De manera complementaria, en Barclays señalaron que la escalada de las tensiones geopolíticas y los movimientos en los precios del petróleo pueden aumentar la presión sobre la inflación global y complicar la trayectoria de las tasas de interés.
Irán es uno de los principales productores de petróleo del mundo y controla el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del tráfico de petroleros y gas natural licuado (GNL).
Más inflación en EEUU y menos chances de recortes
Los analistas de PPI indicaron que el repunte del crudo añade presión al panorama inflacionario de Estados Unidos y que los rendimientos de los bonos del Tesoro avanzan a lo largo de la curva: las tasas a 10 y 2 años subieron alrededor de 6 puntos básicos, hasta situarse aproximadamente en 4% y 3,44%, respectivamente.
En Charles Schwab destacaron que, aunque el movimiento inicial ha sido relativamente contenido, los efectos secundarios en la economía pueden ser importantes. Señalaron que el aumento del precio de la energía puede endurecer las condiciones financieras en EEUU, presionar el gasto de los consumidores y afectar los márgenes en sectores con uso intensivo de energía.
Advirtieron también que podría producirse un ajuste rápido al alza de las expectativas de inflación y, en consecuencia, un cambio en las proyecciones sobre la trayectoria de las tasas de la Reserva Federal.
Respecto a la política monetaria, la tensión entre un repunte inflacionario y una posible caída del crecimiento por un shock de oferta negativo será determinante en la respuesta de las autoridades.
ING afirmó que un segundo shock inflacionario de origen en la oferta —mientras todavía se sienten los efectos inflacionarios de los aranceles— podría dificultar la justificación de nuevos recortes de tasas, al menos en el corto plazo. Añadió que, si el conflicto se prolonga y la incertidumbre afecta la inversión empresarial y la confianza de los consumidores, las perspectivas de crecimiento se deteriorarían.
Como aspecto positivo, el banco señaló que el aumento del precio del petróleo ofrece a EEUU una “compensación parcial” por ser un gran productor, lo que puede mejorar su balanza energética. No obstante, advirtió que ese efecto es políticamente difícil de explicar y económicamente insuficiente para contrarrestar el daño general.
Europa y Asia, las regiones más golpeadas
ING subrayó que Europa es la región donde las consecuencias macroeconómicas se perciben con mayor dureza y en un momento especialmente inoportuno. Recordó que la eurozona estaba mostrando indicios de recuperación tras un largo período de estancamiento, pero que esa mejoría se ha visto amenazada por la nueva incertidumbre ligada a los aranceles.
Como resultado, la región podría afrontar una crisis energética que se sumarían a la crisis comercial, dado que Europa importa prácticamente todo su petróleo y una parte significativa de su GNL. Este escenario recuerda la crisis energética de 2021-2023 derivada de la guerra en Ucrania.
Sin embargo, los expertos del banco neerlandés identificaron dos diferencias clave respecto a aquella situación: Europa no enfrenta ahora el riesgo de depender de un único proveedor energético dominante, y el alza del precio del petróleo ocurre al final del invierno y no al inicio.
Por su parte, Asia parece en mejor posición para absorber un aumento repentino del precio del petróleo, pues la inflación está en general controlada en gran parte del continente. Aun así, el impacto final dependerá de la magnitud y la persistencia del alza de los precios.

