Luis María Sarco llegó a la primera división de Boca Juniors, un logro que pocos alcanzan, pero su trayectoria como futbolista profesional se vio interrumpida por un desprendimiento de retina en uno de sus ojos, lo que lo obligó a retirarse prematuramente.
El ascenso de Sarco hasta la máxima categoría se concretó en 1975, en una etapa de transición del fútbol argentino y bajo la dirección técnica de Juan Carlos “Toto” Lorenzo. Hizo todo el recorrido desde las divisiones inferiores hasta la primera y debutó en un contexto marcado por la histórica huelga de jugadores profesionales, compartiendo plantel con figuras como Hugo Orlando Gatti. A los 21 años, una lesión ocular grave puso fin a su carrera.
Durante su paso por el club dejó recuerdos entre sus compañeros. Su primer partido fue contra All Boys, ingresando en los minutos finales de una victoria por 7-0, y al día siguiente fue titular frente a Independiente, sumando experiencia junto a referentes del equipo. El traumatismo que provocó el desprendimiento de retina cerró su etapa como profesional; a pesar de una operación y de los intentos de recuperación, la recomendación médica fue tajante: no volver a jugar debido al alto riesgo de perder la visión.
La carrera de Luis María Sarco en Boca y el debut bajo Toto Lorenzo
Sarco integró un plantel en el que convivieron leyendas del club y del fútbol argentino. Firmó su primer contrato profesional en 1976, en coincidencia con la llegada de Lorenzo. Además de su labor en el mediocampo, tuvo la oportunidad de entrenar y jugar junto a Hugo Gatti, a quien admiraba desde niño; recuerda con intensidad una práctica de penales como uno de los momentos más claros de su paso por La Ribera.
El desprendimiento de retina, producto de un golpe durante un encuentro, lo obligó a abandonar la actividad profesional. Tras la operación, los resultados no fueron los esperados y el diagnóstico médico le impidió retomar la práctica por el riesgo de quedar ciego, lo que derivó en su retiro definitivo.
Una nueva vida fuera del fútbol profesional
Fuera del césped, Sarco reconstruyó su vida: formó una familia y consiguió estabilidad laboral trabajando como remisero en Villa Luzuriaga, en La Matanza, y también tuvo empleo en un banco, donde su pasado en Boca le permitió integrarse a equipos recreativos de la entidad. Aunque el fútbol profesional quedó atrás, mantuvo un vínculo afectivo con el club y transmitió a sus hijos el cariño por la camiseta xeneize.
El exjugador valora el orgullo de haber formado parte de la historia de Boca Juniors y revive ese sentimiento cuando visita el museo del club o ve las fotos de archivo. Su trayectoria refleja la capacidad de superar una adversidad grave y de encontrar nuevos caminos fuera del deporte profesional.


