3 de marzo de 2026
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Conflicto en Oriente Medio y el petróleo para China

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Más de la mitad del petróleo que importa China procede de países que están sufriendo interrupciones comerciales por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, según un análisis de Politico basado en datos de la firma Kpler. Esa dependencia explica la creciente preocupación de Pekín por la escalada militar en el Golfo Pérsico y el cierre de facto del estrecho de Ormuz.

Irán fue el segundo proveedor de crudo de China en 2025, solo detrás de Arabia Saudita. Ese año, China recibió 520 millones de barriles iraníes, una cantidad que triplica las importaciones desde Venezuela.

En conjunto, Irán y Venezuela representaron el 17% de las compras de petróleo de China, que es el mayor importador mundial de crudo. China fue prácticamente el único comprador importante de ambos países, ambos sancionados por Washington.

En un lapso de dos meses, la administración de Donald Trump ha afectado a los dos grandes suministradores que tenían a China como cliente principal: primero con la operación contra el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela y ahora con los ataques relacionados con Irán. Cuando anunció la intervención contra Venezuela, Trump sí aludió al petróleo; en el anuncio sobre los ataques recientes no mencionó el crudo iraní.

Los datos de Kpler muestran la vulnerabilidad energética de China. En 2025 Arabia Saudita fue su mayor proveedor con 1,5 millones de barriles diarios, seguida por Irán con 1,4 millones; Rusia e Irak aportaron 1,2 millones cada uno, y Brasil entregó 893.300 barriles diarios. En total, más de 5 millones de barriles diarios importados por China en 2025 pasaron por el estrecho de Ormuz, procedentes de Irán, Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán.

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La evolución histórica muestra una tendencia preocupante para Pekín: la participación de Irán en la cesta de importaciones chinas subió del 6,7% en 2013 al 13,5% en 2025, con un máximo del 14,4% en 2024. La dependencia conjunta del Golfo —incluyendo los países que usan Ormuz— se mantuvo cerca del 50% de las importaciones totales durante la última década. Venezuela, por su parte, representó solo el 3,8% en 2025, lejos de su peso en la mitad de la década pasada.

Frente a esta exposición energética, Pekín reaccionó rápidamente. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, afirmó que China tomará las medidas necesarias para garantizar su seguridad energética y llamó a “todas las partes” a asegurar un suministro estable. Reiteró además la oposición de China al uso de la fuerza para vulnerar la soberanía y la seguridad de otros países, y el Ministerio había pedido ya el cese de las hostilidades señalando el impacto directo en los intereses estratégicos chinos.

Un riesgo clave es el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita gran parte del petróleo de la región y que está bajo influencia de Irán. En 2025, China obtuvo aproximadamente la mitad de su petróleo importado de seis países del Golfo que dependen del estrecho, incluidos Arabia Saudita, Irak y Emiratos Árabes Unidos. Aunque Arabia Saudita y Emiratos disponen de rutas terrestres alternativas, su capacidad es limitada; para Qatar, el paso por Ormuz es esencial y su producción de gas depende en buena medida de un yacimiento compartido con Irán.

Desde el inicio de los ataques, se detectó evasión del paso por Ormuz: la Guardia Revolucionaria iraní advirtió a los barcos y en el pasado ha atacado tanqueros. Las disrupciones también afectan otras rutas, con algunos buques redirigiendo sus travesías lejos del Canal de Suez y del estrecho de Bab el-Mandeb como medida de precaución.

Ante este panorama, la reacción más probable de China sería aumentar sus compras de petróleo ruso si el conflicto se prolonga unas semanas. Andon Pavlov, director de investigación sobre petróleo y buques tanque en Kpler, señaló a Politico que la opción más lógica para Pekín sería recurrir a más crudo ruso. Kpler indica además que China ya venía reduciendo sus importaciones iraníes a lo largo de 2026, sustituyéndolas por petróleo ruso antes de los combates recientes.

Los efectos se extienden más allá de China: India es el segundo mayor importador de petróleo iraní y de los países del Golfo, y varios países asiáticos más pequeños dependen en gran medida del crudo de la región. La competencia por ofertar por los barriles disponibles puede presionar al alza los precios en todo el continente.

En los mercados internacionales las repercusiones ya se hicieron visibles: el Brent abrió el domingo por la noche a 81,57 dólares por barril, un aumento del 12% respecto al cierre de la semana anterior. El martes seguía al alza por encima de 82 dólares, en su tercera jornada consecutiva de subidas; el lunes el Brent llegó a repuntar más de un 13% tras los ataques.

Las bolsas también mostraron impacto: las principales plazas europeas caían más del 2% el martes, y en Asia los descensos fueron más pronunciados: el Kospi de Corea del Sur, que importa mucha energía, retrocedió un 7,2% y el Nikkei de Tokio cedió un 3,1%.

Para mitigar el efecto en la oferta, los países de la OPEC+ anunciaron que aumentarán su producción en 206.000 barriles diarios a partir de abril, un incremento modesto liderado por Arabia Saudita y Rusia. Analistas advierten, sin embargo, que esa medida tendrá un alcance limitado si el conflicto se prolonga.

El profesor Jan Rosenow, experto en política energética de la Universidad de Oxford, resumió la situación: si la guerra termina en días, el impacto en los mercados será contenido; si se extiende, sus efectos llegarán a los precios minoristas de la energía en todo el mundo. El propio Trump reconoció que la operación podría durar “más de cinco semanas”.

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