Maxi López volvió a estar en el centro de la polémica, pero esta vez no por su participación en MasterChef Celebrity (Telefe) ni por su reaparición pública, sino por unas declaraciones que generaron debate en redes: relató que el nacimiento de su hijo Lando, fruto de su relación con Daniela Christiansson, se habría adelantado para que él pudiera regresar a la Argentina y cumplir compromisos laborales.
La controversia se profundizó tras la difusión de un fragmento de una entrevista en el que dio a entender que había conversado con el médico para que el parto se resolviera mediante cesárea. El programa LAM (América TV) retomó el caso y planteó la discusión central: ¿fue simplemente una mala broma o una forma de relatar un acuerdo, o implicó una presión sobre la mujer en un momento decisivo sobre su cuerpo y su decisión?
Una voz que cobró notoriedad fue la de Sol Pérez, que estuvo presente en la entrevista original y recibió críticas por no haber interrumpido la conversación. En su descargo, dijo no haberse percatado en ese momento del alcance de lo dicho y sostuvo que, en su interpretación, la decisión había sido tomada en pareja y no había sido impuesta sobre la mujer. Admitió que, con el diario del lunes, pudo haber repreguntado para aclarar el contexto, y afirmó su postura: la decisión final debe corresponder a la mujer y contar con la aprobación de un profesional médico. También recordó su propia experiencia personal con una cesárea que no fue su opción inicial.
En el debate en el estudio otras voces fueron más críticas. Marcela Feudale cuestionó la actitud subyacente, describiéndola como un ejemplo de una mentalidad en la que un hombre se siente con potestad para “programar” el parto de una mujer. Si bien no lo calificó categóricamente como violencia obstétrica, consideró que la postura roza ese terreno por la falta de respeto a la individualidad y a la autonomía de la gestante.
La periodista Luli Trujillo, embarazada, expresó su preocupación desde una mirada personal: al escuchar las declaraciones pensó en cómo reaccionaría si su propia pareja actuara de ese modo. Señaló que lo alarmante no es solo el contenido sino la ligereza con que se expresó, lo que, a su juicio, evidencia que esos comportamientos siguen siendo habituales en ciertos ámbitos. También puntualizó en el límite que debe existir sobre cuánto puede decidir la pareja respecto del cuerpo de una mujer.
Carla Czudnowsky ofreció una crítica clara y explicativa: calificó como inaceptable que un hombre decida cómo debe tener un hijo una mujer y describió de forma concreta la naturaleza quirúrgica de una cesárea —incisión en piel, músculo y útero, extracción del bebé y posterior sutura— para subrayar que se trata de una intervención médica. En su opinión, la cesárea debe realizarse únicamente por razones de salud y riesgo, y no para ajustar un nacimiento a agendas externas, y remarcó que el principal protagonista de un nacimiento es la criatura.


