El Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania informó que, pese a la retórica de “amistad sin límites” entre Moscú y Beijing en 2022, los flujos de inversión muestran una realidad distinta durante la invasión rusa.
El volumen acumulado de inversiones chinas en Rusia se mantiene estable en torno a 17.400 millones de dólares, sin variación desde 2022. Ese año, sin embargo, se registró un aumento del 20% respecto a 2021, impulsado por decisiones previas y por un “efecto sustitución” tras la retirada de inversores occidentales.
Para 2025, el crecimiento se estancó. El único sector con un aumento notable fue el de servicios financieros, con un crecimiento relativo del 50%. Mientras que en 2022 los bancos chinos en Rusia ofrecían diversos apoyos, en 2025 su expansión se centró en facilitar el comercio bilateral —especialmente mediante el desarrollo de canales de pago y liquidación— y no en la creación de nueva capacidad productiva.
Por el contrario, las inversiones en materias primas, históricamente atractivas para China, descendieron levemente, de 9.000 millones de dólares a 8.800 millones, según la agencia estatal de investigación.
El análisis ucraniano subraya que los inversores chinos son muy pragmáticos: participan en la economía rusa solo cuando consideran que sus operaciones son seguras frente a las sanciones internacionales y, en muchos casos, evitan la inversión directa.
No obstante, funcionarios de Beijing habrían afirmado que “China no puede permitirse que Rusia pierda la guerra en Ucrania”. Durante una reunión de cuatro horas el 3 de julio de 2025 con la vicepresidenta de la Comisión Europea, Kaja Kallas, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, rechazó las acusaciones occidentales de que China financia o arma a Moscú.
Aun así, China se consolidó como el principal proveedor de bienes de doble uso para la industria de defensa rusa y facilitó a Moscú la elusión de sanciones occidentales.
La declaración, que sorprendió a la delegación de la Unión Europea, pone de relieve el cálculo estratégico de Beijing: una derrota rusa podría redirigir la presión estadounidense hacia Asia y, en particular, hacia Taiwán. Para China, evitar una victoria ucraniana constituye un objetivo geopolítico importante, aunque públicamente el régimen de Xi Jinping siga declarando su apoyo a una resolución pacífica del conflicto.
Por su parte, a finales del año pasado el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, afirmó no percibir disposición por parte de China para sumarse a una vía de paz que ponga fin al conflicto, que está a punto de cumplir cuatro años.
Zelensky dijo que las autoridades ucranianas “siempre han querido que China presione a Rusia para detener la guerra, pero desafortunadamente no lo ha hecho”, y agregó que China ha incrementado sus importaciones de energía rusa. Según el presidente, “Rusia gasta el dinero de esas exportaciones en la guerra” y “por desgracia, ese es el papel que China desempeña hoy”.
Las negociaciones por la paz se reanudarán la próxima semana
Estados Unidos busca que Ucrania y Rusia pongan fin a la guerra antes de junio y ofreció organizar una nueva ronda de conversaciones la próxima semana, informó Zelensky el sábado.
La administración del presidente Donald Trump presionó a ambas partes para alcanzar un acuerdo, mediando recientemente en encuentros en Abu Dabi, aunque persiste el desacuerdo sobre el estatus de los territorios ocupados.
Rusia, que actualmente controla cerca del 20% del territorio ucraniano, exige el dominio total de la región de Donetsk como condición para un posible acuerdo. Kiev, en cambio, rechaza cualquier pacto que no garantice la disuasión de futuras invasiones rusas.
“Estados Unidos propuso por primera vez que los dos equipos negociadores —Ucrania y Rusia— se reúnan en Estados Unidos, probablemente en Miami, dentro de una semana”, declaró Zelensky a la prensa. “Dicen que quieren tener todo listo para junio”, añadió.
Zelensky expresó su frustración ante demandas de concesiones que considera desproporcionadas para Ucrania frente a Rusia y recalcó que no aceptará acuerdos entre Washington y Moscú que excluyan a Kiev o comprometan la soberanía ucraniana.

