María Álvarez vivía en el barrio Santa Rosa, sobre la calle Primera Junta, y durante años se dedicó a variadas iniciativas comunitarias que la hicieron muy conocida y querida en San Vicente. Su compromiso con la asistencia a vecinos y familias en situación de necesidad marcó su vida cotidiana: muchas personas a las que ayudaba la llamaban con afecto “mamá”, según recordó una de sus hijas.
Mientras estuvo internada, la preocupación principal de Álvarez fue el bienestar de quienes recibían su ayuda. Su hija contó que ella no estaba tranquila porque temía que las familias que esperaban la tradicional caja navideña no la recibieran. Cuando le confirmaron que la distribución se había realizado, la noticia le produjo alivio. Durante su internación, la comunidad mantuvo un contacto constante con la familia; vecinos y beneficiarios preguntaban por su estado y expresaron el deseo de visitarla. Tras su fallecimiento, fueron numerosas las muestras de dolor: mucha gente concurrió a despedirla y en las redes sociales se multiplicaron los mensajes de condolencia.
En lo familiar, María dejó cinco hijos y siete nietas. Quienes la conocían como abuela la recordaron como una persona atenta y amorosa. Una de sus hijas, Patricia, expresó la intención de seguir con la tarea solidaria que caracterizó a Álvarez, reafirmando así la continuidad de su legado comunitario.
Además de su labor voluntaria, Álvarez desarrolló actividad profesional vinculada al servicio público. Trabajó en una cooperativa para el Municipio de San Vicente y luego en ANSES, donde se desempeñó durante más de diez años hasta su jubilación, concretada en septiembre de 2025. Su familia destacó que la política y la acción social eran pasiones personales: su hijo comentó que a ella le gustaba la política y que siempre fue militante. En la localidad, su militancia se expresó a través del peronismo, desde donde canalizó buena parte de su vocación de ayuda.
El recuerdo que dejó María Álvarez en su comunidad combina la valoración por su disposición solidaria y la tristeza por su pérdida. Vecinos, personas asistidas por ella y miembros de su familia coinciden en que su entrega fue sincera y constante, y en que su obra social continuará de alguna forma gracias a quienes decidieron mantener viva su tarea. En conjunto, su historia ilustra el impacto local que puede tener un compromiso sostenido con el otro y la importancia de la continuidad del trabajo comunitario.


