangkok acusó a Nom Pen de haber colocado nuevas minas.
Trump anunció la semana pasada que ambos países habían alcanzado un nuevo alto el fuego. No obstante, las autoridades tailandesas desmintieron la existencia de cualquier tregua y, desde el enfrentamiento fronterizo del 7 de diciembre, los combates han sido diarios.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, expresó el viernes su expectativa de que se alcance un nuevo cese al fuego entre Camboya y Tailandia a inicios de la semana entrante.
Este lunes, en Kuala Lumpur, está prevista una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la ASEAN, con la participación de delegaciones camboyanas y tailandesas, para buscar una solución diplomática al conflicto.
China también se ha sumado a los esfuerzos, enviando la semana pasada a su representante especial, Deng Xijun, a ambos países con el objetivo de promover el diálogo y la reconstrucción de la paz. Según informó el Ministerio de Asuntos Exteriores de Camboya, Deng se reunió el viernes pasado con el primer ministro Hun Manet en Phnom Penh y destacó la importancia de frenar la escalada.
Mientras tanto, los combates en la frontera persisten, especialmente en las cercanías del templo Preah Vihear, patrimonio mundial de la UNESCO y escenario histórico de enfrentamientos. También está en disputa una franja adyacente donde, en 2008, soldados de ambos países se enfrentaron, iniciando años de violencia con un saldo de alrededor de dos decenas de muertos.
Un fallo de la Corte Internacional de Justicia en 2013 resolvió temporalmente la cuestión a favor de Camboya, pero la calma se rompió en mayo de este año tras la muerte de un soldado camboyano en un nuevo episodio armado.
Ahora, con el conflicto en recrudecimiento, Camboya denuncia que su ejército, superado en recursos y armamento, continúa bajo ataque por parte de fuerzas tailandesas, especialmente al amanecer en la zona próxima al antiguo templo.


