15 de enero de 2026
Buenos Aires, 22 C

Impacto de la luz natural en la concentración y el rendimiento cognitivo

La exposición a la luz a lo largo del día influye en la concentración, la atención, el nivel de alerta y la velocidad de procesamiento de la información. Un estudio reciente de la University of Manchester aporta evidencia de que la luz natural, además de favorecer el bienestar, tiene un papel importante en el rendimiento cognitivo diario, la productividad y la salud mental en situaciones cotidianas fuera del laboratorio.

Luz natural y funciones cognitivas: ¿cómo se vinculan?

La investigación, publicada en la revista Communications Psychology, evaluó el efecto de la luz en la vida diaria de 58 adultos. Durante una semana los participantes mantuvieron su rutina habitual mientras un dispositivo en la muñeca registraba la cantidad de luz recibida a lo largo del día.

De forma paralela, la aplicación Brightertime, desarrollada por la universidad, se utilizó para medir el rendimiento cognitivo de los participantes en distintos momentos del día.

Los hallazgos indican que quienes estuvieron expuestos a niveles más altos de luz diurna y a una exposición más constante mostraron mejor atención, mayor alerta y menos fatiga. En pruebas de tiempo de reacción, los participantes con mayor exposición a luz natural respondieron entre un 7 % y un 10 % más rápido que los que pasaron más tiempo en ambientes con poca iluminación.

Además, la regularidad en la exposición lumínica —evitar cambios bruscos entre espacios muy claros y muy oscuros— potenció estos efectos en el rendimiento mental. Esto sugiere que no solo importa la cantidad de luz, sino también la estabilidad de la exposición durante el día.

El papel de la rutina, el sueño y la luz en el cerebro

El estudio también observó que los hábitos de sueño modulan la respuesta a la luz. Las personas que se acuestan más temprano tienden a adaptarse mejor a la iluminación intensa por la mañana, pero pueden mostrar mayor somnolencia en entornos con poca luz hacia el final del día.

Esto está relacionado con los ritmos circadianos, los ciclos internos que regulan el sueño, la temperatura corporal y el nivel de alerta. Estos ritmos funcionan como un reloj biológico que se sincroniza en gran medida por señales del entorno, entre las que la luz es una de las más relevantes.

Un patrón similar aparece con las estaciones: en invierno, por la menor duración del día, muchas personas experimentan más cansancio diurno; en verano, la mayor exposición a la luz natural suele asociarse a una sensación de mayor energía.

Biológicamente, estos efectos se atribuyen a células especiales de la retina llamadas ipRGC (células ganglionares intrínsecamente fotosensibles). A diferencia de las células responsables de la visión de formas y colores, las ipRGC detectan sobre todo la intensidad lumínica y contienen melanopsina, un pigmento sensible a longitudes de onda azul-verdosas.

Cuando estas células se activan envían señales a regiones cerebrales que regulan el reloj interno, de modo que la luz actúa como una señal ambiental que ayuda a mantener el organismo despierto, alerta y con mejor capacidad de concentración durante el día.

Aplicaciones prácticas y perspectivas de futuro

Los autores, liderados por el Dr. Altug Didikoglu, señalan que estos resultados tienen aplicaciones prácticas en lugares donde se pasa mucho tiempo bajo luz artificial, como oficinas, fábricas, escuelas o centros de salud. Aumentar la entrada de luz diurna y mantener niveles lumínicos estables podría mejorar el rendimiento, reducir la fatiga y favorecer el bienestar.

Un punto destacable del estudio es que se realizó en contextos reales, no en condiciones controladas de laboratorio, lo que permite observar cómo la luz afecta la cognición durante actividades cotidianas como trabajar, estudiar o hacer tareas domésticas, reforzando la aplicabilidad de los resultados.

Aunque la muestra fue relativamente reducida, los investigadores consideran que el trabajo abre vías para diseñar espacios más saludables. Medidas como ventanas más grandes, un mejor aprovechamiento de la luz solar o ajustar la iluminación artificial para imitar patrones naturales podrían tener un impacto positivo en la salud mental y el rendimiento diario.

Un factor clave para la salud cognitiva

Desde la University of Manchester destacan que la exposición a la luz diurna es esencial para preservar capacidades cognitivas, y que esto es complementario a la cantidad de sueño. No basta con dormir bien: recibir señales ambientales adecuadas durante el día también ayuda a mantener el cerebro activo y sincronizado con el entorno.

Los resultados subrayan la importancia de buscar luz natural y mantener una exposición regular. Es un hábito sencillo que puede favorecer la claridad mental y la energía en la rutina diaria. En un contexto en el que muchas personas pasan gran parte del tiempo en interiores, reevaluar la relación con la luz puede ser una estrategia accesible para mejorar el bienestar y la productividad.

Artículo anterior

Fortaleza emblemática del Báltico

Artículo siguiente

Incendio en Llavallol destruye galpón cochera y el trabajo de toda la vida

Continuar leyendo

Últimas noticias