15 de enero de 2026
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Navidad y crítica social en el arte contemporáneo

Se acercan la Nochebuena y la Navidad.

Desde el siglo XIV, el nacimiento de Jesús ha sido representado de innumerables formas. Alejándonos ligeramente de esa iconografía repetida, ofrecemos un recorrido por artistas contemporáneos que, de manera más o menos directa, formularon críticas sobre lo que ocurre durante las festividades.

A finales de los años ochenta y principios de los noventa, el pintor argentino Rómulo Macció desarrolló la serie “Crónicas de New York”, en la que captó la energía, los contrastes y la vitalidad de una ciudad tanto fascinante como sombría.

Durante viajes repartidos en un periodo de aproximadamente tres años, cuando Nueva York ya se había consolidado como un centro global del comercio y el arte tras la Segunda Guerra Mundial, Macció produjo obras más figurativas, distintas de sus anteriores trabajos de la Otra Figuración informalista.

Papá Noel de la Quinta Avenida al Bowery es una de esas piezas. En ella aparecen varias figuras de Santa Claus —o Papá Noel— perdidas en una gran nevada, socializando y quizás compartiendo una bebida. La obra sugiere que, tras los desfiles y las grandes ventas de la Gran Manzana, puede ocultarse la desesperación a la vuelta de la esquina.

El conceptualismo de John Baldessari tomó un giro radical tras su Cremation Project de 1970, cuando quemó obras realizadas entre 1953 y 1966 y declaró que no haría “más arte aburrido”.

Buscando desafiar convenciones y provocar al espectador, Baldessari se volcó hacia la fotografía, medio que consideraba muy accesible, y comenzó a trabajar con la codificación de mensajes de consumo propios de la publicidad, lo que inevitablemente lo llevó a tratar la Navidad.

Con el tiempo optó por eliminar las imágenes y poner el énfasis en el texto, afirmando que “las obras se hacen en la mente (la idea o verdadera creación) y otros son los ejecutores”, lo que lo acercó a una autoría más conceptual.

Después de los años ochenta, Baldessari utilizó fotogramas de películas de Hollywood para crear piezas que combinaban armas, grupos de personas y escenas de afecto. En esta etapa empezó a cubrir rostros con círculos para acentuar el anonimato y obligar al espectador a reinterpretar la escena, como en Christmas (with Double Boy on Crutches) de 1991.

Su técnica incluía la serigrafía fotográfica sobre paneles de plástico Sintra de color, recortando formas y dejando la silueta coloreada del fondo. Con ello buscaba “pintar sin pintar”, interrumpiendo la información de lectura fácil para reafirmar su apuesta por la experimentación.

El británico Michael Landy plantea los límites del arte contemporáneo al convertir la destrucción y el desecho en temas centrales, como ocurrió con su instalación “Art Bin”, que transformó una galería de Londres en un vertedero donde se depositaron cientos de obras durante semanas en 2010.

Miembro de la generación de los Young British Artists de los noventa, su interés por la destrucción aparece desde temprano en su carrera. En 2001 protagonizó la performance Break Down, en la que destruyó sistemáticamente sus 7.227 pertenencias en una tienda, heredando parte de la herencia conceptual de Baldessari.

Una de las piezas en las que Landy articula su interés por lo destructivo y lo desechable fue The Waste of Christmas, realizada para la Tate Britain en 1997, un encargo vinculado a la temporada navideña que la institución convoca desde 1991.

En esa instalación colocó botellas vacías, latas, envoltorios rotos, adornos dañados, papel de regalo y árboles de Navidad desechados como espejo del gran volumen de residuos que genera la temporada, evidenciando el impacto del consumo festivo.

En 2004, el artista urbano Banksy presentó Christ with Shopping Bags, una reinterpretación de la crucifixión en la que Jesús sostiene bolsas de compras adornadas con lazos fluorescentes, de las que brota una suerte de “sangre” negra; en su interior se observan regalos como bastones de caramelo y una figura de Mickey Mouse, reforzando la crítica a la comercialización.

El fondo gris y los tonos apagados intensifican la atmósfera sombría de la obra, expresando la visión del artista sobre la superficialidad de la Navidad y cómo el consumismo puede eclipsar los valores religiosos.

Esa imagen, que no se exhibió en la calle y tuvo una edición limitada, no es la única aproximación de Banksy al tema navideño. En el Walled Off Hotel de Jerusalén reaparece la figura de Jesucristo junto a drones, en una crítica a la guerra.

En el hotel, inaugurado en 2017, también se muestra Scar of Bethlehem, que representa un pesebre junto al muro de hormigón que divide Cisjordania, con María, José y Jesús frente a una pared marcada por orificios de bala, uno de ellos con forma de estrella.

En 2014, la instalación de un árbol de Navidad inflable de gran tamaño en la Place Vendôme de París, obra del artista estadounidense Paul McCarthy, generó una intensa polémica sobre los límites del arte contemporáneo y la libertad creativa.

La pieza, titulada Tree, proponía una reducción abstracta del árbol navideño, pero su forma fue asociada rápidamente a un juguete sexual, lo que provocó reacciones mixtas entre el público y las autoridades.

La controversia escaló cuando vándalos cortaron los cables y la alimentación de la obra, dejándola desinflada en la plaza. La entonces ministra de Cultura, Fleur Pellerin, calificó ese acto como una “infracción intolerable a la libertad creativa”.

El presidente François Hollande defendió al artista y la libertad de expresión, declarando que Francia apoyaría a los artistas, aunque las opiniones sobre la obra fueran diversas.

Durante una entrevista en la calle con Le Monde, McCarthy fue agredido por un hombre que, después de confirmar su identidad, lo golpeó mientras le reprochaba haber insultado a Francia; McCarthy describió el ataque como un golpe fuerte en la cabeza.

En 2001, McCarthy ya había causado controversia en Róterdam con una escultura de bronce de Santa Claus sosteniendo un árbol similar. En ambos casos, el uso de estos elementos buscó criticar la mercantilización de las fiestas y el consumismo occidental.

“La cultura consumista es tan destructiva. Santa Claus es el dios del consumismo. Es tan icónico para mí; es un significante de la civilización occidental”, dijo McCarthy en una entrevista con HighSnobiety en 2021.

Aunque su obra suele generar controversia, McCarthy ha reconocido que no disfruta cuando sus piezas se vuelven virales. Tras la destrucción de Tree decidió no reinstalarla, argumentando que la situación ya había cumplido su función y no tenía sentido repetirla.

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