15 de enero de 2026
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Impacto del móvil y redes sociales en la salud mental adolescente

Los teléfonos móviles y las redes sociales son parte habitual de la vida de millones de adolescentes en todo el mundo. Investigaciones recientes, citadas por The Washington Post, muestran que la exposición temprana y prolongada a dispositivos digitales se asocia con problemas como insomnio, ansiedad, depresión, obesidad y alteraciones cognitivas.

Mientras familias, profesionales y autoridades debaten posibles respuestas, la evidencia científica ha establecido vínculos claros entre el uso prematuro del celular y diversas consecuencias para la salud mental y el desarrollo cerebral en jóvenes.

Cómo afecta el uso del celular al cerebro adolescente

El acceso a smartphones a edades tempranas aparece como un factor central en hallazgos recientes. Un estudio encabezado por Ran Barzilay, psiquiatra infantil de la Universidad de Pennsylvania, evaluó a más de 10.500 menores y concluyó que recibir un celular a los 12 años, en lugar de a los 13, se asocia con más del 60% de riesgo adicional de sueño de mala calidad y un 40% más de riesgo de obesidad.

Esos resultados motivaron a Barzilay a retrasar el acceso de su hijo menor al teléfono, a diferencia de sus hijos mayores. “Esta no es una cuestión que pueda ser ignorada”, afirmó el investigador.

A partir de la segunda mitad de 2025, el debate pasó de cuestionar si los dispositivos afectan a la juventud a discutir la magnitud de ese impacto y las posibles respuestas sociales y políticas.

Relación entre redes sociales, sueño, obesidad y salud mental

Las investigaciones citadas por The Washington Post vinculan el uso intensivo de pantallas con una disminución comprobada de la calidad del sueño y con un aumento de los trastornos del ánimo, especialmente depresión y ansiedad. Los indicadores muestran que estos problemas se agravan a mayor tiempo dedicado a las redes sociales, y que el uso nocturno del móvil perjudica tanto el bienestar físico como el emocional.

En los últimos meses varios países adoptaron medidas regulatorias. Australia fue el primero en prohibir desde diciembre de 2024 el acceso a redes sociales para menores de 16 años, y Malasia anunció una medida similar.

En Estados Unidos, distintos estados han aprobado leyes para restringir el acceso de niños y adolescentes a plataformas digitales, en un contexto en el que expertos destacados consideran el fenómeno una posible crisis de salud pública infantil.

Diferencias según el tipo de uso: adicción, videojuegos y redes

Los estudios indican que el riesgo asociado a los dispositivos no depende solo del tiempo total frente a la pantalla. Un estudio publicado en JAMA distingue entre el tiempo de uso y los patrones adictivos: las conductas compulsivas —como el malestar ante la separación del dispositivo y la dificultad para limitar su uso— aumentan entre dos y tres veces el riesgo de ideación suicida y conductas relacionadas.

También hay diferencias según la actividad. El uso intensivo de videojuegos se asocia con más problemas internalizados, como ansiedad y depresión, mientras que el consumo elevado de redes sociales se vincula con conductas más externas, como agresividad y transgresión de normas.

Repercusiones cognitivas de la tendencia

El uso temprano y excesivo de dispositivos afecta el rendimiento intelectual: provoca dificultades de concentración, déficits de memoria y peores resultados académicos. Jason Nagata, profesor de medicina adolescente en la Universidad de California en San Francisco, señaló que incluso quienes usan redes sociales una hora al día obtienen puntuaciones inferiores a las de quienes no las usan.

Torkel Klingberg, del Karolinska Institutet, atribuye este efecto al flujo continuo de estímulos de las plataformas y advierte: “Si uno vive bajo distracción constante, la capacidad de enfocarse puede debilitarse gradualmente”.

Aunque las diferencias en puntuaciones suelen ser moderadas, la evidencia es consistente y, según Nagata, comparables a una caída relevante en el desempeño escolar.

Recomendaciones y estrategias para las familias

Ante la evidencia disponible, los expertos proponen medidas graduales y adaptadas a cada familia. Jennifer Katzenstein, neuropsicóloga pediátrica en Johns Hopkins, enfatiza que el ejemplo parental —especialmente en el uso nocturno del móvil— suele tener más impacto que prohibiciones estrictas. Reducir el tiempo de pantalla diario en una hora puede mejorar el bienestar de forma más sostenible que eliminarlo de manera abrupta.

Asimismo, aumentan las iniciativas familiares y comunitarias para fomentar actividades sin pantallas. Según testimonios recogidos por The Washington Post, la creación de redes de apoyo es cada vez más frecuente.

El diálogo temprano y constante entre padres e hijos se considera clave para anticipar riesgos y ajustar normas según el entorno y las características de cada menor, una recomendación también respaldada por Megan Moreno, codirectora del Center of Excellence on Social Media and Youth Mental Health.

Propuestas internacionales hacia la problemática

El cambio regulatorio en distintos países refleja una transición de la incertidumbre hacia decisiones basadas en datos robustos, que están redefiniendo las normas sociales y escolares sobre el uso de la tecnología en la infancia y la adolescencia.

El conocimiento científico actual permite repensar la relación con la tecnología y orientar decisiones responsables, con bases sólidas para actuar en favor del bienestar de los jóvenes.

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