15 de enero de 2026
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Ruptura saudí-emiratí redefine poder en el Golfo de Adén

El conflicto en Yemen escaló de nuevo cuando Arabia Saudita bombardeó este martes la ciudad portuaria de Mukalla. Fuentes regionales indican que el objetivo fue una remesa de armas procedente de Emiratos Árabes Unidos (EAU) dirigida a las fuerzas separatistas del Consejo de Transición del Sur (STC). Mukalla, ubicada en una ruta comercial internacional estratégica, adquiere relevancia por el impacto que su control puede tener en la seguridad del Golfo Pérsico.

Tras el bombardeo, los EAU anunciaron la retirada de sus fuerzas desplegadas en Yemen. Aunque esta medida tiene un significado político y simbólico importante, no necesariamente implica el fin del apoyo militar y financiero emiratí al STC, que sigue siendo su aliado principal en el sur del país.

El ataque saudí a Mukalla representa una tensión sin precedentes entre dos actores que hasta hace poco actuaban coordinados en la coalición contra los hutíes. Este incidente evidencia la creciente competencia entre Riad y Abu Dabi por la influencia en Yemen y añade inestabilidad a una guerra que ya ha devastado la economía y agravado la crisis humanitaria.

Las autoridades saudíes justificaron la intervención por la preocupación de que el envío de armas fortaleciera a los separatistas del sur; al mismo tiempo, la operación pretende enviar una advertencia a los EAU sobre los límites de su respaldo al STC. Arabia Saudita ha declarado que cualquier amenaza percibida a su seguridad nacional constituye una línea roja y que está dispuesta a actuar para neutralizar riesgos en su frontera sur.

Aunque la retirada emiratí se presentó como una maniobra estratégica, las declaraciones oficiales de los EAU mantienen el apoyo político y material al STC. Las autoridades emiratíes han insistido en que el futuro político y la integridad territorial de Yemen deben decidirse por los propios yemeníes, combinando respaldo a las fuerzas separatistas con un discurso diplomático de no injerencia directa.

Avance del Consejo de Transición del Sur (STC) y control de provincias clave

En las últimas semanas el Consejo de Transición del Sur (STC), con respaldo de los EAU, ha avanzado de manera significativa en el sur de Yemen. El STC agrupa a movimientos separatistas que buscan la restauración de la independencia del antiguo Sur de Yemen y ha consolidado el control sobre territorios estratégicos y económicamente importantes.

Las fuerzas del STC tomaron gran parte de las provincias de Hadramout y Mahra. En Hadramout, se apoderaron de infraestructuras relevantes, incluida PetroMasila, la mayor compañía petrolera local, tras breves enfrentamientos con tropas gubernamentales y milicias tribales. Antes de esto, la Alianza Tribal de Hadramout había ocupado temporalmente instalaciones petroleras para reivindicar mayor participación en los ingresos y mejoras en servicios públicos.

El avance del STC incluyó también la ocupación de la provincia de Mahra, fronteriza con Omán, y el control de un paso fronterizo estratégico. En Adén, el grupo, con apoyo emiratí, llegó a ocupar el palacio presidencial, sede del Consejo de Liderazgo Presidencial, reconocido internacionalmente.

Estas ganancias territoriales no solo cambiaron el equilibrio de poder en el sur, sino que tensaron más la relación con el gobierno y sus aliados tribales. El control de puertos, zonas petroleras y pasos fronterizos otorga al STC peso político y ventaja negociadora en cualquier diálogo sobre el futuro del país.

La expansión del STC se vio facilitada por la retirada de tropas saudíes de algunas bases en Adén, parte de una denominada “reubicación estratégica” promovida por Riad. En respuesta a la expansión separatista, Arabia Saudita llevó a cabo bombardeos en Hadramout, interpretados por analistas como un intento de frenar al STC y recuperar influencia en las provincias ocupadas.

