La transformación de Jim Carrey en El Grinch para la película dirigida por Ron Howard en 2000 se convirtió en una de las historias más comentadas de la industria del cine debido a las extremas dificultades que el actor enfrentó durante la producción.
Para soportar el exigente maquillaje y vestuario, Carrey recibió entrenamiento de un experto en técnicas de resistencia y tortura vinculado a la CIA.
Asumir el papel implicó someterse a un proceso diario de maquillaje y caracterización que podía durar entre tres y ocho horas.
El traje, confeccionado con pelo de yak, resultaba muy incómodo; las prótesis, los dientes postizos y las lentes de contacto limitaban su confort y su capacidad de movimiento.
Carrey relató a Vulture que transformarse completamente en el personaje tuvo consecuencias imprevistas.
Explicó que un actor que interpreta dolor extremo no deja de sentir ese estado al terminar la jornada, por lo que hay que ser cuidadoso con lo que se pide al asumir ese tipo de papeles.
El malestar del actor preocupó a Ron Howard y al productor Brian Grazer. Tras el primer día de rodaje, Carrey llegó a plantearse abandonar el proyecto y devolver su salario.
Grazer recordó que Carrey estaba dispuesto a devolver los 20 millones de dólares y dejar la película.
Howard describió escenas en las que el actor permanecía tendido en el suelo entre tomas, respirando con la ayuda de una bolsa de papel debido al estrés y la ansiedad provocados por el disfraz.
Dijo que lo veía literalmente en el suelo y que estaba muy afectado.
Ante la posibilidad de que su protagonista renunciara, la producción contrató a Richard Marcinko, excomandante de los Navy SEAL y experto en técnicas de resistencia al dolor y a la tortura de la CIA.
El objetivo era enseñarle a Carrey métodos para soportar el malestar físico y mental durante las largas jornadas de trabajo.
Marcinko le dio una serie de indicaciones prácticas para controlar la ansiedad: autoinfligirse golpes leves, contar con un compañero de confianza para establecer señales físicas, comer para distraerse, alterar los estímulos de la habitación, cambiar la fuente de audio si empezaba a entrar en pánico y otros recursos para recuperar el control.
Carrey añadió que hay fotos suyas como El Grinch con un portacigarrillos largo, ya que el pelo de yak podía incendiarse si un cigarrillo se acercaba demasiado.
Además, recurrió a técnicas personales para sobrellevar las jornadas maratonianas de maquillaje.
Contó que escuchar la música de los Bee Gees mientras le maquillaban le ayudó: la música le resultaba animada y le permitió soportar mejor el proceso.
La meticulosidad en la caracterización generó tensión con el estudio: el maquillador Rick Baker, ganador del Oscar, recordó que inicialmente el estudio propuso simplemente pintar la cara de verde.
Sin embargo, tanto Baker como Carrey insistieron en una transformación completa para lograr la apariencia distintiva del personaje.
Carrey describió la dificultad para respirar debido a la prótesis que cubría su nariz: la punta de la nariz del Grinch le impedía respirar por la nariz, por lo que tuvo que respirar por la boca durante el rodaje.
Más de dos décadas después del estreno, Carrey ha declarado que, si volviera al personaje, lo haría solo mediante captura de movimiento para evitar el maquillaje tradicional, subrayando el sacrificio personal que supuso el papel.
Dijo que, en el día a día, llevaba mucho maquillaje y apenas podía respirar, y que el proceso fue extremadamente doloroso; pensaba que lo hacía “por los niños”. Con la captura de movimiento, afirmó, habría otras posibilidades para interpretar al personaje.


