A pocas horas del encuentro en Miami entre doce mandatarios latinoamericanos y el presidente Donald Trump, el canciller de Bolivia, Fernando Aramayo, habló en exclusiva con Infobae sobre las expectativas de su gobierno respecto a la reunión y el giro en la política exterior impulsado por el presidente Rodrigo Paz desde su llegada al poder.
-Hay expectativa por la reunión de este sábado entre Rodrigo Paz y Donald Trump. ¿Qué temas están en la agenda y qué resultados esperan de este encuentro?
-Se pueden distinguir dos dimensiones. Una regional: el proceso de reordenamiento político y geoeconómico que requiere una reflexión colectiva en América Latina. Otra bilateral: ampliar la relación Bolivia-Estados Unidos más allá del tema del narcotráfico hacia una agenda de comercio exterior, desarrollo, agricultura, tecnología, salud, seguridad, minería, combustibles, energía y vínculos geopolíticos. Esperamos participar en la mesa de decisiones y en debates sustantivos, con Bolivia involucrada activamente y no como espectador.
-Usted menciona una agenda bilateral y me gustaría consultarle sobre esto porque algunos analistas observan que Bolivia ha tenido gestos importantes en el acercamiento con Estados Unidos, pero que los beneficios por ahora no han sido tan claros. ¿Qué les respondería?
-Es necesario informarse sobre los avances concretos. La aceptación en la iniciativa del Millennium Challenge Corporation, las visitas de grupos empresariales y el restablecimiento de relaciones han generado confianza y condiciones favorables: reducción del riesgo país, acceso a espacios multilaterales y acuerdos operativos en seguridad y salud. Son resultados palpables que ya están teniendo efecto a corto plazo.
-Sin duda, el acercamiento con Estados Unidos es la muestra más significativa de la nueva política exterior boliviana. ¿Se han planteado algunas condiciones o lineamientos específicos para el restablecimiento de las relaciones?
-Hemos definido una ruta crítica tras la visita del subsecretario de Estado, Christopher Landau. Se instaló un mecanismo de coordinación entre la Cancillería y la Embajada de Estados Unidos en Bolivia que se reúne con frecuencia y articula una hoja de trabajo con otros ministerios. Además, los acuerdos económicos han activado contactos empresariales; en adelante trabajaremos de forma específica en una alianza entre ambos países que también beneficie a la región.
-¿Hubo algún lineamiento en cuanto a la política exterior boliviana?
-No: la política exterior es una decisión soberana del gobierno y del Estado boliviano, sin tutela de otros países.
-Queda pendiente la designación de embajadores en La Paz y Washington, ¿para cuándo se la tiene prevista?
-La intención es que esas designaciones se concreten en 2026; debemos despejar ciertos procesos y queremos que la designación tenga un carácter histórico.
-También hubo un acercamiento relevante con Israel. ¿Qué lo ha motivado?
-La decisión responde a que no es razonable interrumpir relaciones por posturas ideológicas inconsistentes. Restaurar vínculos que se habían cortado busca recuperar oportunidades para el país y demostrar seriedad y confianza en la política exterior, con un enfoque pragmático que mantiene principios y valores.
-En el contexto global actual, ¿qué va a pasar con la relación con Irán y con los proyectos de cooperación en el país?
-Desde la Cancillería comunicamos la no vigencia ni continuidad de esos acuerdos; la medida se adoptó de forma rápida e inmediata.
-¿Las relaciones se mantienen a nivel diplomático?
-Sostendremos el diálogo con todos los actores necesarios. Dialogar no implica necesariamente suscribir acuerdos o compartir posturas; el diálogo es importante, sobre todo cuando hay connacionales en el exterior que requieren atención.
-Tras asumir el Gobierno, el presidente Paz mencionó que se iban a mantener las relaciones con los países con los que compartían principios democráticos. En ese sentido, ¿se va a asumir una postura diferente a la que se tiene actualmente con, por ejemplo, Venezuela, Cuba o Nicaragua?
-Con Venezuela observamos una recuperación de su trayectoria para restituir la institucionalidad democrática, y respetamos ese proceso. Con Nicaragua y Cuba mantenemos un diálogo necesario, en parte por la presencia de ciudadanos bolivianos en esos países y la obligación de prestarles apoyo.
-Otro asunto pendiente es la designación de embajadores y del cuerpo consular. ¿Qué plazo se han puesto?
-Estamos reestructurando para determinar dónde realmente se necesita representación consular y diplomática. No se trata de repartir cargos como en el pasado; buscamos profesionales con perfiles adecuados que aporten desde la política exterior a la dinamización económica. En algunos casos será necesaria una misión diplomática completa y en otros solo representación consular.
-Hay quienes consideran que uno de los grandes desafíos, fuera de la coyuntura, es devolver la institucionalidad a la Cancillería. Cuando usted menciona que buscan los perfiles adecuados, ¿quiere decir que se van a designar diplomáticos de carrera para los puestos clave?
-No queremos seguir una linealidad estricta. La Academia Diplomática requiere actualización y mayor respeto; por eso combinaremos el personal diplomático formado con nuevos perfiles que aporten miradas distintas y las improntas necesarias para la política exterior actual.
-Para finalizar, ¿cómo definiría esta etapa de la política exterior boliviana?
-Es un momento de superar el aislamiento: la población percibe la necesidad de recuperar el futuro y avanzar hacia una nueva etapa de crecimiento y desarrollo.