El control efectivo de la mayor parte del sur y de sus recursos ha reforzado la posición del STC de cara a futuras negociaciones, dándole capacidad de veto y margen para exigir mayor autonomía o la restauración de un Estado independiente en el sur.

La guerra civil en Yemen

La guerra en Yemen se originó en 2014, cuando el movimiento hutí, con respaldo de Irán, avanzó desde su bastión en Saada y tomó la capital, Saná, forzando al gobierno reconocido internacionalmente a exiliarse. En 2015 Arabia Saudita y los EAU lideraron una coalición para intentar restaurar al gobierno y frenar el avance hutí, ampliando la dimensión regional del conflicto.

El conflicto se ha caracterizado por una compleja red de lealtades y rivalidades, incluyendo la intervención de potencias regionales con intereses enfrentados. Los hutíes consolidaron su poder en las zonas más pobladas del norte, mientras que el sur quedó fragmentado entre fuerzas progubernamentales y actores respaldados por Arabia Saudita y los EAU, acentuando la división política y social del país.

El STC emergió en 2017 como un actor relevante en el sur, apoyado por los EAU y con la intención de agrupar a grupos separatistas que reivindican la restauración de la antigua República Democrática Popular de Yemen. Con el tiempo, el STC se consolidó como la fuerza dominante en el sur, acumulando recursos e influencia y reivindicando la autodeterminación regional.

En años recientes el conflicto entró en una fase de estancamiento. Un acuerdo informal entre los hutíes y Arabia Saudita en 2022 redujo la violencia directa y los bombardeos aéreos, pero la crisis humanitaria y el colapso económico persistieron. La relativa calma se ha visto rota por la ofensiva del STC y la respuesta saudí, lo que reaviva la violencia y expone la fragilidad de cualquier equilibrio alcanzado.

El prolongado conflicto ha provocado una de las peores crisis humanitarias del mundo: millones de desplazados, escasez de alimentos y servicios básicos y una economía devastada por años de confrontación, bloqueos y destrucción de infraestructuras.

Implicaciones regionales y posibles escenarios futuros

La escalada entre Arabia Saudita y los EAU en Yemen tiene repercusiones más allá de sus fronteras, alterando el frágil equilibrio geopolítico del Golfo y el mar Rojo. El enfrentamiento entre ambos países genera incertidumbre sobre la estabilidad regional y podría llevar a una reconfiguración de alianzas y estrategias en otras áreas de interés común.

Entre los riesgos figura la posibilidad de que la fractura entre Riad y Abu Dabi derive en un conflicto interno en el sur de Yemen, con facciones rivales compitiendo por territorios y recursos. La falta de acuerdo sobre el futuro político del país dificulta avanzar hacia una solución negociada y aumenta la probabilidad de un periodo prolongado de inestabilidad.

La rivalidad también puede intensificarse en escenarios donde ambos tienen intereses contrapuestos, como Sudán y el Cuerno de África, y en la competencia por rutas marítimas y accesos comerciales estratégicos, lo que añadiría tensión a regiones ya volátiles.

Para los hutíes, la división entre Arabia Saudita y los EAU supone una oportunidad para consolidar posiciones y reducir la presión militar sobre sus territorios, permitiéndoles reforzar su control en el norte y aumentar su influencia política a nivel nacional.

La respuesta de las potencias occidentales ha sido en general contenida y prudente: existe un respaldo explícito a la integridad territorial de Yemen y al principio de un Estado unitario, pero pocas condenas directas hacia los EAU y escasos gestos públicos que presionen por una mediación activa. Esta cautela complica la construcción de consensos internacionales para una solución negociada.

En conjunto, la situación en Yemen entra en una etapa de mayor incertidumbre. La competencia entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, la consolidación del STC en el sur y la persistencia de los hutíes en el norte configuran un panorama en el que el futuro del país dependerá de la evolución de estas rivalidades y de la capacidad de las partes para alcanzar acuerdos viables.

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