Tras la agitación del proceso electoral —que tensionó el tipo de cambio y la tasa de interés y afectó la actividad— el escenario político y económico se presenta ahora con mayor claridad.
Con la gobernabilidad reforzada en provincias y en el Congreso, el Gobierno nacional avanza en reformas estructurales que habían quedado postergadas y que son consideradas necesarias.
Con el dólar alejado del techo de la banda y la tasa de interés real acercándose al 10% anual, surge la oportunidad, y la necesidad, de incrementar la incorporación de crédito por parte del sector privado.
Argentina se encuentra entre los diez países con menor nivel de endeudamiento privado a nivel mundial.
La deuda de los hogares representa alrededor del 6,4% del PIB y llegó a un mínimo de 4% en 2023. Ese nivel de crédito es comparable al de economías como Bangladesh o Surinam y apenas superior al de Pakistán.
Ese valor es aproximadamente 14 veces inferior al promedio de endeudamiento de los hogares en la OCDE, que ronda el 65%, organismo al que Argentina aspira a integrarse.
El crédito corporativo también es muy reducido: para 2025 se estima que la deuda del sector privado con el sistema financiero representaría solo el 5,8% del PIB.
Detrás de este bajo nivel de endeudamiento operan múltiples factores, desde rasgos culturales hasta condiciones económicas. No obstante, la carga tributaria sobre el costo del crédito juega un papel relevante.
Además, las empresas obtienen cerca de otros 6,4 puntos del PIB en financiamiento a través del mercado de capitales, una alternativa generalmente más barata y, en su mayoría, exenta de IVA y ciertos impuestos provinciales.
Una anomalía impositiva
El IVA aplicado sobre los intereses es otra peculiaridad del sistema tributario argentino. Solo los intereses de préstamos hipotecarios destinados a vivienda única están exentos del IVA y de algunos impuestos locales.
La intermediación financiera es un mecanismo esencial para impulsar el crecimiento económico.
A nivel internacional, gravar los intereses de operaciones financieras con IVA es excepcional. Dentro de la OCDE, solo Turquía, México y Colombia aplican un IVA o impuesto equivalente sobre los intereses financieros.
En Argentina, además del IVA, los créditos soportan impuestos provinciales como sellos y, sobre todo, el impuesto sobre los Ingresos Brutos, que en algunos distritos alcanza al 9% para servicios financieros; solo el juego está más gravado en algunas jurisdicciones.
El efecto sobre el costo del crédito es notorio: un préstamo personal con un costo financiero efectivo del 106% anual puede elevarse hasta alrededor del 157% cuando se agregan 21% de IVA, 9% de Ingresos Brutos y 1,2% de sellos, lo que implica un aumento efectivo del orden del 49% por efecto de los impuestos.
A pesar de esta carga tributaria, el IVA sobre los intereses de los préstamos a hogares explica el 10,5% de la recaudación total de IVA, equivalente a aproximadamente 0,7% del PIB; esa participación debería disminuir si las tasas activas se normalizan.
En el crédito comercial, por lo general se aplica una alícuota reducida del 10,5% a responsables inscriptos, por lo que la recaudación de IVA vinculada a intereses es menor: alrededor del 2,3% del IVA total, o cerca de 0,2% del PIB.
Los países desarrollados no gravan los intereses
La Unión Europea exonera explícitamente los servicios financieros del IVA, en parte por la dificultad para determinar con precisión la base imponible: resulta complejo segmentar qué porción del interés corresponde al servicio de intermediación.
Gravar los intereses con IVA encarece el crédito y, por ende, afecta la inversión, el consumo de bienes durables y el acceso a la vivienda, amplificando las distorsiones del impuesto.
Además, varios países desarrollados sostienen un criterio conceptual: el IVA y tributos similares gravan el consumo, mientras que un préstamo es un acto de financiamiento; el hecho imponible del IVA se produciría cuando el crédito se destina efectivamente al consumo.
La importancia del crédito
La intermediación financiera es un motor clave del crecimiento: canaliza el ahorro de unos hacia el consumo y la inversión de otros.
En Argentina, como se dijo, solo los intereses de hipotecas para vivienda única gozan de exención de IVA y ciertos impuestos locales.
El crédito incrementa el consumo presente y, al mismo tiempo, posibilita inversión que expande la oferta, por lo que impulsa el crecimiento por ambas vías.
Desde abril de 2024 gran parte de la recuperación económica estuvo apoyada en el aumento del crédito; esa dinámica se moderó cuando la volatilidad de las tasas en el período preelectoral afectó la actividad de intermediación financiera.
La demanda de crédito es muy sensible a variaciones en la tasa de interés.
Una reducción significativa del costo financiero permitiría acelerar la expansión económica, mejorar la recaudación vía mayor actividad y evitaría castigar el consumo de los hogares, en especial de los de menores ingresos, que dependen del endeudamiento para estabilizar su consumo o financiar proyectos.
Con la nueva composición del Congreso, el Gobierno se propone encarar una reforma tributaria. En ese marco, suprimir el IVA sobre los intereses sería un paso importante hacia un sistema impositivo más coherente y, al mismo tiempo, un estímulo relevante para el crecimiento económico.


