El papa León XIV expresó ante los embajadores acreditados ante la Santa Sede su preocupación por un “auténtico cortocircuito de los derechos humanos” en la actualidad, en el que libertades fundamentales —como la libertad de expresión, de conciencia, religiosa y el derecho a la vida— estarían viéndose limitadas en nombre de otros supuestos “nuevos derechos”. Advirtió que el marco de los derechos humanos está perdiendo vigor y dejando espacio para la fuerza y la opresión.
En su intervención, subrayó que la protección del derecho a la vida es la base imprescindible de cualquier otro derecho humano y rechazó de forma categórica “cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo”, mencionando explícitamente el aborto, la subrogación y la eutanasia.
La Santa Sede manifestó “profunda preocupación” por iniciativas que financian la movilidad transfronteriza con el fin de acceder al llamado “derecho al aborto seguro”, calificando como “deplorable” el uso de recursos públicos para terminar con la vida en lugar de destinarlos a apoyar a madres y familias. Sobre la subrogación, sostuvo que convierte la gestación en un servicio negociable que perjudica la dignidad del niño, al reducirlo a un objeto, y la de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso reproductivo, además de alterar la vocación relacional de la familia.
En relación con la eutanasia, el pontífice afirmó que la sociedad y los Estados deben ofrecer respuestas concretas ante la vulnerabilidad, promoviendo cuidados paliativos y políticas de apoyo solidario en lugar de recurrir a lo que consideró formas engañosas de compasión, como la eutanasia.
El papa también expresó que es preocupante la reducción del espacio para la libertad de expresión, especialmente en Occidente, y denunció el surgimiento de un lenguaje al estilo orwelliano que, aunque pretende ser más inclusivo, termina excluyendo a quienes no comparten las ideologías que lo impulsan. Según indicó, este fenómeno conlleva restricciones a derechos fundamentales, empezando por la libertad de conciencia.
Sobre la objeción de conciencia, defendió el derecho de las personas a rechazar obligaciones legales o profesionales que contradigan convicciones morales, éticas o religiosas profundamente arraigadas, citando ejemplos como la negativa al servicio militar por razones de no violencia o la negativa de profesionales sanitarios a participar en abortos o eutanasias. Afirmó que la objeción de conciencia es un acto de fidelidad a sí mismo y lamentó que, en la actualidad, la libertad de conciencia esté siendo cada vez más cuestionada por Estados, incluidos aquellos que afirman basarse en la democracia y los derechos humanos.


