El gobierno sirio informó que el mes pasado miles de familiares de combatientes del Estado Islámico escaparon en masa del campamento de Al-Hol, aprovechando un vacío de seguridad tras la retirada de las fuerzas lideradas por los kurdos.
Noureddine al-Baba, portavoz del Ministerio del Interior, dijo en una rueda de prensa en Damasco que al tomar el control del recinto las fuerzas gubernamentales se encontraron con un escenario caótico: el perímetro de 17 kilómetros presentaba más de 138 brechas que facilitaron la huida de numerosas mujeres y niños hacia destinos desconocidos.
“Cuando nuestras fuerzas llegaron, se encontraron con casos de fugas colectivas debido a que el campamento se había abierto de forma desordenada”, explicó al-Baba.
El portavoz atribuyó la crisis a la salida repentina, el 20 de enero, de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), que administraron el lugar durante una década con apoyo de Estados Unidos, sin coordinación previa con las autoridades sirias ni con la coalición internacional.
Al-Hol, en el noreste de Siria, llegó a albergar hasta unas 73.000 personas tras la derrota territorial del Estado Islámico en 2019.
Antes de la reciente ofensiva gubernamental, la población del campamento era de alrededor de 23.500 personas, en su mayoría sirios e iraquíes, además de unos 6.500 extranjeros de 44 nacionalidades retenidos en una sección de alta seguridad.
Cierre definitivo
La confirmación de las fugas se produjo pocos días después de que el gobierno anunciara el cierre definitivo de Al-Hol. Fadi al-Qassem, representante del Ministerio de Relaciones Exteriores para la gestión del campamento, indicó que el último convoy de residentes salió el domingo por la mañana. Los sobrevivientes que no huyeron fueron trasladados al campamento de Akhtarin, en la provincia de Alepo, o repatriados a Irak con la asistencia de la ONU.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, corroboró que un número no especificado de residentes abandonó el campamento por su cuenta para evitar ser capturados por las tropas leales al presidente Ahmad al-Sharaa, que han retomado amplias zonas del norte del país.
La inestabilidad en los centros de detención motivó una respuesta urgente de Estados Unidos. Antes de que las fuerzas sirias completaran su avance, el ejército estadounidense trasladó a más de 5.700 presuntos miembros del EI desde cárceles en Siria a centros seguros en Irak, en un intento por impedir que se integren en células dormidas en la región, según el Comando Central de EEUU.
Aunque Al-Hol ha sido vaciado, persiste la incertidumbre sobre el campamento de Roj, una instalación más pequeña aún controlada por las SDF donde se concentran la mayoría de los extranjeros. La semana pasada, el gobierno sirio bloqueó el traslado de 34 mujeres y niños australianos que intentaban llegar a Damasco para ser repatriados, alegando falta de coordinación con los kurdos.
El paradero de los miles que escaparon a través de las brechas del muro de Al-Hol sigue siendo una preocupación de seguridad internacional. Las autoridades temen que el colapso del sistema de detención kurdo facilite el resurgimiento de un grupo que en 2014 perpetró ejecuciones masivas y la esclavitud de miles de mujeres y niñas en Siria e Irak.

