Desde la costa frente a Perth, en el suroeste de Australia, se alza una colina de tonalidad azul que a veces aparece clara en el horizonte y otras se pierde entre la niebla. Glen Stasiuk, profesor de la Universidad de Murdoch y director del documental Wadjemup: Black Prison — White Playground, dijo a CNN Travel que la isla “a veces quiere ser vista y a veces quiere esconderse”.
Así comienza la historia de Rottnest Island, llamada Wadjemup por el pueblo Noongar: un lugar de playas y aguas brillantes que guarda, sin embargo, una de las páginas más dolorosas de la historia australiana.
La morada de los espíritus
Para la comunidad Noongar, Wadjemup no es solo un paisaje atractivo; es un espacio de gran significado espiritual. Según Len Collard, profesor emérito y anciano Noongar, en la tradición de su pueblo el espíritu de una persona viaja hacia el oeste, hacia las islas, al lugar de los fantasmas, tras la muerte.
Esa dimensión espiritual se vio afectada por la colonización: la isla fue escenario del mayor número de muertes de personas aborígenes bajo custodia en Australia. Tras la llegada británica en 1788 comenzaron los conflictos con los pueblos originarios, y en 1838 Wadjemup fue convertida en prisión para niños y hombres aborígenes. Los primeros detenidos llegaron en bote, pernoctaron en cuevas costeras y trabajaron extrayendo piedra caliza para construir la cárcel.
La mayoría habían sido apresados por delitos considerados menores por los colonos —como tomar ganado o raciones— y fueron juzgados en un sistema ajeno a su idioma y cultura. Stasiuk señala que muchos prisioneros procedían de áreas remotas, como Kimberley, a más de 2.000 kilómetros, y que varios no habían visto el mar antes de ser trasladados encadenados a la isla.
En Wadjemup los detenidos fueron forzados a realizar trabajos extenuantes: el muelle, las cabañas, la prisión y la residencia del gobernador fueron levantados por mano de obra aborigen. Collard subraya que ese trabajo sirvió para justificar costes coloniales y utilizar a los aborígenes como fuerza laboral barata en proyectos posteriores.
Las condiciones carcelarias eran duras: hacinamiento, enfermedades y castigos frecuentes. Henry Vincent, un alcaide descrito por Stasiuk como “particularmente bárbaro”, fue acusado en relatos de encadenar, golpear y hasta disparar contra reclusos, sin enfrentar juicio por esos hechos. Una calle de la isla llevó su nombre hasta 2022.
Hacia finales del siglo XIX aumentaron las presiones para cerrar la prisión y en 1902, después de 93 años de funcionamiento, fue clausurada. Casi 4.000 hombres y niños aborígenes pasaron por Wadjemup; 373 murieron allí y la mayoría fue enterrada en tumbas sin identificar.
Del dolor al turismo: la reinvención de Rottnest
Pese a ese pasado, Rottnest Island es hoy un destino muy visitado: CNN Travel señala que más de 800.000 turistas llegan cada año para disfrutar las playas y ver al quokka, un marsupial popular en redes sociales. Gran parte de quienes la recorren desconocen, sin embargo, la historia que se oculta bajo sus senderos.
Tras el cierre del presidio, el edificio principal se reconvirtió en alojamiento turístico en 1911. Collard apunta que al instalar servicios modernos y demoler muros se perdió buena parte del patrimonio original: “Los turistas pagan por una habitación y duermen donde murieron estos hombres”, comentó.
El terreno donde yacen muchos prisioneros fue durante décadas un área de camping llamada Tentland; entre 1911 y 2007, generaciones de veraneantes durmieron apenas por encima de una de las mayores fosas comunes indígenas del país. Stasiuk recuerda haber enfermado tras acampar allí en los años setenta hasta que su abuela le dijo que el lugar estaba maldito. Aunque en 1970 se hallaron restos óseos, el camping no cerró hasta 2007 y el antiguo presidio dejó de funcionar como resort en 2018. Desde entonces hay otras opciones de alojamiento en la isla, alejadas del área de Tentland.
La actualidad: memoria, ritual y reconciliación
Para el pueblo Noongar, Wadjemup sigue siendo un lugar sagrado y un recordatorio constante. Collard lo describe como un centinela que mantiene viva la presencia de los ancestros; Stasiuk enfatiza la necesidad de reconocer y transmitir la historia aborigen de la isla.
En 2020 la Rottnest Island Authority lanzó el Proyecto Wadjemup para reconocer oficialmente lo ocurrido mediante ceremonias, memoriales y narrativas históricas. El plan incluye la dignificación del cementerio, la conservación del edificio original de la prisión y la realización de ceremonias culturales que favorezcan la sanación comunitaria.
En 2024 se celebró el Wadjemup Wirin Bidi (Sendero del Espíritu), una ceremonia privada que reunió a unas 200 personas aborígenes de todo el país para despedir a sus ancestros y liberar sus espíritus. Hoy esa compleja memoria forma parte de la oferta turística mediante recorridos culturales liderados por guías aborígenes.
Casey Kickett, guía Noongar y directora de Koordas Crew, define su trabajo como un puente entre la belleza de la isla y su tragedia: a través de talleres y caminatas acerca a los niños a la cultura Noongar para que, cuando sean mayores, comprendan la historia de Wadjemup. Collard, pese al dolor, dice seguir visitando la isla para honrar a sus antepasados enterrados allí.
Los visitantes pueden recorrer el Museo Wadjemup o participar en tours culturales guiados por aborígenes. Kickett recomienda un gesto sencillo y respetuoso al llegar: arrojar un poco de arena al agua al bajar del muelle y presentarse al Country y a los ancestros. Collard anima a quienes crucen a la isla a saludarla, a reconocer lo ocurrido y a comprometerse a reparar el pasado en el presente.

