Kúpiansk volvió a estar bajo control ucraniano tras combates que convirtieron la ciudad en un foco de la disputa militar y diplomática con Rusia.
Fuerzas ucranianas desalojaron a los últimos grupos rusos atrincherados en el centro, en una operación de varios meses que representó un punto de inflexión para la estrategia de Kiev.
La ofensiva permitió a la Guardia Nacional llegar al ayuntamiento y volver a izar la bandera ucraniana en ese edificio clave.
El avance se produjo después de que las tropas de Kiev aislaran a las fuerzas rusas, cortaran sus líneas de suministro y redujeran su capacidad de resistencia.
El portavoz militar Víktor Tregúbov indicó que los soldados rusos restantes disponían de escasa munición ligera y víveres, y que el acceso a apoyo pesado y refuerzos estaba interrumpido.
Kúpiansk es un nodo ferroviario vital en la región de Járkov; su control podía facilitar una ofensiva hacia la capital regional y complicar la logística ucraniana hacia el sur.
La pérdida de la ciudad habría puesto en riesgo los suministros rumbo a Izium, localidad estratégica para la defensa de otros bastiones en la zona de Donetsk.
A finales de diciembre, el jefe militar Oleksandr Sirski informó que el 90% del área urbana ya estaba bajo control ucraniano, y Tregúbov indicó que se esperaba asegurar la totalidad de la ciudad antes de que terminara enero.
Pese al avance, las condiciones siguieron siendo adversas por el clima extremo, lo que dificultó el empleo de drones y aeronaves, herramientas esenciales para la vigilancia y el ataque.
La operación en Kúpiansk fue considerada un éxito militar para Ucrania en un contexto donde los progresos suelen ser limitados y costosos.
El resultado desafía la narrativa de Moscú sobre avances inevitables y un frente bajo control, y refuerza el mensaje de resistencia difundido por Kiev tras siete meses de ocupación inicial.
En el plano internacional, el desenlace tuvo repercusiones políticas: analistas citados por Associated Press señalaron que el gobierno ruso intentó usar la situación para fortalecer su posición en las negociaciones, presentando sus logros militares como argumento para presionar a los socios de Ucrania.
Por otro lado, el presidente estadounidense Donald Trump y sus asesores reafirmaron esas ideas tras mantener conversaciones con Vladímir Putin y otros representantes del Kremlin.
El presidente Volodímir Zelensky agradeció el respaldo internacional tras la recuperación de la ciudad y afirmó que la operación restablece la confianza en Ucrania.
Mientras tanto, las tropas rusas lanzaron ataques desde la otra orilla del río Oskil, aprovechando que el congelamiento del agua facilitó desplazamientos.
El Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, advirtió que esos asaltos, ejecutados en pequeñas unidades con vehículos blindados, no lograron avances en los alrededores de Podoli y Kurilivka.
(Con información de AP)


