Las masivas protestas contra el régimen iraní han sido respondidas con una represión intensa que, según testimonios recopilados por la BBC, ha incluido ejecuciones sumarias, disparos a corta distancia contra multitudes desarmadas y morgues desbordadas. Las restricciones a la información dificultan la verificación independiente de muchos de estos informes.
La movilización ciudadana, que desafía abiertamente al poder, se ha transformado en uno de los mayores retos para los líderes religiosos en años, mientras la respuesta oficial busca acallar la disidencia a costa de numerosas vidas.
“Lo vi con mis propios ojos: dispararon directamente contra filas de manifestantes y la gente caía donde estaba”, relató Omid, un hombre de unos 40 años que participó en protestas en una ciudad del sur de Irán. Su nombre fue modificado por razones de seguridad.
Según su testimonio, las fuerzas de seguridad emplearon rifles de asalto de estilo Kaláshnikov contra civiles.
“Estamos luchando contra un régimen brutal con las manos vacías”, afirmó.
Relatos similares provinieron de distintos puntos del país tras una de las mayores oleadas de protestas antigubernamentales en años. Las movilizaciones se extendieron durante varias noches y atrajeron a más participantes después de llamados del opositor exiliado Reza Pahlavi. En respuesta, las autoridades restringieron el acceso a internet.
Un día después de una de las jornadas de mayor protesta, el líder supremo Ali Khamenei advirtió que “la República Islámica no retrocederá”. Testigos sostienen que la violencia más grave se produjo tras ese mensaje, cuando unidades bajo el mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica intensificaron la represión.
Desde Teherán, una joven describió el ambiente como apocalíptico: “Parecía el día del juicio final”. Aseguró que incluso barrios alejados del centro estaban llenos de manifestantes.
“El viernes solo mataron y mataron. Verlo me dejó sin fuerzas. Fue un día sangriento”, declaró. Tras esa jornada, dijo, muchas personas dejaron de salir a las calles y comenzaron a protestar desde callejones o desde sus casas.
En Fardis, al oeste de la capital, testigos afirmaron que miembros de la milicia paramilitar Basij atacaron a manifestantes tras horas sin presencia policial. Según esos relatos, agentes uniformados en motocicletas dispararon con munición real y vehículos sin identificación recorrieron callejones disparando incluso contra residentes que no participaban en las protestas. “Murieron dos o tres personas en cada callejón”, afirmó un testigo.
“En la guerra, ambos bandos tienen armas. Aquí, la gente solo canta y muere. Es una guerra unilateral”, añadió.
Las cifras de víctimas siguen siendo inciertas. La organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, informó que al menos 648 manifestantes murieron, incluidos menores de edad, aunque fuentes locales sostienen que el número real podría ser mayor. La BBC advirtió que no puede verificar de forma independiente estas cifras y que el régimen iraní no ha proporcionado estadísticas oficiales transparentes.
Mientras tanto, el sistema sanitario y forense se vio desbordado. Enfermeros y médicos describieron numerosos cuerpos y heridos con lesiones graves, especialmente en la cabeza y los ojos. “Los hospitales estaban saturados y no podían atender a los casos más severos”, indicaron. Algunos testigos mencionaron cadáveres apilados y cuerpos que no fueron entregados a sus familias.
Videos verificados muestran decenas de cuerpos en el centro forense de Kahrizak, en Teherán, así como camiones descargando cadáveres. Un trabajador de una morgue en Mashhad afirmó que entre 180 y 200 cuerpos con heridas severas fueron enterrados antes del amanecer. En Rasht, una fuente aseguró que se exigió a las familias “pagar por las balas” antes de retirar los cuerpos.
Ante estos informes, el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo estar “conmocionado por los reportes de violencia y uso excesivo de la fuerza”. La relatora especial Mai Sato advirtió que “independientemente del número de muertos, el uso de fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad es profundamente preocupante”.


