El momento exacto en que la erupción del monte Vesubio destruyó Pompeya en el año 79 d.C. sigue siendo objeto de debate. Aunque la tradición señala el 24 de agosto como la fecha del desastre, descubrimientos recientes han puesto en duda ese consenso.
Hallazgos en las ruinas —como frutas otoñales (granadas, higos y nueces) y monedas emitidas en verano encontradas en contextos posteriores— apuntan a la posibilidad de que la catástrofe ocurriera en octubre.
Estas evidencias complican la cronología establecida, porque, según el especialista en numismática Richard Abdy, habría sido improbable que monedas recién acuñadas hubieran llegado a la ciudad si la erupción se hubiera producido en agosto.
Uno de los hallazgos más discutidos es una inscripción hecha con carbón, descubierta en 2018 durante la restauración de una vivienda, que contiene una referencia explícita a una fecha de octubre.
Al principio, los arqueólogos supusieron que, por la fragilidad del carbón, esa inscripción debió escribirse poco antes del desastre. Posteriores análisis mostraron que el carbón puede persistir más tiempo del que se suponía, por lo que la interpretación sigue abierta, según recoge National Geographic.
Manuscritos, errores y la transmisión de la historia
La fijación de la fecha de la erupción depende en parte de fuentes escritas que han llegado a nosotros a través de copias realizadas a lo largo de los siglos. Las cartas de Plinio el Joven son valiosas, pero solo se conservan en manuscritos copiados por generaciones de escribas, un proceso propenso a errores. En algunos de esos manuscritos aparece la palabra “Novembres”, asociada al otoño en el calendario romano.
El historiador Cassio Dio, que escribió siglos después, también situó la tragedia en esa estación. No obstante, el investigador Pedar Voss señaló que las referencias a “Novembres” podrían derivar de dos errores sucesivos en la interpretación de los textos.
Ante la controversia, el parque arqueológico de Pompeya llegó a declarar que “todas las fechas fuera del 24 de agosto son invenciones”, aunque la discusión continúa ante la falta de pruebas definitivas.
El debate trasciende lo académico: para arqueólogos y científicos, cada nueva evidencia es clave para entender cómo vivían y murieron los habitantes de la ciudad. Los restos hallados permiten reconstruir aspectos cotidianos y sociales, así como medir el impacto real del desastre en la vida urbana del Imperio Romano.
El Vesubio: dinámica imparable y consecuencias
Las investigaciones científicas más recientes, dirigidas por Claudio Scarpati de la Universidad de Nápoles Federico II, describen la erupción como un episodio de extrema violencia que se extendió durante unas 32 horas.
Según estas reconstrucciones, el volcán generó una columna de ceniza que alcanzó hasta 19 metros de altura (62 pies). Hacia las 19:00 horas comenzó una lluvia de piedra pómez gris y, después de más de un día, se desencadenó la corriente piroclástica que sepultó Pompeya.
Scarpati sostiene que la devastación fue más intensa y compleja de lo que se pensaba: la mayoría de las víctimas murió por asfixia y quedó sepultada en una capa de ceniza, sin restos humanos en los niveles superiores. El investigador describió el fenómeno como un “crecendo” de violencia que borró prácticamente toda vida, según declaraciones recogidas por National Geographic.
Un enigma sin resolución definitiva
La controversia sobre la fecha de la erupción sigue abierta. Las autoridades arqueológicas mantienen oficialmente la fecha del 24 de agosto, pero cada año aparecen nuevas evidencias y planteamientos que alimentan la discusión. Para los vulcanólogos, el mes concreto no altera la comprensión de la magnitud del evento: lo determinante es la secuencia de los sucesos y sus consecuencias para la ciudad y sus habitantes.
La historia de Pompeya continúa marcada por interrogantes. Cualquier intento de precisar el momento exacto de su destrucción choca con una persistente incertidumbre alimentada por nuevos hallazgos arqueológicos y reinterpretaciones de las fuentes históricas.
La investigación prosigue, y cada avance reaviva el interés por los últimos días de la ciudad romana, cuyo destino sigue cautivando tanto a especialistas como al público general.


