Yakutsk, situada en la parte oriental de Siberia y capital de la República de Sajá (Yakutia), es conocida como la ciudad más fría del mundo. Con más de 300.000 habitantes, la vida cotidiana se desarrolla bajo inviernos extremos: las temperaturas pueden descender hasta −64,4 °C y suelen rondar los −45 °C durante la estación fría.
Este paisaje, dominado por una extensa tundra helada, obliga a los residentes a adaptarse a condiciones poco comunes, lo que convierte a la ciudad en un ejemplo de adaptación humana al frío severo. Los días son breves y grises; en enero la luz solar puede durar menos de cuatro horas.
Investigaciones científicas han documentado las estrategias que emplean los habitantes para protegerse del frío, destacando la importancia de vestirse en capas —a veces con prendas que en conjunto pesan varios kilos— y utilizar materiales altamente aislantes para prevenir congelaciones y otros riesgos para la salud. Un artículo del British Medical Journal señala que el uso de abrigos voluminosos, gorros y guantes especializados es común, y que la exposición breve sin protección puede provocar lesiones graves por frío.
Las ventiscas y la baja visibilidad condicionan las actividades diarias: desde desplazarse al trabajo hasta abrir una puerta. El clima extremo y las grandes distancias contribuyen al aislamiento de la ciudad respecto a otras regiones.
Adaptación al frío extremo: vestimenta y vida diaria
Sobrevivir en Yakutsk requiere hacer de la protección contra el frío una prioridad. Desde la infancia, las personas se acostumbran a vestirse con varias capas: ropa térmica, camisetas y suéteres de cuello alto, chaquetas de polar y pantalones acolchados.
Los abrigos gruesos, incluidos los de pluma o piel, son esenciales, así como gorros y mitones con motivos tradicionales yakutianos, según informó Daily Mail. Testimonios locales indican que mantener la cabeza y el rostro bien cubiertos es crucial para evitar congelaciones en pocos minutos.
Pequeños descuidos, como exponer una mano, pueden causar enrojecimiento y dolor inmediato, según relatan residentes y visitantes en redes sociales y videos. Cada prenda tiene una función específica y accesorios como gorros de piel de zorro ártico adquieren gran valor funcional.
El frío también condiciona la alimentación: la imposibilidad de cultivar vegetales y la necesidad de altas calorías orientan la dieta hacia alimentos que aporten energía y grasa. Estudios muestran que la dieta tradicional se basa en carne y pescado ricos en grasas, lo que facilita la adaptación metabólica al frío. Un trabajo en Molecular Biology and Evolution describe cómo estos hábitos permiten mantener la energía en condiciones adversas.
En los mercados locales, el pescado se vende congelado en piezas que pueden cortarse con facilidad y la carne de reno es un alimento frecuente; el clima helado hace innecesarios los congeladores para conservar productos.
Análisis recientes que combinan datos isotópicos, históricos y arqueológicos confirman que la dieta tradicional en Yakutia se ha basado largamente en recursos animales locales, ajustándose a las condiciones ambientales extremas y siendo clave para la supervivencia durante siglos.
Las rutinas escolares y las actividades al aire libre se adaptan al clima: en episodios de frío intenso las escuelas pueden cerrar y las salidas se limitan. Vivir en Yakutsk exige planificación y disciplina; cada salida requiere preparación específica y prever el impacto del clima.
Durante los meses más fríos, la comunidad modifica la actividad física, la alimentación y la organización social para reducir la exposición al frío y mejorar la capacidad de resistencia. Un estudio en la American Journal of Human Biology describe cómo reducir actividades exteriores y aumentar la ingesta calórica son medidas habituales para preservar la salud y la funcionalidad.
La infraestructura de Yakutsk
El paisaje urbano en Yakutsk está condicionado por el permafrost, una capa de suelo permanentemente congelado. Las construcciones no se apoyan directamente en el terreno sino sobre pilotes, dejando un espacio de aire que evita que el calor interno derrita el suelo y provoque daños estructurales. Esta técnica determina el aspecto de muchos barrios, con casas y edificios elevados sobre el suelo, según explica Daily Mail.
El transporte también enfrenta dificultades: los vehículos requieren medidas especiales para funcionar en invierno; muchos se mantienen encendidos durante largos periodos o se cubren con lonas para proteger los motores.
Acciones cotidianas evidencian la intensidad del frío: los alimentos se congelan al instante, la respiración se vuelve visible como una nube persistente y, según residentes, sin precauciones existe incluso riesgo de que los párpados se adhieran debido a las bajas temperaturas.
A pesar de las dificultades, Yakutsk cuenta con una infraestructura consolidada: universidades, museos, mercados y teatros y una comunidad activa con fuertes tradiciones regionales. Entre diciembre y febrero se registran los días más cortos y el invierno puede durar hasta nueve meses, por lo que la vida diaria se organiza en función de estas condiciones.
La adaptación al entorno extremo no depende solo de decisiones individuales, sino también de redes comunitarias. Un estudio en Polar Record indica que la resiliencia de la sociedad yakuta se sostiene en sistemas de ayuda mutua y en la transmisión de conocimientos sobre supervivencia, lo que facilita enfrentar colectivamente el clima y el aislamiento.
El aislamiento geográfico ha marcado la historia regional: durante siglos Siberia fue destino de exilio en el Imperio ruso y la Unión Soviética, no siempre en prisiones formales, sino en un entorno tan remoto y hostil que las posibilidades de escape eran casi nulas. Esta historia contribuyó a la percepción de Yakutsk como uno de los lugares más implacables del mundo.
Contrario a la idea de que el confort y el desarrollo requieren climas templados, Yakutsk muestra que es posible mantener comunidades fuertes y una vida plena en condiciones extremas, apoyadas en la creatividad, el sentido de pertenencia y la cooperación frente al frío.


