28 de enero de 2026
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Argentina: menos de un millón de alumnos en 2030

La caída mundial de la natalidad es un fenómeno con potencial para modificar decisiones y políticas en varios ámbitos, incluida la educación.

Las Naciones Unidas proyectan que para 2100 la tasa promedio global de hijos por mujer será de 1,8, con variaciones entre países y regiones. En la última década América Latina registró descensos notables: Uruguay -34%, Argentina -32%, Costa Rica -27% y México -24%.

El informe de Argentinos por la Educación señala que Argentina afronta una transformación estructural del sistema educativo: se estiman 1,2 millones de alumnos menos hacia 2030. Ese cambio afecta la oferta educativa, la asignación de recursos docentes y la infraestructura escolar.

Además, Ticmas consultó a especialistas que subrayan la necesidad de analizar hoy estas tendencias para planificar el futuro del sistema educativo.

Una nueva realidad mundial ¿distópica?

Para el licenciado en Educación Bernardo Blejmar, la caída de la natalidad no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de una transformación amplia que atraviesa la política, la economía, la tecnología, el ambiente y los debates sobre valores y formas de convivencia en el siglo XXI.

Entre los factores que condicionan estas decisiones se encuentran los costos económicos de la crianza, la distribución del tiempo entre cuidado y vida profesional, expectativas de futuro inciertas, mayores incentivos individuales frente a los colectivos, y el papel de las redes y la tecnología. En algunos casos, estas preferencias se manifiestan en la elección de no tener hijos, optar por mascotas o, en escenarios más especulativos, por soluciones tecnológicas.

Argentina: un informe clave

Argentinos por la Educación, a partir de las proyecciones de la Dirección Nacional de Población, advierte que la matrícula de nivel primario podría caer 27% en 2030 respecto de 2023, lo que representa una reducción estimada en 1,2 millones de estudiantes.

El estudio, elaborado por Martín De Simone (Banco Mundial) y los coordinadores de investigación María Sol Alzú y Martín Nistal, señala que la disminución afectará a todas las jurisdicciones argentinas, aunque con diferencias regionales.

En términos absolutos, las mayores caídas se proyectan en la provincia de Buenos Aires (510.433 alumnos menos, -30,5%), la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (92.540 menos, -34,0%) y Santa Fe (87.770 menos, -24,5%).

Las menores reducciones relativas se estiman en Santiago del Estero (-19,4%), Misiones (-20,3%) y Corrientes (-21,1%), aunque estas provincias también registran una tendencia general a la baja.

Aulas que se transforman

Cecilia Veleda, investigadora en educación, destaca que la baja de la natalidad ya se refleja en la reducción del tamaño de los grupos en los niveles inicial y primario, lo que exigirá una planificación más cuidadosa de las secciones, la dotación docente y el uso de la infraestructura.

Veleda señala que la fusión de grados será inevitable en muchos casos y que ello no debe verse como un mero recorte, sino como una oportunidad para usar recursos de forma más eficiente y garantizar condiciones adecuadas de socialización y aprendizaje. También remarca la necesidad de planificar la demanda docente según la evolución de la matrícula y propone reorientar edificios escolares con baja ocupación hacia la formación docente o la educación de adultos.

El informe “Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado” (2026) indica que, manteniendo la cantidad actual de secciones, las aulas con más de 25 alumnos pasarían del 43,5% de la matrícula en 2023 al 3,9% en 2030, mientras que las secciones con menos de 20 alumnos aumentarían del 21,5% al 71% del total. Para 2030, las provincias con aulas más pequeñas serían Tierra del Fuego, Río Negro y Santa Cruz.

¿Una nueva estrategia docente?

El cambio demográfico modifica directamente el rol docente. Actualmente Argentina se ubica en una posición intermedia en América Latina, con un promedio de 16 estudiantes por cargo docente en el nivel primario urbano —por encima de Uruguay (15) y del promedio de la OCDE (14), pero por debajo de México (24), Colombia (23), Ecuador (22) y Brasil (18).

Si se mantienen las tendencias, para 2030 el promedio nacional podría descender a 12 alumnos por docente, situando al país entre los de menor cantidad de estudiantes por maestro en la región.

Lucía Faced, con experiencia en gestión educativa y políticas públicas, plantea que la baja de la natalidad no es en sí buena ni mala para la educación: es un dato estructural que obliga a revisar supuestos sobre para quiénes, cómo y para qué organizamos los sistemas educativos.

Faced recuerda que durante décadas las políticas buscaron la expansión (más escuelas, más aulas, más cobertura). En el nuevo escenario el desafío es repensar el uso del tiempo, los recursos y las instituciones a menor escala, teniendo en cuenta que la disminución de matrícula no ocurre de forma homogénea: algunas escuelas tendrán aulas vacías y otras seguirán enfrentando sobrecarga y condiciones precarias.

Propone cuestionar formatos tradicionales: ¿mantener aulas con el mismo diseño tiene sentido?, ¿se puede reorganizar el tiempo escolar para un mejor aprovechamiento?, ¿es posible agrupar por criterios distintos a la edad o combinar trayectorias? Advierte que cualquier cambio debe realizarse con un horizonte claro y marcos compartidos para evitar soluciones fragmentadas que profundicen desigualdades.

Recursos, infraestructura e inversiones inteligentes

Blejmar considera que el descenso de la población escolar puede convertirse en una oportunidad si se gestiona con visión educativa, pero advierte contra usarlo como justificación para nuevos recortes presupuestarios, práctica que ya se observa en algunos contextos.

Según Argentinos por la Educación, si se mantuvieran los ratios actuales de alumnos por sección y por docente, en 2030 el sistema requeriría 50.034 secciones y 71.250 cargos docentes menos a nivel nacional, lo que equivaldría a un ahorro estimado de aproximadamente $1.007.974 millones anuales, alrededor del 15% del crédito ejecutado por el Estado nacional en Educación y Cultura durante 2025.

Basado en clasificaciones del Global Education Evidence Advisory Panel (GEEAP) sobre costo-efectividad, el informe sugiere estrategias como redistribuir docentes hacia tutorías y programas personalizados, optimizar recursos sin comprometer acceso y calidad, y evaluar la extensión de la jornada escolar como herramienta de mejora y organización docente.

Faced insiste en que tener menos estudiantes no garantiza mejores condiciones de enseñanza si no se acompañan decisiones de política. Sin planificación y formación, las escuelas podrían seguir funcionando con reglas pensadas para la masividad. Con un marco adecuado, grupos más pequeños pueden favorecer un seguimiento más cercano de las trayectorias, nuevos usos del tiempo escolar y un liderazgo directivo más centrado en lo pedagógico; sin ello, la baja de matrícula quedaría reducida a un dato demográfico sin impacto real en las escuelas.

Una estrategia en el presente para el futuro

El documento enfatiza la necesidad de un enfoque de mediano plazo, con mecanismos claros de planificación y diálogo entre los actores del sistema, garantizando los derechos adquiridos y el acceso a una educación de calidad.

Faced valora la baja de la natalidad como una oportunidad poco frecuente para revisar reglas largamente consideradas inamovibles: en un entorno con menos presión de escala hay mayor espacio para debatir qué escuela se quiere, para quiénes y con qué formas de enseñar, sin que la disponibilidad de recursos sea el único condicionante.

En la misma línea, Blejmar alerta que el tema ya está presente y plantea la necesidad de actuar con anticipación para no quedarse atrás ante estos cambios.

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