El Rally Dakar nació del impulso y la visión de un solo hombre. En 1977, el francés Thierry Sabine se perdió en el desierto de Libia durante la prueba Abidjan-Niza; estuvo varios días atrapado entre las dunas antes de ser rescatado. Marcado por esa experiencia y cautivado por los paisajes africanos, Sabine decidió convertir su aventura personal en una carrera internacional singular.
La propuesta fue bien recibida: se diseñó una travesía que partiría de Europa, cruzaría el norte de África y culminaría en Dakar, Senegal. Con el lema “Un desafío para aquellos que parten. Un sueño para quienes se quedan”, Sabine creó una competición abierta, accesible incluso para quienes no contaban con títulos oficiales, con un espíritu de descubrimiento y apertura cultural.
La primera edición se celebró el 26 de diciembre de 1978 en la plaza del Trocadero, en París, y reunió a 182 vehículos. Los participantes afrontaron un recorrido de unos 10.000 kilómetros hacia Dakar, enfrentando terrenos desconocidos y condiciones extremas. De los 182 inscritos, 74 completaron la prueba; el primer campeón de la categoría de motos fue Cyril Neveu, sobre una Yamaha 500 XT.
Desde sus comienzos, el Dakar se consolidó como una prueba de resistencia y aventura: no sólo exige velocidad, sino también navegación precisa, trabajo en equipo y resistencia mental. Las largas etapas atraviesan paisajes inhóspitos, con climas severos y rutas impredecibles que ponen a prueba tanto a pilotos como a máquinas.
Una situación crítica que obligó a suspender una edición
El 5 de enero de 2008, cuando los competidores se preparaban para la salida de la primera etapa entre Lisboa y Portimão, surgió una crisis que obligó a replantear el recorrido. La tensión sociopolítica en Mauritania y la amenaza de atentados vinculados a Al-Qaeda en el Magreb generaron dudas sobre la seguridad, especialmente para los participantes europeos. El ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, recomendó cancelar la carrera por la seguridad de los pilotos franceses.
La decisión se tomó definitivamente tras el asesinato de cuatro turistas franceses en Mauritania el 24 de diciembre de 2007, un hecho que aumentó las preocupaciones por la seguridad de participantes y acompañantes. La ruta original incluía ocho de las quince etapas en territorio mauritano, por lo que el gobierno francés y la Amaury Sport Organisation (ASO), organizadora del evento, optaron por suspender la edición.
En un comunicado la ASO subrayó que la protección de aficionados y competidores era una “responsabilidad primordial” y que la seguridad nunca sería objeto de negociación. Tras la cancelación, la organización decidió trasladar la prueba fuera de África, buscando escenarios con garantías logísticas y de seguridad.
El arribo a Sudamérica: Argentina y Chile
En febrero de 2008 Étienne Lavigne anunció un cambio histórico: la próxima edición del Dakar se celebraría en Sudamérica. En 2009 Argentina y Chile fueron los países anfitriones; la carrera arrancó y concluyó en Buenos Aires, con más de 9.500 kilómetros repartidos en 15 etapas. El traslado generó una gran respuesta popular: miles de espectadores siguieron el recorrido, transformando el rally en un evento masivo y festivo.
La primera ruta sudamericana partió de la Capital Federal hacia Puerto Madryn, cruzando la llanura pampeana por Santa Rosa. Luego ascendió hacia Mendoza y cruzó a Chile por Valparaíso, continuando por La Serena hasta Copiapó y el desierto de Atacama. El regreso incluyó etapas por Catamarca, La Rioja, Córdoba y Buenos Aires, cerrando la edición.
Los ganadores de esa primera versión sudamericana fueron: en coches, Giniel De Villiers y Dirk von Zitzewitz (Volkswagen); en quads, Josef Machacek (Yamaha); en camiones, el equipo ruso Firdaus Kabirov, Aydar Belyaev y Andrey Mokeev (Kamaz); y en motos, Marc Coma (KTM).
Con el paso de los años el trazado se amplió para incluir etapas en Perú, Bolivia y Paraguay, lo que reforzó el entusiasmo regional y la capacidad logística necesaria para conservar el espíritu aventurero del Dakar. La ASO enfatizó el valor simbólico de la prueba, pero en 2018 se celebró la última edición completa en Argentina y en 2019 el rally abandonó Sudamérica tras una edición limitada a Perú.
Nuevos horizontes en Arabia Saudita
En abril, a menos de un año de la siguiente edición, la ASO anunció otra mudanza: el rally se trasladaría al Medio Oriente. La decisión respondió a la necesidad de mantener la exigencia deportiva y garantizar condiciones de seguridad y logística adecuadas. Aunque Sudamérica había resultado un escenario exitoso por su geografía y la afición local, la organización buscaba renovar la experiencia en nuevas regiones.
Desde 2020 el Dakar se disputa de forma continua en Arabia Saudita, con trazados que en conjunto se acercan a los 8.000 kilómetros en algunas ediciones. A la fecha se ha celebrado allí varias ediciones consecutivas, aunque la continuidad no está garantizada: la organización ya plantea cambios futuros.
La posible salida de Arabia Saudita responde sobre todo a la dificultad de seguir innovando los recorridos dentro del país, según admiten la ASO y participantes. Pese a inversiones significativas —se han mencionado cifras cercanas a los 75 millones de dólares para apoyar la carrera—, resulta cada vez más complejo ofrecer rutas nuevas y mantener el atractivo deportivo.
El director del Dakar, David Castera, ha señalado que el futuro del rally depende de factores geográficos y climáticos más que de preferencias personales. Un regreso a África parece poco factible por la inestabilidad en varias regiones del norte del continente. China aparece como candidato fuerte gracias al interés de empresas y equipos locales y a la disponibilidad de grandes desiertos como el Taklamakán, aunque trasladar la prueba a Asia implicaría también ajustar el calendario por las condiciones invernales en enero y otros retos logísticos.


