Un estudio publicado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington concluye que la invasión rusa de Ucrania ha provocado cerca de dos millones de bajas militares combinadas entre ambos bandos desde febrero de 2022. La cifra incluye muertos, heridos y desaparecidos y representa el mayor coste humano en un conflicto entre grandes potencias en las últimas ocho décadas.
La mayor parte de esas pérdidas corresponde a las fuerzas rusas. El informe estima que Rusia ha sufrido alrededor de 1,2 millones de bajas desde el inicio de la invasión, de las que hasta 325.000 serían muertos en combate. Según el estudio, ninguna gran potencia ha registrado pérdidas de esa magnitud desde la Segunda Guerra Mundial, superando incluso el total de bajas soviéticas en conflictos posteriores a 1945.
El CSIS advierte que el avance ruso en el terreno ha sido muy lento: en las ofensivas más destacadas de 2024 y 2025, las fuerzas de Moscú progresaron entre 15 y 70 metros diarios. Esa tasa de avance es inferior a la de casi cualquier campaña ofensiva importante de las últimas décadas y refleja la naturaleza de desgaste del conflicto.
Ucrania también ha sufrido pérdidas relevantes. Entre febrero de 2022 y diciembre de 2025, el estudio estima entre 500.000 y 600.000 bajas en las filas ucranianas, con un número de muertos situado entre 100.000 y 140.000. El presidente Volodímir Zelensky declaró en febrero de 2025 que su país había perdido cerca de 46.000 soldados desde 2022, cifra que muchos analistas consideran muy inferior a la real.
El informe calcula que las bajas combinadas podrían alcanzar hasta 1,8 millones y llegar a los dos millones para la primavera de 2026 si el conflicto continúa al ritmo actual. Los expertos enmarcan estas cifras en una guerra de desgaste en la que ambos bandos aceptan pérdidas masivas con el objetivo de agotar al adversario.
El impacto sobre la población civil ha sido igualmente grave. Observadores de derechos humanos de la ONU registraron en 2025 más muertes de civiles en Ucrania que en cualquier otro año desde 2022: 2.514 fallecidos y 12.142 heridos, un aumento del 31% respecto a 2024, cuando se documentaron 2.088 muertos y 9.138 heridos. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos ha verificado cerca de 15.000 muertes de civiles desde 2022, aunque advierte que el total real probablemente es mucho mayor.
La mayoría de las bajas civiles en 2025 ocurrieron en áreas controladas por el Gobierno ucraniano y fueron causadas por ataques de las fuerzas rusas. El incremento responde a la intensificación de los combates a lo largo de la línea del frente y al uso ampliado de armas de largo alcance, que han puesto en riesgo a civiles en centros urbanos.
Las cifras oficiales rusas sobre bajas militares son opacas: Moscú no publica datos detallados y la última cifra oficial, de septiembre de 2022, señalaba 5.937 soldados muertos, un dato desfasado. El medio independiente Mediazona, a partir de fuentes abiertas —obituarios, publicaciones de familiares y registros de cementerios—, ha documentado más de 163.000 soldados rusos muertos hasta enero de 2026.
El estudio subraya que ese recuento es probablemente solo una fracción del total real. Expertos militares citados en la investigación estiman que el análisis de cementerios, memoriales y esquelas puede abarcar entre el 45% y el 65% del número verdadero de fallecidos, lo que situaría las muertes de militares rusos entre 243.000 y 352.000 hasta finales de 2025.
El CSIS atribuye el elevado número de bajas rusas a varios factores: deficiencias en la conducción de operaciones combinadas, tácticas inadecuadas, corrupción, baja moral y la eficaz defensa en profundidad desplegada por Ucrania. En muchos casos, las fuerzas rusas han empleado infantería desmontada para desgastar las líneas ucranianas, apoyada por vehículos blindados, drones FPV, artillería y bombas planeadoras.


