Diez países occidentales solicitaron a Israel que aumente el flujo de ayuda hacia la Franja de Gaza ante las intensas lluvias e inundaciones, que abra nuevos pasos fronterizos y que garantice que las organizaciones humanitarias puedan operar de forma sostenida pese a las nuevas normas de registro impuestas por las autoridades israelíes.
Los ministerios de Exteriores de Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Japón, Noruega, Suecia, Suiza y Reino Unido advirtieron en un comunicado conjunto que 1,3 millones de personas necesitan “apoyo urgente” en materia de vivienda.
Más de la mitad de los centros de salud funcionan solo de forma parcial y carecen de equipos y suministros médicos esenciales. Además, el colapso de la infraestructura de saneamiento ha dejado a unas 740.000 personas expuestas a las inundaciones.
Aunque en diciembre la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC) suspendió su declaración de hambruna, la mayor parte de la población sigue enfrentando “altos niveles de inseguridad alimentaria aguda”.
Si bien la cantidad de ayuda a Gaza ha aumentado desde el alto el fuego, la respuesta sigue limitada por los persistentes obstáculos al acceso humanitario. Los países pidieron que se levanten las restricciones a las importaciones consideradas de “doble uso”, que afectan a equipos médicos y de refugio.
Celebraron la apertura parcial del paso de Allenby/Rey Husein, que conecta Jordania con Cisjordania y está bajo control israelí, pero lamentaron que otros corredores permanezcan cerrados o restringidos, incluido el cruce de Rafá, previsto en el plan para poner fin a las hostilidades en Gaza.
Advirtieron de que las nuevas normas de registro impondrían el cierre forzoso, a partir del 31 de diciembre, de muchas ONG en Gaza y Cisjordania, lo que tendría graves repercusiones en el acceso a servicios esenciales, incluida la atención sanitaria.
Indicaron que cualquier intento de limitar la capacidad operativa de las ONG es inaceptable: sin ellas será imposible atender las necesidades urgentes a la escala requerida, y subrayaron la importancia de que Naciones Unidas y sus asociados puedan continuar su labor vital.
Además, instaron a los grupos militantes palestinos a entregar el cuerpo del último rehén que permanece retenido en Gaza y demandaron que Hamás se desarme y renuncie a la violencia, según el plan de paz presentado por el presidente estadounidense, Donald Trump.
En respuesta, el Ministerio de Exteriores israelí calificó el comunicado conjunto de “falso” y afirmó que refleja un patrón de críticas parciales y exigencias unilaterales hacia Israel, que ignoran el requisito esencial del desarme de Hamás, considerado indispensable para la seguridad de Israel y la región.
El ministerio aseguró que la declaración omite la mejora significativa de la situación humanitaria en la Franja de Gaza desde la entrada en vigor del alto el fuego, una evolución que, según Israel, se ha logrado gracias a sus esfuerzos junto con Estados Unidos, pese a los intentos de Hamás de desviar la ayuda para fines terroristas perjudicando a la población civil.
Desde el 10 de octubre rige un frágil alto el fuego en la Franja de Gaza, en un contexto de acusaciones mutuas entre Israel y Hamás por supuestos boicots a la hoja de ruta acordada para poner fin a más de dos años de enfrentamientos, que han causado más de 71.000 muertos y una grave crisis humanitaria.
Tras la entrega de rehenes prevista en la primera fase del plan, la segunda fase aborda el desarme de Hamás y el despliegue de una fuerza internacional para evitar nuevos enfrentamientos; sin embargo, la milicia palestina ha mostrado señales de no estar dispuesta a entregar las armas.
El escenario humanitario y político sigue siendo frágil, con necesidades urgentes de asistencia, restricciones de acceso y diferencias profundas sobre las condiciones para una solución duradera y la seguridad en la región.
(Con información de Europa Press)


