2 de marzo de 2026
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Esposa de Nahuel Gallo y Alejandra Monteoliva esperan en Ezeiza la llegada del gendarme

Tras 448 días de incertidumbre, María Alexandera Gómez, esposa de Nahuel Gallo, arribó al Aeropuerto Internacional de Ezeiza para recibir al gendarme argentino. Minutos antes había llegado la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva.

Gómez llegó en un vehículo oficial pasadas las 2 de la madrugada, acompañada por su hijo Víctor, que podrá reencontrarse con su padre después de más de un año sin verlo; cuando se produjo la detención, el niño aún era un bebé.

La mujer comunicó la noticia de la liberación alrededor de las 19 horas del domingo. En sus redes sociales informó que había hablado con Nahuel y que él ya estaba en vuelo hacia Argentina, expresó la emoción de la familia y señaló que Víctor podría abrazar a su papá en pocas horas, agradeciendo a quienes los acompañaron durante este tiempo.

Monteoliva llegó al aeropuerto pocos minutos antes que la esposa para participar de la recepción del gendarme.

Según trascendidos, Gallo ya se encontraba sobrevolando territorio argentino. Durante el viaje vestía la camiseta de la Selección Argentina y compartió mates con los pilotos del avión encargado de su repatriación.

Así fue el secuestro de Nahuel Gallo

La desaparición forzada de Gallo ocurrió el 8 de diciembre de 2024, en un contexto en el que, según denuncias, el gobierno de Nicolás Maduro recurría a la toma de rehenes extranjeros como herramienta de presión internacional.

En ese momento, Gallo tenía 34 años y había ingresado desde Colombia por un paso fronterizo terrestre, cruzando el Puente Internacional Francisco de Paula Santander. Su destino era la región venezolana de Táchira, adonde se dirigía para visitar a su pareja y a su hijo.

Las autoridades venezolanas, entre ellas Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, pusieron en duda los motivos de su viaje y lo acusaron de espionaje sin presentar pruebas. Fue incomunicado y aislado, sin acceso público a un proceso judicial ni a asistencia legal o consular, y quedó detenido.

Desde la Gendarmería Nacional Argentina señalaron que Gallo estaba de licencia anual ordinaria autorizada por la institución y que su presencia en Venezuela no estaba vinculada a operaciones oficiales. Pese a esa aclaración, no se logró su liberación inmediata.

La pareja del gendarme, que luego debió ocultarse junto con su hijo por motivos de seguridad, reclamó su liberación y sostuvo que el viaje había sido únicamente unas vacaciones familiares.

Nahuel Gallo permaneció detenido en centros como Rodeo 1 y El Helicoide, que durante ese período funcionaron como lugares de detención bajo el control de figuras vinculadas al poder y al llamado Cártel de los Soles. En esos sitios, según diversas denuncias y testimonios, los rehenes fueron sometidos a torturas, amenazas y traslados destinados a quebrar su voluntad.

El Gobierno argentino exigió desde el inicio su liberación y presentó reclamos ante organismos internacionales como la ONU, la OEA y la Corte Penal Internacional.

La familia tuvo noticias del estado de Gallo gracias a testimonios de sobrevivientes, entre ellos el colombiano Iván Colmenares, que relataron que el gendarme resistía físicamente pero padecía aislamiento, tormentos psicológicos y amenazas de muerte en el marco del régimen.

Antes de su detención, Gallo llevaba una vida tranquila y trabajaba como gendarme en Uspallata, Mendoza. Era descrito por su entorno como una persona serena, disciplinada y cercana a sus afectos, especialmente a su hermana Daiana. Hasta este domingo permanecía en condición técnica de desaparecido en Venezuela, acusado de delitos que su familia y autoridades consideraron inexistentes —espionaje y un supuesto terrorismo— y utilizado como una pieza de negociación.

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