15 de enero de 2026
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Vida cotidiana en Yakutsk, la ciudad más fría del planeta

Yakutsk, situada en el este de Siberia y capital de la República de Sajá (Yakutia), es considerada la ciudad más fría del mundo. Con más de 300.000 habitantes, la vida cotidiana transcurre bajo inviernos extremos; las temperaturas han llegado hasta −64,4 °C y rondan los −45 °C con frecuencia.

La vasta tundra helada obliga a los residentes a adaptarse a condiciones poco habituales, convirtiendo a la ciudad en un ejemplo de adaptación humana al frío severo. Los días son cortos y grises: en enero la luz solar puede no superar las cuatro horas diarias.

Investigaciones han documentado las estrategias locales para protegerse del frío extremo, destacando el uso de ropa por capas (que en conjunto puede llegar a varios kilogramos) y de materiales aislantes para prevenir congelaciones y otros riesgos de salud. Un estudio en el British Medical Journal señala que los abrigos gruesos, gorros y guantes específicos son esenciales, y que exposiciones breves sin protección pueden provocar lesiones graves por frío.

Las ventiscas y la baja visibilidad condicionan todas las actividades, desde ir al trabajo hasta abrir una puerta, y el clima extremo y la lejanía aislan a la ciudad de otras regiones.

Adaptación al frío extremo: vestimenta y vida diaria

Sobrevivir en Yakutsk implica priorizar la protección térmica. Desde niños, las personas aprenden a vestirse por capas: ropa interior térmica, camisetas y buzos de cuello alto, chaquetas de forro polar y pantalones acolchados.

Los abrigos de plumón o de piel siguen siendo prendas fundamentales, junto con gorros y manoplas muchas veces decorados con motivos tradicionales. Testimonios locales indican que mantener la cabeza y el rostro bien protegidos evita que la piel se congele en cuestión de minutos.

Pequeños descuidos, como sacar la mano sin protección, provocan enrojecimiento y dolor inmediatos, según relatos de visitantes y residentes. Cada prenda cumple una función específica y accesorios como sombreros de piel ártica son elementos prácticos y valiosos.

El clima frío también condiciona la alimentación: la imposibilidad de cultivar vegetales localmente y la necesidad de alta ingesta calórica hacen que la dieta se base en productos ricos en grasas.

Estudios académicos muestran que la alimentación tradicional se apoya en carne y pescado grasos, lo que facilita la adaptación metabólica al frío. Un trabajo en Molecular Biology and Evolution describe cómo estos hábitos ayudan a mantener energía y calor corporal en condiciones adversas.

En los mercados locales, el pescado congelado se comercializa en bloques que se cortan con facilidad y la carne de reno es uno de los alimentos más comunes; el hielo permanente hace innecesarios los congeladores para conservar productos.

Análisis recientes que integran datos isotópicos, históricos y arqueológicos confirman que la dieta en Yakutia se ha basado durante siglos en recursos animales locales, una estrategia clave para la supervivencia en ese entorno.

Las rutinas escolares y las actividades al aire libre se ajustan según el clima: ante fríos extremos, las escuelas pueden cerrar y la población reduce la exposición externa. Vivir en Yakutsk exige planificación y disciplina; cada salida requiere preparación y prever las consecuencias del clima.

Durante los meses más severos, la comunidad modifica la actividad física, la alimentación y la organización social para minimizar la exposición y optimizar la supervivencia. Un estudio en el American Journal of Human Biology señala que reducir actividades al aire libre y aumentar la ingesta calórica son medidas habituales para preservar la salud y la funcionalidad.

La infraestructura de Yakutsk

El permafrost —suelo permanentemente congelado— condiciona la construcción: las edificaciones se elevan sobre pilotes dejando un espacio de aire que evita que el calor interior derrita la base y provoque daños estructurales. Esta técnica define gran parte del paisaje urbano.

El transporte también enfrenta limitaciones. En invierno, muchos vehículos permanecen en marcha durante horas o se cubren con lonas especiales para proteger los motores y asegurar su funcionamiento.

El frío extremo se refleja en gestos cotidianos: los alimentos se congelan al instante, la respiración forma nubes visibles y, sin precauciones, existe riesgo de que partes del cuerpo se adhieran por el hielo, según residentes consultados por medios extranjeros.

A pesar de las dificultades, Yakutsk dispone de universidades, museos, mercados y teatros, y una comunidad activa con tradiciones regionales. Entre diciembre y febrero se registran los días más breves y el invierno puede durar hasta nueve meses, pero la vida urbana se mantiene organizada alrededor de esas condiciones.

La adaptación no es solo individual: redes comunitarias y la transmisión de saberes tradicionales son fundamentales. Un estudio en Polar Record destaca la resiliencia basada en la ayuda mutua y en la transmisión de conocimientos sobre supervivencia, lo que permite afrontar colectivamente el clima y el aislamiento.

El aislamiento geográfico también marcó la historia: durante siglos, Siberia fue destino de exilio en el Imperio ruso y la Unión Soviética. No siempre se trató de prisiones formales, sino de un entorno tan remoto y hostil que escapar resultaba casi imposible, lo que contribuyó a la reputación de Yakutsk como lugar implacable.

Contra la idea de que comodidad y desarrollo solo existen en climas templados, Yakutsk demuestra que es posible construir comunidades fuertes y una vida plena en condiciones extremas, apoyándose en la creatividad y el sentido de pertenencia frente al frío.

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