Cuando vuelven a surgir debates sobre Groenlandia, es útil recordar que Estados Unidos ya compró territorio danés en otra ocasión: las Islas Vírgenes, adquiridas en 1917 en una operación influida por la Primera Guerra Mundial.
La cesión de las entonces llamadas “Indias Occidentales Danesas” —las islas de Saint Thomas, Saint John y Saint Croix— se formalizó el 31 de marzo de 1917 por 25 millones de dólares en oro, una suma que hoy equivaldría a aproximadamente 500–600 millones de dólares.
El acuerdo fue el desenlace de medio siglo de intentos fallidos de compra que solo se resolvieron bajo la presión del conflicto bélico, según recuerda una nota publicada por Rfi.
La urgencia de la guerra
Tras la apertura del Canal de Panamá en 1914, Estados Unidos buscó asegurar las rutas marítimas del Caribe. Existía el temor de que Alemania tomara las islas danesas, situadas justo al este de Puerto Rico, y las utilizara como bases navales para amenazar el comercio y la seguridad de la región.
Para Dinamarca, estas colonias habían dejado de ser rentables décadas antes: la abolición de la esclavitud en 1848 debilitó la economía azucarera y las islas se convirtieron en una carga administrativa y financiera.
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Intentos previos de venta fracasaron: una propuesta fue bloqueada por el Senado estadounidense en 1867 y otra fue rechazada por el parlamento danés en 1902, pese al apoyo local a la idea de incorporarse a Estados Unidos.
Presión diplomática
En 1916 cambió el equilibrio de poder. Con Europa en guerra, los diplomáticos estadounidenses advirtieron que no adquirir las islas implicaba riesgos estratégicos.
El secretario de Estado Robert Lansing dejó claro que Washington podría ocupar las islas para evitar que cayeran en manos alemanas si Dinamarca no aceptaba venderlas. Dinamarca, neutral y vulnerable, finalmente cedió.
El tratado se firmó el 4 de agosto de 1916; el Senado estadounidense lo ratificó ese mismo año y la transferencia formal de soberanía tuvo lugar el 31 de marzo de 1917, fecha que en las Islas Vírgenes se conoce como “Transfer Day”.
Un pacto paralelo sobre Groenlandia
En paralelo, Estados Unidos reconoció formalmente “el derecho de Dinamarca a extender sus intereses políticos y económicos sobre la totalidad de Groenlandia”.
Esta declaración, firmada por Lansing en el marco de la Convención para la cesión de las Indias Occidentales Danesas, contribuyó a asegurar la soberanía danesa sobre la isla ártica durante más de un siglo.
Intentos posteriores
Durante la Guerra Fría, Washington no abandonó la idea de controlar Groenlandia.
En 1946 la administración del presidente Harry Truman hizo una oferta secreta a Dinamarca: 100 millones de dólares en oro y derechos sobre un yacimiento petrolero en Alaska. El secretario de Estado James Byrnes presentó la propuesta al ministro danés Gustav Rasmussen el 14 de diciembre de 1946.
Los asesores de Truman consideraban Groenlandia una posición estratégica para la defensa ante la amenaza de bombarderos soviéticos que pudieran sobrevolar el Ártico hacia América del Norte.
El ministro danés rechazó la oferta, pero Estados Unidos obtuvo acceso a Groenlandia mediante la pertenencia de Dinamarca a la OTAN en 1949 y un acuerdo bilateral de defensa que afirmaba el “pleno respeto por la soberanía de cada Parte”.
La oferta de 1946 salió a la luz en 1991 cuando se desclasificaron documentos relacionados.
En 1955 los jefes del Estado Mayor propusieron al presidente Eisenhower intentar de nuevo la compra, aunque el Departamento de Estado consideró que ya no era oportuno.
Documentos en los Archivos Nacionales de Estados Unidos muestran que la adquisición de Groenlandia fue discutida en varias ocasiones: 1867, 1910, 1946, 1955, 2019 (durante el primer mandato de Trump) y de nuevo en 2025.
Sin embargo, el contexto actual es muy distinto al de 1917. Dinamarca es ahora miembro de la OTAN y está integrada en las estructuras de seguridad europeas, mientras que Groenlandia dispone de amplio autogobierno y una identidad nacional en crecimiento.


