En enero, las fuerzas del Kremlin lograron uno de los mayores avances mensuales de invierno desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, según un análisis de la AFP basado en datos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) y del Critical Threats Project. La ocupación de 481 kilómetros cuadrados casi duplica los 244 kilómetros cuadrados tomados en diciembre de 2025, lo que adquiere mayor relevancia por haberse producido en condiciones climáticas muy adversas.
La ofensiva invernal se desarrolló mientras Ucrania soportaba temperaturas de hasta -20 °C, especialmente en Kiev, condiciones que suelen dificultar las operaciones y favorecer la defensa. A pesar de ello, Moscú mantuvo el impulso ofensivo justo cuando se reanudaban las conversaciones diplomáticas tras años de estancamiento.
El avance ruso se concentró principalmente en el Donbás, la región industrial y minera del este de Ucrania que Rusia reclama como parte de su territorio anexado unilateralmente en septiembre de 2022. En la actualidad, el ejército ruso controla prácticamente toda la región de Lugansk y alrededor del 83% de Donetsk, lo que equivale a cerca del 89% del Donbás en su conjunto.
Como parte de su estrategia negociadora, el Kremlin exige la retirada de las fuerzas ucranianas de las zonas de Donetsk que aún están bajo control de Kiev, una demanda que el presidente Volodímir Zelensky ha rechazado de forma tajante. Para el líder ucraniano, ceder en la mesa lo que se ha defendido en el campo de batalla sería inaceptable, y esa discrepancia es el principal obstáculo en las conversaciones iniciadas en Abu Dabi con la participación de enviados estadounidenses.
Los avances territoriales de enero no se limitaron al Donbás. Moscú amplió su control en varias direcciones, penetrando con mayor profundidad en la región de Dnipropetrovsk —donde las fuerzas rusas entraron en el verano de 2025— y avanzando hacia el sur en la región de Zaporizhzhia. En este último frente, las tropas rusas se sitúan ahora a menos de 30 kilómetros de la capital regional, Zaporizhzhia, que antes de la guerra tenía más de 700.000 habitantes.
El avance en dirección a Zaporizhzhia tiene especial trascendencia estratégica. Las fuerzas rusas intensificaron operaciones alrededor de Huliaipole, a 80 kilómetros al este de la capital regional, en una ofensiva que busca colocar la ciudad dentro del alcance de la artillería convencional. Fuentes militares ucranianas calificaron la situación como “intensa”, señalando que las brigadas rusas superan ampliamente en número a las unidades defensoras.
El ejército ruso también registró progresos en las regiones de Járkov y Sumy, en el noreste y el norte respectivamente, abriendo múltiples frentes de presión sobre las líneas ucranianas. Este patrón de ofensivas simultáneas parece diseñado para dispersar los recursos militares de Ucrania y dificultar la concentración defensiva en sectores clave.
Analistas militares advierten que, en un contexto de desgaste continuado de ambos ejércitos, el ritmo de avance podría acelerarse rápidamente si las líneas defensivas se quiebran por falta de refuerzos o agotamiento de recursos. Ucrania afronta crecientes dificultades para movilizar nuevas tropas que compensen las bajas acumuladas tras casi cuatro años de conflicto, mientras Rusia sostiene la presión mediante una rotación constante de unidades.
Desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, Rusia ocupa actualmente el 19,5% del territorio total de Ucrania, aproximadamente 116.000 kilómetros cuadrados. De ese área, alrededor de un tercio ya estaba bajo control ruso o prorruso desde 2014, incluida la península de Crimea, anexada por Moscú en ese año.
Las conversaciones en Abu Dabi, cuya primera ronda tuvo lugar entre el 23 y 24 de enero, constituyeron el primer encuentro trilateral entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos desde el inicio de la invasión a gran escala. Las delegaciones estuvieron encabezadas por responsables de defensa y seguridad nacional de los tres países, con mediación de los Emiratos Árabes Unidos.
Se han programado nuevas reuniones para esta semana en Abu Dabi, donde se espera que las delegaciones informen a sus líderes sobre avances o estancamientos. El enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del expresidente Donald Trump, participaron en encuentros previos con Vladimir Putin en Moscú y con Zelensky en Davos, en un intento por acercar posiciones antes del encuentro trilateral.
No obstante, las expectativas de un avance significativo en las negociaciones son limitadas. La intensificación de los avances territoriales rusos en enero sugiere que el Kremlin busca fortalecer su posición negociadora mediante hechos consumados sobre el terreno, una táctica habitual en contextos bélicos donde el control territorial se traduce en mayor poder de negociación.
Mientras se desarrollan las conversaciones, Rusia ha sostenido su campaña de ataques con drones y misiles contra la infraestructura energética ucraniana, dejando a millones de personas sin electricidad ni calefacción en pleno invierno. Aunque se reportó una pausa en estos bombardeos en los días inmediatamente anteriores a la ronda negociadora prevista para esta semana, los ataques sistemáticos se han mantenido desde octubre de 2025.


