21 de enero de 2026
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Ucraniana que buscaba amor en español encuentra al chamuyero perfecto

El amor apareció lejos de casa para Ezequiel, argentino, y Anna, ucraniana: un encuentro fortuito en Europa que los llevó a tomar decisiones rápidas y a construir una vida juntos a pesar de la distancia y las diferencias culturales.

Un encuentro en Ámsterdam en un idioma prestado

En 2021, mientras Ezequiel estudiaba en Alemania, su universidad organizó un evento en Países Bajos. Anna, que vivía en Polonia, también participó. Ambos estaban lejos de su entorno habitual y se conocieron allí. Aunque no compartían la lengua materna —al principio se comunicaron en inglés— conectaron de inmediato. Ezequiel recuerda haber recurrido a la música, el baile y el español para acercarse a ella, y tras unos días en Ámsterdam prometió visitarla en Polonia. Anna confiesa que dudó al principio, pero cuando él cumplió el viaje de diez días pudo verlo en su vida cotidiana y confirmar la conexión.

La visita permitió conocer rutinas, obligaciones y momentos de estrés, y reforzó la decisión de seguir juntos pese a la rapidez con la que avanzó la relación.

Unos meses de amor y una decisión sin red de contención

Tres meses después de conocerse, Eze le propuso a Anna mudarse a Frankfurt para empezar una vida en común. Ambos dejaron atrás estudios y planes previos: ella llegó a Alemania en un momento delicado, con la escalada del conflicto en Ucrania, sin papeles y sin dominar el idioma. La convivencia pasó a ser también un apoyo emocional. Anna atravesó momentos difíciles por lo que ocurría en su país y Eze la acompañó constantemente.

Incluso viajaron juntos a Ucrania cuando la situación era peligrosa; el gesto de acompañarla reafirmó la confianza entre ellos y demostró que su relación trascendía idiomas y fronteras.

El sueño de infancia de Anna

Antes de conocer a Eze, Anna ya sentía afinidad por Argentina: desde niña había admirado la serie Violetta y había desarrollado interés por el idioma y la cultura hispana. Cuando supo que él era argentino sintió que encajaba con ese sueño. Al principio le generó inseguridad verlo socializar en su primer viaje a Argentina, pero al conocer el país comprendió la calidez social y se identificó con esa forma de relacionarse. Hoy asegura que ama Argentina por su gente, su comida y su manera de vivir.

Diferencias, acuerdos y un idioma propio

La convivencia implicó adaptarse a costumbres distintas, como horarios de comida y hábitos diarios. Buscaron puntos medios y la comunicación fue clave. Ambos desarrollaron una forma propia de entenderse que, combinada con la apertura emocional que Anna no solía practicar en su cultura, consolidó una intimidad profunda. Vivieron más de tres años en Alemania, pero el clima y la sensación de que no era un lugar ideal para formar una familia los llevó a replantear su proyecto de vida.

Decidieron renunciar a la estabilidad aparente para buscar una vida con otras prioridades: viajar y vivir experiencias ahora, en lugar de postergarlas hasta la jubilación.

Apostar ahora, no después

Abandonaron trabajos estables y emprendieron un plan que incluye volver a Argentina, recorrer América Latina y, en un futuro, llegar a Estados Unidos para un Mundial. Actualmente hacen base en San Jerónimo Norte, el pueblo natal de Ezequiel, donde Anna se integró a la comunidad local. Allí encuentran el ritmo de pueblo que ambos valoran y ella se siente cómoda y bien recibida.

La historia de Ezequiel y Anna muestra cómo una decisión arriesgada, sostenida por confianza mutua y acompañamiento en momentos difíciles, puede transformar vidas. No solo cruzaron fronteras geográficas: también se animaron a cruzar sus propias barreras internas y a construir un proyecto compartido en el que cualquier lugar puede convertirse en hogar.

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