25 de febrero de 2026
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Sangre de centenarios: claves de longevidad y protección frente a enfermedades

Un análisis de sangre en centenarios suizos detectó 37 proteínas asociadas con un envejecimiento más lento, lo que sugiere que ciertos procesos biológicos clave siguen activos incluso a edades extremas, según un estudio publicado en la revista Aging Cell.

Este hallazgo forma parte del estudio SWISS100, el primer proyecto suizo a gran escala sobre centenarios, realizado por la Universidad de Ginebra (UNIGE) y la Universidad de Lausana (UNIL). Sugiere que la longevidad extraordinaria podría depender tanto de factores moleculares como de hábitos de vida, dado que apenas el 0,02 % de la población suiza supera los 100 años.

El equipo liderado por Karl‐Heinz Krause, profesor honorario de la Facultad de Medicina de la UNIGE, comparó tres grupos: 39 centenarios (100–105 años, 85 % mujeres), 59 octogenarios y 40 adultos de 30 a 60 años.

Los análisis mostraron que, en el caso de esas 37 proteínas, los centenarios presentan un perfil proteico más parecido al de los adultos jóvenes que al de los octogenarios, especialmente en marcadores de estrés oxidativo, cuyos niveles son notablemente inferiores respecto a los octogenarios y a la media geriátrica.

Krause señaló que el grupo de octogenarios permite entender mejor cómo evolucionan ciertos marcadores a lo largo de la vida y ayuda a distinguir entre el envejecimiento habitual y el excepcional observado en los centenarios.

Los autores recuerdan que la población de personas mayores de 85 años y la de centenarios han aumentado de forma considerable en las últimas décadas y seguirán creciendo por mejoras en el estilo de vida y en medicina.

Advierten que, para 2050, la población europea de 85 años o más se duplicará y el número de centenarios en el mundo podría acercarse a los cuatro millones. Ese crecimiento plantea un reto demográfico porque el envejecimiento es el principal factor de riesgo para enfermedades crónicas y mayor vulnerabilidad, por lo que es crucial impulsar la investigación sobre el envejecimiento.

Las proteínas halladas en la sangre de los centenarios

Los científicos evaluaron 724 proteínas en suero, entre ellas 358 marcadores de inflamación y 366 marcadores cardiovasculares, áreas clave para la longevidad.

“De las 724 proteínas, 37 mostraron un comportamiento realmente sorprendente”, destacó Flavien Delhaes, investigador de la UNIGE y primer autor del estudio.

En los centenarios, los perfiles de esas 37 proteínas se asemejan más a los de personas jóvenes que a los de octogenarios. Representan aproximadamente el 5 % de las proteínas medidas, lo que sugiere que el envejecimiento no se detiene por completo, sino que algunos mecanismos esenciales se ralentizan significativamente.

El resultado más destacado se observó en cinco proteínas vinculadas al estrés oxidativo provocado por radicales libres, cuya fuente principal son la inflamación crónica —cuando los glóbulos blancos los generan para defender el organismo— y las mitocondrias disfuncionales que liberan estas moléculas en exceso.

Krause planteó la pregunta: “¿Los centenarios generan menos radicales libres o poseen defensas antioxidantes más eficaces?” La respuesta del equipo fue que los centenarios presentan niveles significativamente reducidos de proteínas antioxidantes clave; esto indica que, al existir menor estrés oxidativo, necesitan menos proteínas antioxidantes para protegerse.

Otras proteínas con niveles similares a los de sujetos jóvenes están implicadas en la regulación de la matriz extracelular, que sostiene los tejidos. Algunas de estas proteínas podrían tener además un papel protector frente al cáncer. Varias relacionadas con el metabolismo de grasas y glucosa aumentan marcadamente con la edad en octogenarios y mayores, pero se mantienen relativamente estables en los centenarios.

También se observó una baja presencia de la interleucina‐1 alfa, una proteína proinflamatoria, y una conservación adecuada de la DPP‐4, la enzima que degrada el GLP‐1, hormona central en el control de la insulina y objetivo de tratamientos modernos contra la diabetes y la obesidad.

Delhaes explicó que, al degradar el GLP‐1, la DPP‐4 contribuye a mantener niveles de insulina relativamente bajos, lo que podría proteger frente al hiperinsulinismo y al síndrome metabólico.

En conjunto, estos hallazgos sugieren que la longevidad se asocia a un equilibrio metabólico fino: no tanto una mayor producción de hormonas como una regulación optimizada del metabolismo.

Genes y longevidad

El proyecto SWISS100 —dirigido por Daniela Jopp, de la Universidad de Lausana— aborda la longevidad desde cuatro disciplinas: sociología, psicología, medicina y biología, y es el primer estudio amplio sobre centenarios en Suiza.

La comparación con octogenarios es esencial para diferenciar patrones de envejecimiento normales de aquellos excepcionales que caracterizan a los centenarios. A largo plazo, estos hallazgos podrían orientar nuevos enfoques terapéuticos para reducir la fragilidad en las personas de edad avanzada.

Por ahora, el estudio subraya la importancia de un estilo de vida saludable, sobre el que podemos actuar. Dado que el componente genético de la longevidad representa solo alrededor del 25 %, factores como la alimentación, la actividad física y las relaciones sociales desempeñan un papel clave. Por ejemplo, consumir fruta por la mañana puede reducir el estrés oxidativo en sangre durante el día; la actividad física contribuye a mantener la matriz extracelular en mejor estado; y evitar el sobrepeso ayuda a conservar un metabolismo saludable, similar al observado en los centenarios”, concluyeron los autores.

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