22 de febrero de 2026
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Pintura rupestre más antigua redefine la cronología del arte en Asia

El hallazgo de la pintura rupestre más antigua conocida, en una cueva de la isla de Muna (Indonesia), evidencia capacidades cognitivas avanzadas en los primeros Homo sapiens y modifica la cronología aceptada sobre el surgimiento de la creatividad humana.

La pieza confirma el desarrollo simbólico de poblaciones prehistóricas del sudeste asiático y sugiere que estas comunidades podrían haber participado en migraciones hacia Australia mucho antes de lo planteado por teorías tradicionales.

La obra, en la cueva Liang Metanduno, es una plantilla de mano en negativo pintada en rojo; presenta además una particularidad: uno de los dedos está representado como una garra, rasgo que indica una intención creativa y un grado de abstracción poco comunes en registros tan antiguos.

Un estudio publicado en la revista Nature establece, mediante análisis modernos, que la imagen tiene al menos 67.800 años de antigüedad, superando por 1.100 años el registro anterior de una silueta de mano en España.

La datación se realizó con una técnica liderada por el profesor Maxime Aubert (Universidad Griffith, Australia). El método de datación por ablación láser de la serie del uranio permitió analizar finas capas de carbonato cálcico sobre el pigmento y arrojar resultados precisos que sitúan la plantilla de Muna entre 75.400 y 67.800 años. Equipos independientes replicaron estos resultados, y el hallazgo fue divulgado también por National Geographic.

El alcance del descubrimiento va más allá de su antigüedad. Para Adhi Agus Oktaviana, arqueólogo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN), la pintura demuestra una “cognición sofisticada” en los habitantes del Pleistoceno tardío.

Además de las plantillas de manos, el panel incluye motivos más recientes, con antigüedades de hasta 20.000 años, lo que confirma el uso prolongado del sitio como espacio de producción artística durante más de 35.000 años.

Contrariamente a la visión que sitúa a Europa como el origen del pensamiento simbólico, hallazgos en Sulawesi y ahora en Muna muestran que la creatividad y la capacidad narrativa tampoco surgieron exclusivamente en ese continente.

El profesor Adam Brumm, codirector de la investigación y miembro de la Universidad Griffith, destacó ante la BBC que la creatividad es inherente a nuestra especie y que existen pruebas que se remontan a África, donde evolucionamos.

Un nuevo paradigma sobre los orígenes del arte y la migración humana

Este análisis cuestiona la narrativa tradicional sobre el origen y la expansión del arte simbólico. Hasta hace poco se sostenía que un “big bang” del pensamiento abstracto ocurrió hace alrededor de 40.000 años en Europa, coincidiendo con la aparición simultánea de pinturas, grabados y herramientas complejas en Francia y España.

Sin embargo, investigaciones previas en Africa, como las de la cueva de Blombos, han documentado comportamientos simbólicos —cuentas, marcas y grabados— con dataciones entre 70.000 y 100.000 años.

Los especialistas sostienen que el arte de Muna extiende esa línea temporal hacia Asia y desafía la visión eurocéntrica sobre los orígenes de la creatividad humana. En 2019, estudios en Sulawesi documentaron escenas narrativas de unos 51.200 años con figuras humanas y animales, incluidas representaciones teriántropas, lo que demuestra la capacidad de imaginar seres inexistentes.

Las manos transformadas en garra, según Aubert y Oktaviana, destacan el nivel de abstracción necesario para el surgimiento de rituales, lenguajes y creencias religiosas.

Por ahora no se ha encontrado una evidencia equivalente en especies hermanas del Homo sapiens, como los neandertales; las pinturas atribuidas a estos grupos en cuevas españolas continúan siendo objeto de debate sobre su datación y origen.

Aubert subraya que la innovación en técnicas de datación fue clave para revelar el papel de Asia, ya que el arte del sudeste asiático utiliza ocre, material que dificulta las dataciones por carbono en comparación con las obras europeas hechas en carbón vegetal.

Implicancias para la migración y poblamiento de Australia

Uno de los aspectos más relevantes del descubrimiento es su impacto en la comprensión de las rutas que siguieron los humanos modernos para llegar a Sahul, el antiguo territorio que integraba Australia, Tasmania y Nueva Guinea.

La presencia humana y la creatividad simbólica en Sulawesi hace 67.800 años refuerzan la hipótesis de que la colonización de Australia pudo haber ocurrido mucho antes de los ~50.000 años que se aceptaban tradicionalmente.

Helen Farr, arqueóloga marítima de la Universidad de Southampton, señaló a National Geographic que el hallazgo en Muna respalda estudios genéticos sobre poblamientos tempranos y sugiere que las poblaciones disponían de tecnología marítima para cruzar en mar abierto entre Wallacea y Australia hace unos 65.000 años.

Sulawesi, en la región de Wallacea entre Asia y Australia, habría funcionado como punto clave en la travesía insular hacia el continente australiano. Oktaviana considera plausibles rutas alternativas hacia el sur y la existencia de más arte rupestre en otras islas aún no exploradas; como dijo a National Geographic: “Aquí hay una cueva, y puede que haya más arte rupestre”.

Las similitudes entre artefactos y tradiciones de los pueblos aborígenes australianos y las evidencias de Muna, de casi 68.000 años, sugieren vínculos posibles entre esos antiguos pobladores y la cultura australiana actual.

En este sentido, el arte rupestre se presenta como una fuente valiosa para rastrear la presencia humana prehistórica, dado que el registro óseo del Pleistoceno en Sulawesi es escaso y menos concluyente frente a la persistencia de la actividad artística en las cuevas.

Significado cultural y futuro de la investigación

La transformación del contorno de la mano en una forma de garra abre preguntas sobre la relación de los humanos primitivos con sus creencias, rituales y el entorno natural. R. Cecep Eka Permana, etnoarqueólogo de la Universidad de Indonesia, plantea que estas siluetas podrían vincularse a rituales para alejar la mala suerte, prácticas que aún se observan en algunas comunidades indígenas de Sulawesi.

Para los equipos científicos, la evidencia indica que la mente moderna estaba ya plenamente desarrollada mucho antes de la expansión humana en Europa. Aubert resumió esta idea en National Geographic: “Lo que vemos es una idea compleja. Están dibujando algo que en realidad no existe”.

El trabajo en Liang Metanduno se suma a una red de yacimientos en Indonesia donde los antiguos habitantes demostraron dominio del arte, la navegación y la adaptación a entornos insulares, lo que obliga a revisar nuestras explicaciones sobre los orígenes de la inteligencia y la creatividad humanas.

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