4 de marzo de 2026
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Cómo la alimentación afecta el rendimiento logístico

Al hablar sobre la importancia de la alimentación, María Cecilia señala que “el rendimiento laboral, la energía y la capacidad de concentración se ven desbalanceados cuando las decisiones alimentarias no son las adecuadas”. En esta entrevista aborda la nutrigenética, la longevidad saludable y cómo las acciones cotidianas —sobre todo en entornos laborales demandantes— afectan nuestra energía, atención y calidad de vida.

¿Qué es la nutrigenética y por qué hoy tiene tanta relevancia?

La nutrigenética consiste en estudiar nuestro ADN y nuestras células para entender cómo interactúa la alimentación con nuestra genética. No es solo qué comemos, sino cómo lo que comemos influye en la expresión genética.

Actualmente sabemos que no todo en nuestros genes se expresa de forma fija. La epigenética muestra que factores como el entorno, la calidad del sueño, la gestión emocional y la relación con la comida modulan qué genes se activan o se silencian.

Esto implica que podemos influir en nuestra salud: reducir la expresión de rasgos perjudiciales y potenciar los beneficios a través de decisiones cotidianas.

¿Cómo evolucionó el concepto de nutrición en los últimos años?

Ha cambiado notablemente. Hace más de 25 años, cuando me gradué, la nutrición se asociaba principalmente al sobrepeso o a ciertas enfermedades puntuales.

Hoy la alimentación se considera una herramienta clave para aumentar tanto la expectativa de vida como su calidad. Se habla de nutrición aplicada a la longevidad, con la posibilidad de modular procesos relacionados con el envejecimiento y favorecer la expresión de genes beneficiosos.

De este modo, la nutrición dejó de ser únicamente control de peso y se convirtió en una estrategia de salud integral.

La longevidad saludable hoy es un concepto fuerte. ¿Qué implica realmente?

La esperanza de vida ha crecido significativamente en el último siglo, pero lo importante es la esperanza de vida saludable: no solo cuántos años vivimos, sino cuántos vivimos con buena salud. Aquí influyen la alimentación, el sueño, el ejercicio y la gestión emocional.

Vivir más años en buenas condiciones significa más tiempo activo, más calidad de vida y mayor autonomía. La longevidad saludable es una apuesta preventiva para construir bienestar a largo plazo.

La nutrición ganó protagonismo en el imaginario colectivo. ¿A qué lo atribuís?

Se debe a un mayor conocimiento y a la visibilidad del tema. Distintas especialidades médicas reconocen que la nutrición afecta todos los tejidos: lo que comemos sirve de materia prima para el cerebro, la piel, el sistema cardiovascular y el sistema inmunológico.

El reto actual no es tanto el acceso a la información, sino saber filtrar y atender la bioindividualidad. No todos respondemos igual a los mismos alimentos: hay intolerancias, sensibilidades y perfiles genéticos diversos. Por eso crecieron la nutrición funcional y la medicina personalizada.

¿Qué deberían tener en cuenta trabajadores con alta exigencia, como los del sector logístico?

Quienes trabajan con horarios desordenados, alto estrés y jornadas largas deben considerar que la comida es tanto materia prima como fuente de energía. No es un detalle: influye en el rendimiento y la seguridad.

Para mantener vitalidad, concentración y claridad mental es clave entender la relación entre alimentación y procesos cerebrales. Al comer se generan neurotransmisores como dopamina y serotonina, que afectan el estado de ánimo, el nivel de alerta y la motivación.

Cuando la dieta está dominada por ultraprocesados, snacks o comida rápida, esos productos impactan circuitos cerebrales y pueden alterar la regulación de neurotransmisores. Esto puede reducir la capacidad de decisión, aumentar la ansiedad y perjudicar funciones neurocognitivas. Incluso se habla de neuroinflamación asociada al consumo frecuente de alimentos diseñados para promover el consumo continuo.

Por eso el rendimiento laboral, la energía y la concentración se desequilibran cuando las elecciones alimentarias no son adecuadas. En puestos con alta exigencia y riesgo de errores operativos, la calidad de la alimentación pasa de ser un detalle a un factor decisivo del desempeño.

¿Qué cambios concretos pueden implementar en jornadas exigentes?

Primero: priorizar alimentos reales —frutas, verduras, proteínas frescas, grasas de calidad y frutos secos— y reducir ultraprocesados. Segundo: respetar los tiempos digestivos; si hay mucho estrés y cortisol elevado la digestión se ve afectada, por lo que a veces conviene esperar a un momento de calma para comer.

También es útil llevar opciones saludables para jornadas largas: frutos secos, huevos duros, yogur natural o frutas. Evitar depender del snack rápido. Mantenerse bien hidratado, sobre todo en turnos intensos o nocturnos, es fundamental.

¿Hay mitos sobre la alimentación que hoy deberían revisarse?

Sí. Por ejemplo, la idea de comer cada dos horas para mantener la glucosa estable. Ahora se sabe que picar constantemente, sobre todo con ultraprocesados, puede provocar mayores oscilaciones glucémicas, picos de insulina y mayor acumulación de grasa visceral, lo que aumenta la inflamación y el riesgo metabólico.

No se trata de comer todo el tiempo, sino de elegir mejor los alimentos y distinguir entre hambre real y otras señales como ansiedad o aburrimiento.

¿Cómo diferenciar hambre real de búsqueda emocional?

El hambre real suele calmarse con una comida completa que incluya proteínas, grasas saludables y verduras. En cambio, la búsqueda emocional suele manifestarse como antojos específicos de algo dulce o un snack concreto, ligados a la búsqueda de placer inmediato.

El placer al comer no es negativo, pero el problema aparece cuando la comida es la única estrategia para regular las emociones. La alimentación cumple funciones sociales y afectivas, pero no debería ser el único recurso emocional.

Si alguien quiere comenzar una transición hacia una alimentación saludable, ¿por dónde empieza?

El primer paso es la conciencia: realizar análisis de sangre y evaluar parámetros bioquímicos y composición corporal, incluida la masa muscular. El estrés crónico y el cortisol elevado, comunes en trabajos exigentes, reducen la masa muscular y favorecen la acumulación de grasa abdominal inflamatoria.

Luego, actuar según la bioindividualidad: identificar intolerancias o sensibilidades y adaptar la dieta a las necesidades personales. Planificar compras y comidas, reducir procesados y priorizar alimentos reales. El meal prep puede facilitar el cambio si las jornadas son largas.

Además, cuidar el sueño y mantener actividad física: sin sueño reparador no hay adecuada regulación hormonal ni metabólica, y el ejercicio contribuye al equilibrio general.

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