Juan Carlos Desanzo, figura destacada del cine argentino, murió a los 88 años, según confirmó Directores Argentinos Cinematográficos (DAC). Fue director, guionista y director de fotografía, y su obra abarcó varias generaciones y géneros relevantes para la cultura nacional.
Su fallecimiento supone una pérdida importante para la industria; era reconocido como uno de los autores más influyentes del cine argentino y por su contribución sostenida a la identidad del sector.
Desanzo inició su carrera en la década de 1960 como director de fotografía en films emblemáticos. Entre sus trabajos más conocidos están Un guapo del 900, La hora de los Hornos, The Players vs. Ángeles Caídos, Crónica de una señora, Los gauchos judíos, Juan Moreira, La tregua, No toquen a la nena, El muerto, Los pasajeros del jardín y El infierno tan temido.
Su trabajo en esas películas fue valorado por la diversidad de estilos y su solvencia técnica. DAC lo describió como un compañero constante y un firme defensor del quehacer cinematográfico.
A partir de 1983 se consolidó también como director y guionista, con títulos relevantes para el cine argentino como El desquite, En retirada, La búsqueda, Al filo de la ley, Eva Perón, Hasta la victoria siempre, La venganza, El amor y el espanto, El Polaquito y Verano amargo.
Menos de una semana antes de su muerte participó en una conferencia de prensa en el Congreso de la Nación organizada por el Espacio Audiovisual Nacional. Allí respaldó el reclamo contra la reforma laboral impulsada por el Poder Ejecutivo y se sumó a un colectivo de artistas y legisladores preocupado por el futuro de la producción cultural local. En ese contexto ironizó al decir: “Cuando hice mi película Eva Perón fui apoyado fervientemente por la diputada peronista Patricia Bullrich”.
El Espacio Audiovisual Nacional reunió a personalidades de distintas áreas del cine, la televisión y la cultura. La presencia de Desanzo reforzó la legitimidad del reclamo, ya que su trayectoria lo convertía en una voz respetada dentro y fuera del ámbito audiovisual.
Para Juan Carlos Desanzo el cine fue más que una vocación: fue su refugio diario. También reconocido como fotógrafo, trazó desde sus primeros años un vínculo profundo con las películas y las cámaras y colaboró con figuras centrales del cine argentino.
“A los cinco años tuve que empezar a trabajar, mi realidad era muy carenciada”, contó Desanzo en una entrevista con Coco Blaustein en Radio Nacional en 2020, recordando que sus primeras tareas incluían repartir hielo en un carrito con rulemanes, una imagen que refleja la precariedad de su entorno.
El descubrimiento del cine llegó por casualidad. Relató: “Una vez me tocó hablar con un hombre que me pidió si podía entregar sus folletos de su cine en todos los domicilios donde entregaba el hielo. Así fue que a cambio me dejaba entrar al cine todas las veces que quisiera gratis. Todos los días de mi vida iba al cine”, y atribuyó a esa experiencia el origen de su amor por el séptimo arte.
A lo largo de su carrera se consolidó como uno de los directores de fotografía más solicitados del país. Trabajó con Fernando “Pino” Solanas en proyectos de fuerte contenido político y social, como La hora de los hornos (1968). Sobre esa experiencia describió la película como “una película clandestina” y la reconoció como “un acto de liberación”, reflejando el clima de la época y los riesgos asumidos por los realizadores.
La despedida del realizador será en una ceremonia privada. El impacto, el compromiso y la influencia de Juan Carlos Desanzo permanecerán en la industria que contribuyó a construir.

