6 de marzo de 2026
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Vecino de Temperley en Israel: mi madre pide mensajes todo el día

Desde Tel Aviv, uno de los principales focos del conflicto, un hombre dialogó con El Diario Sur y describió cómo vive la situación. Vive en la parte más antigua de la ciudad y, aunque percibe una cierta tranquilidad en el ambiente, reconoce que la experiencia es difícil. Comentó que, en comparación con episodios anteriores —como un conflicto del año pasado que duró varias semanas y en el que se lanzaron numerosos misiles cada día— los bombardeos actuales no le parecen tan intensos, según le han relatado sus hermanos.

Recalca que, pese a la alarma que generan las noticias que llegan desde Argentina y la preocupación de familiares, el entorno local muestra calma. Para quienes habitan allí, este tipo de situaciones ya forma parte de la rutina y esa normalidad colectiva contribuye a que él mismo mantenga la calma. Contó que los primeros días muchas cosas estuvieron cerradas, pero que con el paso del tiempo algunos comercios volvieron a operar: hay restaurantes, kioscos e incluso peluquerías abiertos.

Su familia, en cambio, está muy alerta. Los parientes que siguen la situación desde la zona sur del conurbano bonaerense se preocupan constantemente; su madre le pide que le envíe mensajes todo el día. Él lleva un mes en Israel y se encuentra con una visa de turista. Explicó que cuando se desatan estos episodios suele cerrarse el espacio aéreo y limitarse el movimiento, aunque hasta el día anterior aún había vuelos. Aun así, no contempla regresar inmediatamente: considera que, a pesar de los ataques, no es el caos continuo de lanzar misiles las 24 horas en el lugar donde está.

Relató también una experiencia concreta con las alarmas y los refugios: un día sonó la alarma y se dirigieron a un refugio cercano a la playa, en una zona donde hay una importante instalación estadounidense. Cerca del refugio había un espacio donde repartían comida; el lugar subterráneo pudo albergar a unas cien personas y seguía recibiendo gente. Esa vivencia, según dijo, ejemplifica la capacidad de la sociedad local para coordinarse y mantener la calma ante las amenazas.

En síntesis, su testimonio combina una sensación personal de relativa tranquilidad con el reconocimiento del riesgo constante y el temor latente que sienten sus familiares lejos de allí. La vida cotidiana, aunque afectada, intenta recuperarse con negocios abiertos y sistemas de protección listos para activarse cuando suenan las alarmas.

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